miércoles, 30 de diciembre de 2015

SIN NICOLAS

Se perdió Nicolás en estas pascuas
dejando este país a la deriva
los que esperan por él se hallan en ascuas
víctimas de tamaña lavativa

Dicen que son urgentes las medidas
y que bueno es quien cumple si promete
que bien se sabe ya, no es el rey Midas
pero lo que ha dejado no es juguete

Se corren muchas bolas, radio bemba,
Twitter, Facebook, no hay ya quien los detenga
y en TV no hay ningún canal sereno

Sólo una periodista filtró un dato
de los que cree siempre algún pajuato:
"Un caucho se espichó a Rodolfo el reno"


lunes, 28 de diciembre de 2015

Las Redes Sociales y el miedo a la libertad

"Mientras tememos conscientemente no ser amados,
el temor real, aunque habitualmente inconsciente, es el de amar". Erich Fromm.

Los foros virtuales, Facebook, Twitter, Instagram, entre otros, además de aquello que signifiquen para usted en lo particular, son factores de temor para quienes sienten recelos por la libre expresión y/o gustan de canales de opinión de baja efervescencia comunicacional, acaso por representar potencialidades de impacto más equilibrado, menos agresivo en el rebote, si observamos lo común en los controles de la mediática comunicacional -previa a Internet, pero aún marchando en simultaneidad con éste-, en los que el prejuicio esté instalado, coadyuvando a que las confrontaciones o simples comentarios, se sujeten a consideraciones determinadas por la línea editorial.

Las redes sociales, son en efecto, una descarnada profusión de palabras e imágenes que no discrimina al usuario casi bajo ningún criterio de categorización, descontando excepciones aisladas, que extienden alguna advertencia para contenidos que a la luz de los propios responsables de aquello que se difunde, pudieren herir la sensibilidad de, o resultar perjudicial a, quien pulse las teclas que otorguen la correspondiente permisividad.

Trazando bosquejos de por qué surge el factor temor, o miedo a la libertad (Fromm), en medio del remolino de voces, fotografías, videos, que se proyectan a través de las pantallas de cualquier objeto "integrado", y habilitado por configuración para interactuar en los contextos de la vanguardia tecno-satelital vinculada a la comunicación audiovisual, podemos destacar como uno de los principales detonantes, entre otros, a evidentes atavismos de carácter fascista, expresado en la aversión anti-red, que hoy comienza a manifestarse, como algo más que un balbuceo, desde algunos flancos de opinión, que sin dudas preferirían una dimensión comunicacional concentrada discretamente en parcelas públicas, incluso susceptibles de censura, donde fuese necesario hablar según las normativas de aquella abortada ley -a Dios gracias-, que borroneó en su momento una magistrada de renombre, y que entendimos, circunscribía las posibilidades de opinar, tan sólo a personas acreditadas en el tema específico a tratar; sin salirse en ningún momento de los límites establecidos por las sanciones inmanentes a dicha ley, que hasta contemplaba encarcelamientos de varios años; un "¿Por qué no te callas, Venezuela?", similar al que espetó al ex presidente marxista que tuvimos, Juan Carlos, rey de España.

Quisiera omitir la cita que me impulsó a desarrollar precisamente este material para mi blog pablojfierroc.blogspot.com, pero dada la elocuencia y lo inteligible del fragmento de Marisol Pradas, consuetudinaria columnista del diario Notitarde -que muchos de ustedes habrán leído hoy domingo-, no veo mejor puente para redondear el meollo sin evasiones laberínticas o insustanciales regodeos:

"El ego del ser humano ha encontrado su dimensión exacta en las redes sociales: allí todo el mundo se cree capaz de contribuir a las decisiones más importantes y creen por demás que la opinión allí expresada destaca por encima de muchas -puesto que son visibles-; si son amadas o repudiadas al final todo parece igual dentro de ese gran mazacote intempestivo, en las que resalta mucho más la miseria humana que la alegría de sabernos un poco más creciditos como humanidad".

No es esta periodista, la única persona de algún relieve público en la que se puede observar reticencia a las redes; anteponiendo en este caso, la necesidad de mantener nuestras vergüenzas humanas bajo la alfombra, y no en la superficie de la sala, a la vista de propios y extraños; y tal fóbica propensión puede ser considerada bajo una óptica condescendiente desde nuestro ser "generoso", que otorga a cada ciudadano del mundo, la potestad de tener escrúpulos de acuerdo a su propia medida; creo que representamos una gran mayoría aquellos que preferimos toparnos con el borracho y no con el vómito, con el bebé sonriente y no con el pañal; aunque a veces programas como "Guerra de sexos" en los que el divertimento consiste en ver a la gente en contacto con animales o sustancias repulsivas, y algunos talk show leguleyescos mueven seriamente a la duda.

Ser twitteros o teclear duro en Facebook adolece a saber, leyendo a Pradas,  de la condición para ella imprescindible, de comunicar para ser amados, aprobados, aplaudidos o cuando menos para no recibir el inmediato feed back que no es posible elaborar, sentado un domingo, sereno, leyendo lo que ofrece el menú habitualmente, si a la sarta demoníaca de programadores de software, no se les hubiese ocurrido reunirnos de "tú a tú" con cuanto ser despojado del factor temor, pulule en el maremagnum tecnológico de los nuevos tiempos, la gigantesca atarraya, donde "de mosquito p'arriba es cacería".

Si Pradas desglosa el mencionado resentimiento: "allí todo el mundo se cree capaz de contribuir a las decisiones más importantes y creen por demás que la opinión allí expresada destaca por encima de muchas", interpretamos un asombroso anhelo de exclusivizar la palabra; un "'chavezcandanga' dixit" inobjetable; un twitteo de salutación navideña por parte del actual Presidente, al que sólo le pudiera contestar un selecto grupo de usuarios previamente auditados, nada más que para evitar pesadas sensaciones de desprecio a la magna investidura. 

El cruce de palabras entre familiares distantes; las tertulias especializadas donde cualquier diseñador gráfico neófito puede consultar una inquietud a Santiago Pol, o éste aclararla; Carlos Cruz Diez, Juvenal Ravelo, María Corina Machado, José Joaquín Burgos, Lilian Tintori, Bill Gates la hija de Simón Díaz; Fruto Vivas, Capriles, los banqueros, los hijos de vecino, y más, como seres desprendidos de la distancia o la soledad porque pueden enviar privados y chatear con quienes permitan la reciprocidad; unos en algún lugar de Chejendé, y otros en la conchinchina.

"Esos monos somos nosotros" dice Harry Haller, peculiar personaje delineado por el alemán Hermann Hesse en "El lobo estepario", un clásico de la literatura universal, donde se ofrece una intríngulis específica que no comentaremos aquí; pero las redes sociales, esa posibilidad maravillosa, democrática, beligerante, participativa, protagónica, entre muchas otras cosas, es también -obviando lo anterior- para la columnista Pradas "un mazacote intempestivo".

Bien, estimada, ese mazacote, somos nosotros.









domingo, 20 de diciembre de 2015

Alfaro Ucero en un lugar de la mancha


El nuevo diagrama político proyectado para el punto cíclico que abrimos luego del triunfo electoral de la unidad democrática, nos acerca al país nuestro, con una convicción más razonable, respecto a la idea de que habitamos un contexto patrio, republicano, y/o geográfico, incluso, más real; o visto en contraposición: menos comiquita, pandemonium bizarro, surrealismo mágico.

El patrimonio "pata en el suelo", o dominante porcentaje de pobreza, siempre por encima de la media, ya no es para honor de las certezas anheladas en aras del buen juicio, un bloque de fanáticos apelmazados en la balanza; una plataforma de incondicionales extendida bajo un discurso, a lo largo de largas avenidas donde rebosan en la óptica de binoculares henchidos como cerdos americanos, por el gozo de no atraparlas enteras; por la lujuria de que en un punto se diluyan, se difuminen como hormigas. cada vez más diminutas, y en definitiva se esfumen, desaparezcan en la reverberación soleada de la distancia; por el solaz de hallarse circunscritos por fuerza de multitudinario apoyo, a escenarios felices de comodidad; sentirse atornillado en el poder por una mano descomunal, fuerte, definitiva.

El lugarcomún de la desacralización, requerida porque nos hallamos de pronto, mortales, hijos o nietos de María pueblo, de Juan el del barrio, o de Pedrito de los Palotes; afectados de intelectualidad por rabiosa lectura, pero víctimas "gracias a Dios" de aquello que nos mancha el paltó, en ocasiones, con el estigma de la exigua gnosis frente a la inconmensurable cosmogonía de la estrategia divina, providencial; el platanazo por altura, sin paracaídas u otros artilugios de protección; que no puede desfigurar un gesto soberbio, un misil argumentativo de subestimación; y menos aún, un revanchismo perverso de muchachito malcriado, que ni el pollo ronco aquel de "devuélveme mis peroles": como quisiste cambiar tu terrible situación, "devuélveme mis peroles, devuélveme mi reloj, devuélveme aquella foto donde salimos los dos" (Serenata).

Parece una indefectible condición, un distintivo constante en las derrotas, el pataleo de ahogado; la supresión gentil de la respuesta humilde cuando la suerte o la lógica nos son adversas, y carecemos por supuesto, de hidalguía, del guáramo gallardo por parte de nuestro ser excelso; cuánta falta hace, en ocasiones, en quienes llamaron por las paredes ennegrecidas de aerosoles, a defender el legado del supremo, el llamado humilde pero noble, a "deponer las armas, por ahora, porque los objetivos no fueron logrados", frente al dedo en el cuello de Oblitas, y la declaración firme de Lucena, la irreversibilidad del 6D; gracias a la cual una amplia mayoría amaneció de democracia en la Asamblea, y se materializó en parte el sueño que forjó el pueblo para que el país empiece a ser de todos; y nos sentimos, en alfaroucereana embriaguez, guapos y apoyados por todo el cañón, para celebrar la robustez de las posibilidades que resurgieron, bien apadrinadas, en estas recientes votaciones.

Querido Sancho, los perros siempre ladrarán en algún lugar de la mancha, porque hueso de costilla asada es muy sabroso cuando no hay nadie que lo arrebate, sobre todo si el arrebatón viene refrendado, como reivindicación venturosa de navidad en víspera, por altas jerarquías militares, honrando una institución que nunca debe abstraerse de su prosapia heroica, valiente, bolivariana.

No obstante, también se quiere pasar como lugarcomún la vertical intervención del General Vladimir Padrino López, de acuerdo a las versiones que lo involucran en anécdotas sobre la jornada electoral, para que el resultado que surgió en la mesa rectoral fuese respetado; "deber ser" que no debe constituir sino una regla a defender en todo momento a capa y espada, sin atender a demandas de los privilegios que se exponen, a bosal de arepa, prebendas u otros.

Nada más natural que el baile zumbaíto de Allup, feliz por los resultados, la euforia de Lilian Tintori y otros líderes; las expectativas, también, de quienes determinarán el rumbo que asuman los nuevos diputados, con las tensiones a manifestarse de cara a la selección del presidente de la Asamblea, u otros eventos donde los acuerdos no vienen dados por un sabelotodo individualista y megalómano al que nadie puede proponer un argumento diferente.

Más allá de lo que de éxito se pueda augurar a Borges, Torrealba, María Corina, Leopoldo, Capriles, Mitzi, Ledezma, y todos los que se fajaron por los sueños para llevar adelante esta esperanza; más allá del triunfo que se le pretende esquilmar mezquinamente al pueblo que votó por un cambio, envío desde aquí -independientemente de que esté saludando un deber cumplido-, mi humilde orgullo "venezolanista", patrio; mi satisfacción civil, por el gran desempeño que nos ha brindado el glorioso Ejército Nacional, las Fuerzas Armadas Nacionales.

Ninguna persona es perfecta, y por tanto ninguna institución, pero hay en cada uno como individuo, o como parte de colectivos, ciertas facetas de perfección, y es el momento en que hacemos lo correcto; cuando sin que nos tiemble el pulso, dejamos de lado la gama de oportunidades que nos invitan a decidir de acuerdo a intereses personalistas, y optamos, elevándonos espiritualmente, por darle valor al libro de nosotros todos, hermanados por deberes y derechos de justicia: la Constitución Nacional de la Republica Bolivariana de Venezuela.


















lunes, 7 de diciembre de 2015

Epílogo winstoniano

Un compungido Presidente Nicolás Maduro, afrontó la derrota 6D, aceptándola, por un lado, y atribuyéndola a la “guerra económica”, a fin de esgrimir ante el país, una  variable con fuerza para interpretar el reciente hecho político, desde las filas que representa –digamos, sectariamente, porque un presidente es para tod@s-, tal vez como recurso de consolación al remanente de parciales, a quienes sin dudas debe pesarles hoy la derrota, pero que ya pudieran tener el cuero curtido por lo adverso, con un líder máximo, supremo, ido ya hace un buen rato, como cualquier mortal de tiempo choreto o desajustado de alguna manera, y no preciso, perfecto como el de Dios.

Perder la Asamblea, no puede ser equiparable a ver desvanecerse en la corriente histórica, a quien se embolsilló la lucha sempiterna del chiripero que forjó la izquierda en Venezuela, el juramento del Samán de Güere, el PSUV, la “bicha”, y otros factores políticos y/o institucionales, en un personalismo confeso, bajo la convicción de que pasaría mucho tiempo antes de que alguna de las piezas que utilizaba en el tren ejecutivo u otros, pudieran tener la talla caudillista, que él –del linaje de Maisanta-, ostentaba; “por ahora” todos ellos servirían para que alguien llevara sobre sus hombros los pertrechos de las malas políticas; las culpas no pueden ser espectros apátridas en pena; alguien debe arrear con ellas, asumirlas, otorgarles propiedad.

De ese fuelle estertorero hablamos, de ese débil pundonor que permite balbucear cualquier aventura semántica sin resuello, anclado en la claridad de una dicción post derrota, aún inteligible, al momento en que definimos el par de palabras que titulan
 lo presente.

Noticierodigital nos dio la pauta, al traer un parafraseo doliente –así lo percibimos-, en boca de Winston Vallenilla, procurando en la nostalgia corporizar la humanidad de aquello que no se hizo sangre, ni voz, ni nada en los afiches publicitarios, en los avisos de prensa, en las vallas, u otros, como último recurso para avivar la indiferencia soberana, cansada de desabastecimiento, de colas, de sin luz, sin agua, sin esperanza: “Por ahora los objetivos no fueron logrados”.

 

El cambio que refleja este hito en el devenir político en que vamos inmersos, no pudo ser detenido por el rostro sonriente de Chávez, por doquier, como evidente testimonio, de que “por aquellos montes lejos”, como él solía cantar a su camarada Acosta Carlez, todavía algún vaho de figuras lejanas en la memoria, proyectaba la certeza, de que el controversial personaje tenía razón, y se la daban de forma taxativa los propios “no somos nada” que hoy amanecen disminuidos en el mapa pintado casi todo de azul.

 

Porque los herederos del chavismo y sus hechos, prefirieron dejar en el recuerdo de quien los consideró incapaces de llevar adelante un buen proyecto de país, todo argumento razonable, toda exposición lógica de los aportes sin aquel, en una subestimación propia que tenía obviamente que resultarles contraria.

 

No puede ser otro, el perdedor de esta jornada, que el propio Chávez, porque las consignas que exaltaban el ánimo de un pueblo por mucho tiempo fiel –al caudillo-, se aferraron siempre a paradigmas determinantes, como aquel según el cual “Con Chávez manda el pueblo”, y Chávez ya no estaba; o el otro que afirmaba: “Con Chávez todo, sin Chávez nada”; y quien llevaba ahora la voz cantante en el balcón del pueblo, era un minusválido de liderazgo, un discapacitado intelectual, sin Chávez; un huérfano de brújula, de acimut.

 

Alguien que según sus propias palabras, no pudo revertir una derrota en la “guerra económica”, desde el Poder con todo, con medios, con petróleo, con dinero, con países aliados, con préstamos de China, con habilitantes, con ideologías utópicas, y sobre todo con pueblo; pueblo bachaquero de compra y venta, pueblo de colas, de tiempo perdido, de presión OLP; pueblo deportado; pueblo mermado en su aparato productivo, en su maíz materia prima, en su harina procesada, blanca, para mandoquitas, empanaditas, arepitas dulces u otr@s.

 

El “por ahora” del líder máximo del chavismo, hoy alicaído pero abrigando una nueva esperanza en sus bases pueblo, golpeadas, estimuló en proporciones agigantadas el estado apagado de un pueblo venezolano mordiendo polvos diarios en el paisaje puntofijista postrero; iluminó su faz; insufló oxígeno para abombar los comprimidos pulmones ya precarios; pero el endiosamiento que a sí mismos se otorgaron, con la osadía de segregar anticonstitucionalmente a sus propios congéneres, al parecer con revanchismo, llamándolos escuálidos o tratándolos como venezolanos de baja categoría, fue transformando aquel huracán de aliento y arcoíris con bálsamo de pueblo, en un proceso real para el complejo mundo nacional, con anticuerpos “no come cova” de vertical dignidad.

 

Hasta llegar al insoportable llegadero, bosquejado en el país que tenemos; delineando el surgimiento, auge y caída de un ciclo de expectativa sobre lo que pudo ser y no fue; al epílogo winstoniano susurrando un “por ahora” bucólico, parado en la surraspa de patria que nos dejan los trapos rojos en la arena de la circunstancial derrota, luego del otro, genésico, primigenio, auspicioso, de un arañerito llanero, sin aureola ni unción “patria o muerte” de sacra nombradía.

 

Hoy pudiera leerse en la irreversible victoria de la Unidad, en la manito ganada, una tabla rasa que nos catapulte juntos al futuro; con el no somos dos bandos necesario templándonos las orejas a cada tentación separatista; con el oído al tambor constitucional abriéndonos los brazos amorosos a la Justicia, sin tiranía, como soñó nuestro sempiterno Simón.

 

De aquí en adelante no queda más nada qué decir; sino entender que las cosas deben cambiar no para que todo siga gatopardianamente igual, como decía el cuento aquel, sino para que cambien. Pa’trás espantan.




miércoles, 14 de octubre de 2015

Tyszka y la absolución de la historia


Pasada la fecha conmemorativa del día en que Colón llegó a nuestras tierras, volvemos a encontrarnos con la escritura del columnista dominical del Diario El Nacional, Alberto Barrera Tyszka, quien en medio de cierto “mea culpa” por haber firmado una salutación de recibimiento a Fidel Castro, de visita a Venezuela para la “coronación” –así la referimos-, de Carlos Andrés Pérez, presto a comenzar su segundo periodo presidencial, aborda la reciente reunión en La Habana, del Papa Francisco, y Fidel Castro, de reconocida inmersión en la humareda de un pertinaz ateísmo.

Se dice de Castro, que no profesa fe en un Jesucristo Salvador y Redentor, sino hombre; un ser humano más (embaucador, bajo ésa óptica, si se llamó a sí mismo Hjo de Dios y Mesías)-, pero que habría mostrado ciertos valores de carácter social, a los que el prominente personaje insular admira.

Afirma Tyszka sin remilgos: “Cuando el Papa Francisco se tomó la foto con Fidel Castro, la Iglesia católica estaba legitimando a un gobierno que lleva más de 50 años en el poder”.

Tal convicción permite suponer, al adolecer de argumentos concomitantes de apoyo, que la misma frente a un espejo, luce la faz doctrinaria de la precariedad en modo repotenciado.

Y de allí surgen estímulos para aventurar caracterizaciones que pintan al columnista, con aceites de izquierdismo, de genética antimperialista, de una dimensión comunistoide, como foco de apreciación integral, del que no escapan las pisadas sobre prados sacrosantos; no es nada ofensivo, certificamos el fajo de palabras con foto arriba y a la derecha, en la página 7  del cuerpo de Cultura del periódico que fecundó Miguel Otero Silva.

No es la primera vez que un Papa se religa con gérmenes vitales del conflicto coyuntural en estudio, como podemos precisar, al poner de revés el conteo del tiempo, y detenernos en una foto gris con Juan Pablo II amonestando al poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal, en el año 1983.

Cardenal, genuflexo, en señal de humildad y respeto, era increpado por el líder eclesiástico, que debía tener en su órbita de formalidades la seguridad de que esos senderos, abrazados también por Camilo Cienfuegos, en cuerpo y arma, eran antítesis cristiana de “No es con espada ni con ejército, sino con el Santo Espíritu de Dios”.

No puedo opinar sobre Tyszka, a quien leo por observar en sus líneas una voz de ostensible rango poético, madurez analítica u otros, con un criterio que pueda condenarlo o absolverlo, sujetando en mis manos lo que dice y/o lo que hizo, a fin de que secunde al personaje de Demi Moore en “La letra escarlata”, encadenado a un pesado estigma, y deambulando como espanto en una ciudad hostil, o que desemboque nominalmente en un rincón sombrío de móvil “Vergatario” –los baratones de Chávez-, relacionado como “Lista negra”; evocación fatídica de salvajismos sociales que creíamos ya inexistentes, y muy bien descritos en Mene, el ítem patrimonial de esa literatura modernista de la que pudimos las generaciones posteriores, divisar arcaicas panorámicas de interés primordial para edificarnos contra la barbarie.

Pero él resiente un fardo sobre sus espaldas, un recio bacalao de remedio para la tos, susurrándole infiernos por haber creído a los 28 años “que un  remitido puede cambiar al mundo” –con un puntofijismo en picada  y carcomido de corrupción, complemento yo, visualizando atenuantes-; en realidad ignoro si la historia lo absolverá.

Desde mi pasión escudriñadora de las sagradas escrituras, y alguna faceta personal de apego religioso, me atrevo a recomendarle, sintiéndome comprometido en un encargo celestial, que “se cuide de la levadura de los fariseos”

Todos queremos –y hacemos aportes para ello-, que Venezuela salga del atolladero en que estamos, por caminos democráticos, pero estoy seguro por fe cristiana, que la mejor estrategia no es exorcizando demonios en forma de fallida selectividad, como sugiere Tyszka con esa dosis de jocosidad que siempre es grato conseguir al leerlo: “¡Manuel (Rosales), no! ¡Por favor! ¡No regreses! ¡No nos hagas ese daño!”… porque pudiera aprovecharse el papel, tan escaso cuando uno más quiere expresar, en añorar convocatorias de urgencias más heroicas, apostadas “aquí mismito”, como solemos decir, “a la vuelta de la esquina”.

Los Fariseos fueron una casta religiosa que acosó a Cristo con saña; respecto a la cual el Mesías Redentor, no tuvo impedimentos para enrostrarle asqueado, si se quiere, sus impertinencias; “Hipócritas”, les decía.

Las más elementales nociones de cristianismo revelan que Cristo “no vino a sanar a los sanos, sino a los enfermos”, y que la curruña o arrejunte, la amistad, entre un cristiano y un pecador, es lo más natural que puede haber en este mundo; no para que la oscuridad contamine a la luz, sino al revés. Los fariseos detestaban que Cristo anduviese con publicanos y pecadores, porque aquellos se creían la última Cocacola, los impolutos, sin ser así.

No hay nada que pueda mover más al jolgorio, al son y la pachanga, que la mamá de las lámparas –en rango humano-, arribando a “la más profunda oscuridad”; lo que supone la presencia del Papa Francisco en Cuba, al lado de los hermanos Castro y el pueblo antillano.


El problema es si en realidad Bergoglio está transmitiendo en su mensaje allá, una palabra ungida de refinada espiritualidad; porque hay rumores en las redes sociales, por ejemplo, que le atribuyen frases difíciles de procesar como pertinentes por quienes creemos con La Biblia, que “Cristo es el mismo ayer, hoy y mañana”, como eso de que “los ateos se nos han unido”; una evidente incompatibilidad ideológica que echa por tierra la herencia crística de mayor estima que se pueda concebir terrenalmente: “Tanto amó Dios al mundo, que dio a su hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”.

domingo, 4 de octubre de 2015

María Corina Machado ¿Otra cara bonita?

Los sucesos externos en general son tan inconexos, que no hay poder intelectual –cree uno-, capaz de desarrollar una sucinta labor compiladora, donde todo quede apelmazado en la forma, por ejemplo, en que funcionan los motores de búsqueda de páginas web como Google, Yahoo u otros, bajo un esquema en que con sólo escribir las palabras clave correspondientes, accedemos al grupo de ellas, análogo o directamente al enlace que contiene lo que buscamos.

Esta deficiencia humana, especialmente patética en “gente como uno” (R. Redford), que adolece de las técnicas idóneas para hacer determinados seguimientos de carácter público-noticioso, propios de quienes ostentan credencial periodística –o similares-, impide que podamos tener una visión global, exacta, sobre lo que habilitemos como objeto de estudio, y obliga a encaminarse siempre sobre líneas de incertidumbre, si nuestro interés se orienta a emitir opiniones, o dilucidar  acerca de cualquier tópico que escojamos, sobre todo si el mismo ofrece profunda complejidad de concepto o larga data cronológica, o cualquier otra posibilidad.

Hablar en mi caso de María Corina Machado, tiene estrecha vinculación con lo que acabo de dejar garrapateado en los párrafos anteriores; uno puede exaltar alguna postura política por razones de firmeza de carácter al momento de abordar una situación que encarna cierto riesgo, incluso, o básicamente de tipo “físico”; elogiar determinadas capacidades en el ámbito organizativo; formación en el área de “liderazgo”; tenacidad; sensibilidad; sentido de coherencia y refinación semántica al comunicar, entre otras cosas, pero se ve siempre, dado el alud de datos informativos que se precipita por donde quiera que se sintonice información, a no comprometerse en respaldo, solidaridad automática, apoyo de cualquier tipo, hasta que algún evento coyuntural –como pudieran ser las elecciones del 6 diciembre-, no encajone de tal modo la vía, que uno se vea en la encrucijada del “sí o no”, en la etapa de “penalty”, sin más allá.

Contrasta desde una cara bonita que a mi juicio no se cimienta en el prototipo estético, estrictamente material, sino en algo del alma, con una visión superficial del “hacer país”, ya escuchado en etapas que se van olvidando, en boca de Julio Borges, con una convocatoria a enamorar electores (chavistas, si mal no recuerdo), y ahora con la englobada palabra de Wladimir Villegas, entrevistando a una hija del conocido músico venezolano Chucho Sanoja: “¿Cómo vas a enamorar a los votantes?” –algo así-.

A María Corina Machado –piensa uno al verla en una foto con moretones en los pómulos y sangre en la nariz-, le han querido desfigurar su talante democrático; quiero decir, su empeño por defender desde el ser que la integra, la libertad de decir, de hacer honor a quienes le sembraron la vida, de “Generación del 28”, de “Por ti la flor en las bardas y la rosa de Martí”, de Bolívar, y de Constitución Nacional.

Hay quienes piensan que el camino abonado por “’papá’ Chávez” –que en paz descanse-, está nutrido de exclusión; cuando el extinto ex presidente, en sus discursos pedagógicos relativos a la difusión de “polis” –heredad griega-, no dejó de remachar, haciendo honor a una licenciatura en Ciencias Políticas, que la política es inmanente al ser social; como un brazo o el aire para el policía, el cartero, el lechero, el peluquero… -dijera “Viva la gente”.

En la entrevista de Villegas, escuchamos a su contraparte, en palpable contradicción con la ortodoxia paternal, afirmar fehacientemente que los empresarios no deben abrazar aspiraciones políticas; empujando una definición del tipo ”o chicha o limonada”, que uno no puede atribuirle sino al lógico neofitismo que dicha aspirante a diputado sobrelleva; le extrañó incluso la frase “Constitución Nacional” con la que el moderador concluyó una pregunta: “¿Qué?” dijo; Villegas repitió “Constitución Nacional”; faltó que rematara, la invitada, enarbolando la expresión a la que Luis Miquilena catapultó a la historia en algún contexto pasado: “¿Con qué se come eso?”.

Frente a María Corina Machado, suponemos, de acuerdo al flujo comunicacional que captamos eventualmente, que no contemplamos un liderazgo afanado en afianzarse tan sólo en las energías emotivas que suele proyectar un rostro interesante, una sonrisa u “otra cara bonita”; entendemos que el líder de la atribulada Venezuela de hoy, no puede salir únicamente a enamorar electores por vía de la empatía formal.

Un mal gesto, la actitud distante, u otros, no facilitan la obtención de dividendos electorales; pero en un país por el piso desde el punto de vista económico, debido además a la falta de preparación empresarial que han demostrado nuestros dirigentes, ajenos al manejo orgánico de toda la sistémica que ha implementado por ejemplo Eugenio Mendoza, y que mantienen inactivas o con baja productividad a una considerable cantidad de medios estatales de producción, lo que se impone es precisamente que cada uno de los venezolanos, junto a lo que hacen por subsistir, su actividad profesional, su arte, o sus responsabilidades estudiantiles, u otros, asuma sin complejos su ciudadanía política, su apego constitucional, en pro de aquello en lo que cree; porque es esa la razón por la que a esta República, que antes se llamaba “Venezuela” –a secas-, se le hizo el agregado de “Bolivariana”; porque eso somos (aunque ya estaba sobreentendido); una generación que nació de Bomboná, Pichincha, Junín, Ayacucho; el Discurso de Angostura, la Carta de Jamaica, el Delirio sobre el Chimborazo.

Bolívar no nos soñó como constructos abstractos inmersos en el ajetreo cotidiano por la “polis”; muy por el contrario, hacemos “ciudad”, por él; nuestra impostura racional ciudadana, viene de meterse en y afrontar dificultades que no a todos o todas resultaban confortables.

miércoles, 5 de agosto de 2015

GRACIAS A PAMBELÉ POR LOS FAVORES CONCEDIDOS


Dulce, una joven madre de la urbanización Los Azulejos, necesita leche, y no en poca cantidad, porque su hijo, y el de una de sus hermanas, la consumen con frecuencia.

A Leandro Goitía le dicen Pambelé; y es lo que pudiera llamarse un chamo de diecinueve años que se rebusca: limpia jardines, pega bloques, pinta casas, destapa cañerías, y mucho más; de vainita y no voltea fluxes...

Dulce Espinela, la chica aún con buena estampa, de la que hablábamos al principio, es asistente de administración en una importante empresa importadora de productos para la industria; trabaja ahí a tiempo completo, pero trata de cumplir con sus deberes generales lo mejor que puede; sale casi siempre del trabajo a la hora exacta, y busca en su carro las mejores vías para evadir colas y no dejar sus rutinas al azar.

Leandro Goitía (Pambelé), se ha convertido en un gran apoyo para ella, porque hasta le ha devuelto fajos de dinero dejados en la guantera en ocasiones en que debió ponerle el carro chulito, con manguera, cepillo, esponja, detergente, desinfectante y pulitura.

Atamaica Rebolledo le pasó un dato a Dulce Espinela:

-¿Sabes dónde puedes conseguir leche en  buena cantidad y a buen precio?

-¿Dónde catira hermosa?

Y Atamaica soltó la sin hueso, con toda la buena fe y amistad que le inspira su vecina de años.

Dulce activó para sí una ecuación aritmética: "Nada, Pambelé".

Sí, porque cómo hace ella para romper su rutina tan ajustada evitando que esto le cause algún perjuicio; ahí está el chamo pa'lante Pambelé que no la deja morir.

Este tuvo que levantarse tempranito uno de esos días -porque ya a las siete, ocho, el tesoro que señaló Atamaica brilla por su ausencia-, saltó de la cama, pegó unos brinquitos, hizo calistenias, se echó un baño y se fue.

Un rato en la parada y al transcurrir quizás un cuarto de hora, pasó el autobús; ya iba sin puesto para sentarse; y, parado, se adivinaba que varias cuadras más adelante, habría que asumir una posición incómoda, porque la gente empieza a entrar gorda, con sacos, niños en los brazos, y más; y, oye, son varios kilómetros de recorrido; pudiera ser fácil, pero no lo es tanto.

Atamaica cuando habla es que habla de verdad.

El agente de Dulce Espinela, luego de varios minutos en una cola, al llegar su turno, pide cuatro paquetes de leche completa, paga y los recibe, con su debido formato de transacción; por momentos pensó que no alcanzaría para él, porque en varias oportunidades se comentó que quedaba poco producto.

Pero sí hubo para Dulce; Pambelé se lanzó una bala fría de pastelito y avena, con lo que emprendió la vuelta; con el alivio de su fuerza, porque cuatro paquetes no es un bulto, o varios, pero la leche en polvo pesa.

La parada estaba full, y más de uno le dijo: "ten cuidado, mira que ahí llevas oro"; se relataron historias de arrebatones, policías, disparos y delincuentes muertos.

Pambelé incrementó el pilapuestismo.

Como pudo se montó en una camioneta "hasta los teques"; el colector desató una llorona ahí: "epa, tú, vale, ve donde acomodas esos paquetes", y tal. Vio un huequito debajo de los asientos traseros, y los metió.

Se echó el viaje parado, apretujado, torcido.

Al llegar a Los Azulejos, llamó a Dulce por teléfono, y le dijo que todo estaba bajo control.

-Ay, qué bueno! -la madre pegó un saltico- déjaselos en el apartamento a la señora Crisanta; y Pambelé, ni corto, ni perezoso ni nada, sino acostumbrado a rendir el día, acudió sin pausa al sitio; porque quien lo llamaba no lo engañaba y siempre le había resuelto bien.

Más tarde, Leandro Goitía -el propio Pambelé-, hizo otros trabajos; con los mil que le dio la señora Dulce, redondeó como tres, y un constructor que levantaba edificios en una zona aledaña, lo contrató para mover algunas placas, al día siguiente.

Los niños de Dulce Espinela y su hermana, representan, desde el plano estrictamente monetario, un alto costo de inversión mensual; no es sólo leche, sino además pañales, azúcar, nana, jarabes, ropa, compotas, aceite, champú y mil cosas más; pero ya por leche, tienen para no preocuparse unas semanas. 

"¿Qué sería de nosotras..." -dijo Dulce a Perla Espinela, entre risas gozosas y cierta dosis de inquietud... o quizás incertidumbre- "...si no existiera Pambelé?".















lunes, 27 de julio de 2015

Humildad

El enfrentamiento entre la necesidad de sobresalir por medio de lo que una persona determinada pueda exaltar acerca de sí misma, con el propósito de ser humilde, de acuerdo a lo que Cristo pide a sus discípulos: "Aprendan de mí, que soy paciente y de corazón humilde", corrobora en muchos casos, otra máxima de relevancia en las enseñanzas del Mesías: "No se puede servir a dos señores".

Las tradiciones humanas, abonadas por un espíritu competitivo que generalmente encuentra campos de acción, en las interrelaciones infantiles, en las actividades propicias para exaltar los talentos, dones o virtudes con los que suele configurarnos la providencia, acostumbran inducirnos a confrontaciones, que en definitiva pueden sumergirnos en alguna condición de vanagloria o por el contrario, subestimación, si en el primer caso ostentamos ciertas cualidades aventajadas respecto a otros, o si, por causa de la propuesta segunda, vemos que llevamos en cierta área del espectro competitivo, las posibilidades de perder.

Este enfoque constituye sin dudas una parcela de observación vinculada a la labor redentora de Cristo, a la que éste observó con especial interés. No fue un objeto de mención trivial o casual, sino que se erigió como un centro de conflicto, una erupción de carácter expansivo, a la que era necesario atacar sin demasiadas sutilezas, aunque con la acostumbrada dosis de misericordia o compasión que revestía la personalidad de aquel ser sobrenatural.

Jesús, según sus propias palabras, no vino a curar "sanos", sino a los "enfermos" y la vanagloria, fue desde el principio de su misión, un aspecto de primordial atención, en relación a tal premisa: "Vengan a mí todos los que estén cansados de sus trabajos y cargas; acepten el yugo que les pongo, y aprendan de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontrarán descanso".

Esta frase nos habla de "aceptar un yugo", en un contexto donde a lo que se nos invita finalmente es a "encontrar descanso" a "nuestros trabajos y cargas"; es decir, al yugo que puede representar para cualquier persona, bajo ciertas circunstancias, los "trabajos y cargas", que las dificultades varias de la vida sin Cristo, pueden deparar, Jesús sobreimpone categóricamente otro yugo, que será, dada la promesa implícita en el referido aforismo, la vía por la que ha de sobrevenir para quienes acepten la sanidad que ofrece el carpintero de Nazaret, el anhelado descanso.

Al yugo que abate en la cotidianidad, por la necesidad de sobresalir, ganar, obtener rápidos beneficios, imponer nuestras ideas por encima de las de otros, implementar mecanismos propios para ser reconocidos y exaltados, Jesucristo nos propone un yugo al que también podemos ver como un contra yugo, que de acuerdo a su propósito, será lo que nos dará la victoria para sentirnos anclados en la seguridad "de haber hecho del Señor nuestro refugio" (según reza el Salmo 91); lo cual no es otra cosa que "ser pacientes, y de corazón humilde".

La paciencia y la humildad son en este mundo, el poderoso cortafuego, el fuerte amortiguador que ha de acompañarnos para sortear las mil y una ocasiones, en las que nuestro ego, se verá tentado a imponerse como imprescindible agente motorizador de una o muchas tareas dignas de halago propio, lo cual, a la luz de la verdad cristiana, adolece de todo sustento, si consideramos lo que afirma la sabiduría sagrada, reflejada en las páginas de la Biblia: "Dios es el autor y consumador de todas las cosas".

La humildad reconoce la grandeza y glorificación de Dios en toda buena obra, y se goza por éstas.

Es grato sabernos dignos de ser utilizados por el Padre, de acuerdo a la categoría que él quiera conferirnos, en función de lo sencillo u ostentoso; y sin dudas, hacernos dóciles a las manos del gran orfebre para ser moldeados según  sus requerimientos, significa un paso notable en el camino de nuestra salvación.

Es ésta una de las grandes obras que podemos hacer por fe para que la Gloria de Dios nos envuelva; no es una obra por la que debamos exaltarnos ni sentir que por ella en sí misma tenemos seguro el cielo; para algo así, como dice San Pablo, "debemos luchar el buen combate".

El buen combate de fortalecernos en la fe, que sí constituye un salvoconducto directo a nuestra Salvación; el buen combate de dejarnos guiar por el Espíritu Santo hacia el perfeccionamiento de nuestro ser, a fin de tener en este mundo la paz que da Jesús; el buen combate de escudriñar las escrituras; de perdonar; de amar... el buen combate de saber que Cristo no cambia nunca; que "es el mismo, ayer, hoy y mañana", y que por siempre estará entre nosotros "tocando la puerta y llamando", para que siendo niños, y no "sabios en nuestra propia opinión", acudamos a él, para liberarnos con su yugo de paciencia y humildad, de los pesados yugos de perdición que continuamente ofrece el mundo, por medio de las fauces del infierno; aquel del cual Jesucristo habló al decir: "Es mejor entrar sin un ojo al cielo, que con los dos ojos al infierno".

Amén.









lunes, 15 de junio de 2015

Las nuevas generaciones, a medida que van descifrando los hechos sociales, políticos, económicos y otros, ven que como sospechaban la vida ofrece complejidades operativas, de múltiples perfiles, sobre la cual surgen flujos particulares, en dinámicas estables, caóticas u otros, de notoria relevancia, estimulando la necesidad de adoptar una actitud analítica, de estudio, exploratoria, en un plano empírico, pero que coadyuve a cuando menos tener nociones generales, como puente a posturas no absolutamente pasivas, en un entorno que demanda desde las más sutiles a las más burdas formas, sentar posición respecto a los aspectos referidos.

Hay quien se sumerge en la madeja, ya incluso abordando con determinación lo académico, y frente a dilemas, problemas o algún otro escenario coyuntural, realiza movimientos protagónicos, que se tornan eventualmente ondas desestabilizadoras de un orden o caos específico, reestructurando los elementos en juego, y delineando giros, de hecho, que conducen la realidad intervenida hacia una dimensión distinta, entregando a los entes activos, con capacidad de criterio, una reorganización atmosférica, que puede corresponder tanto a lo que plasma el término en forma literal, como a cualquier faceta metafórica posible, inherente al mismo.

La juventud hará el futuro con la información que la programe, de acuerdo a experiencias ajenas que hoy más que nunca, desde el camino marchito de la historia, le puede saturar el cerebro –conectado a menudo al mundo tecnológico, satelital, y a los medios de comunicación tradicionales-, de las más dispares formas de concebir la vida –lo cultural sincrético-, en aporte de alguna manera deseable, por democrático, pero que impulsa a seleccionar responsablemente, con el escepticismo como método de vanguardia, lo constructivo, en medio de aquello que no sirve (lo obsoleto, lo absurdo, lo que pervive atado a un juego si se quiere infantil, beligerante, por intereses que adolecen, en general, de razonamientos objetivos; vinculados por el contrario, a una visión beisbolera del poder; donde lo que nos quita el sueño sobreviene por vía del revanchismo fanático, la eterna rivalidad de los más rápidos y furiosos del engramado, contra los bates quebrados con uniforme de otro color; Magallanes como pesadilla, y Leones como ensueño, o viceversa.

Las reservas internacionales –capital de cada venezolano-, se nutre del buen manejo financiero que ejerzan quienes logran electoralmente la representatividad, refrendada constitucionalmente, del grueso poblacional a quienes en los últimos años comenzamos a llamar con mayor énfasis, el soberano.

Pero las políticas integracionistas que desarrolló y desarrolla este proceso, tuvieron un peso definitivo, en pro de la situación económica que hoy nos obliga a sacudirnos el letargo, y ver –como decía Eudomar Santos en “Por estas calles”-, “¿Qué es lo que está pa sopa?” (Ibsen Martínez); porque si tenemos una dependencia tan abrumadora de las importaciones con las que podemos a duras penas colocar algo en los anaqueles del mercado (se calcula una cifra cercana al 95%), está demasiado fácil deducir, que invirtiendo recursos para la auto sustentabilidad en el Agro, la Industria, el Comercio, la Ganadería, Minería, y todos los campos de productividad que facilita la Nación, por territorio, áreas marítimas, recursos naturales renovables y no renovables, entre otras cosas, en vez de estar ahora mismo dependiendo de Argentina para degustar un buen bisteck, pudiéramos estar –según una política equilibrada de solidaridad internacional-, criando a buen nivel nuestras propias reses, cochinos, gallinas, y más, en una acción que seguramente nos hubiera liberado de aparecer, tal día como hoy, punteando con Grecia –-según informe que avala el economista de dilatada trayectoria Domingo Masa Zavala, en el diario El Nacional-, el liderazgo insólito –por lo que nos toca-, entre los pueblos con mayor “riesgo país” del globo; luce innecesario revisar el estado financiero de las reservas internacionales, cuando por todas partes se reconoce una descapitalización que hasta da ganas de ocultar a fin de no espantar la inversión foránea, desde nuestra doméstica exigüidad.

Por aquí se compran unos autobuses, por allá se inaugura una escuela, más allá se lee un anuncio que promueve la inauguración de un hospital; pero nada de eso es indicativo de que el país se desplaza venturosamente en una travesía onírica, acaso por parajes celestiales de Narnia, entre veladuras violáceas de bruma taciturna, con destellos coloridos de diminutas estrellas, al paso de unicornios –cual pegaso-, en una historia sin final, de sobrenaturales melodías.

Porque la miseria también pernocta entre nosotros, venezolanos, por donde pasa y no pasa la reina, con un kilo de leche en polvo, pasteurizada -tras la odisea por conseguirlo-, que puede acercarse al “palo”… pero, no importa: “Magallanes será campeón!”.

miércoles, 3 de junio de 2015



"Estas ideas conducían a un ambiente fértil para una retórica de erradicación".
Emilio Figueredo

La lógica inquisitorial de la que fueron víctimas Bruno, Orta, Servet, Copérnico, Galilei, entre muchos otros que propusieron al stablishment de su tiempo, especialmente en filosofía y ciencia, teorías novedosas, o desestabilizadoras de creencias anacrónicas –incluso revisionistas-, develaba un excesivo apego a la vanguardia decadente, en la que el poder eclesiástico y monárquico hibernaban, en un tambaleo ya de preocupante intensidad, precisamente a causa de la fuerza racional concentrada en las serias investigaciones que muchos de quienes entonces se atrevían a mostrar al mundo, nuevas verdades –contra todo riesgo-, sacaban a la luz.

El pensamiento empoderado, inquisitorial, fascista, dictatorial, despótico, suele deslizarse estratégicamente, hacia un escenario donde le sea propicio defender, desde la gnosis intelectual, dotados sin dudas de alguna solidez como para ostentar esa postrera fase vanguardista, bajo una condición servil, utilitaria, nada más que con el objetivo de generar estructuras de contención que refuercen la tolerancia, ya enclenque, en razón a la embestida irrefrenable de la verdad sustituta, la vanguardia naciente; sin esa certeza histórica refrendada siglo tras siglo de evolución en todos los campos, al venirse continuamente abajo convicciones retrógradas –a las que la posteridad tuvo que desechar, por el empuje del aclarado devenir-, seguiríamos anclados posiblemente en el maravilloso tiraflechismo de Anaxímenes, Anaximandro, Tolomeo, Empédocles, entre otros (La tierra es plana, de pana).

Las teorías económicas intentan asir la piedra filosofal que las apelmace en un contexto, donde la activación del método científico, las revista con categoría de leyes –irrefutables, inmutables-; y cada suceso avance por la ruta predestinada, según sus propiedades inmanentes, sin saltos cuánticos.

Así, enunciaríamos con facilidad algunas ecuaciones y/o fórmulas para sacar conclusiones, de tal modo que nada nos sorprendería (como cuando establecemos que “masa” es igual a “densidad” por “volumen”); lo cual sin dudas se reflejaría, de acuerdo a lo previsto, en el producto interno bruto, el riesgo país, la balanza de pagos, y cualquiera de esas variables con las que los economistas e improvisados del cálculo, suelen definir los resultados de las políticas que se manejan para tener claros panoramas respecto al áurea que en función de esto nos arropa.

No es tan fácil como que un comerciante suba, “por ley de imitación al calco”-pudiéramos decir- los precios, para nivelarse con el vecino que antes había hecho lo mismo, como garantía de no quedarse atrás en la cuadra, a fin de año, respecto al otro, a la hora de introducir al garage, automóvil nuevo.

Porque es ahí, en lo que parece elemental, donde estallan como en un campo minado, ciertos imponderables que orientan el hecho económico, hacia resultados que pueden dejar perplejos a los minimalistas de la lógica, los torquemadas paradigmáticos obsesos –observadores del lobo en toda hipótesis relacionada, que no se ajuste a lo que su personal forma de percepción interprete-. Porque indudablemente, existen monopolios, realidades disfuncionales del hecho financiero público, déficits, estrategias de toda índole, comerciantes e industriales de los más disímiles criterios, que frente a los continuos cambios del mercado, reaccionan de acuerdo a un flujo cuántico, donde volvemos a la cruda noción de que la economía no es una ciencia exacta, sino una plataforma de valoraciones matemáticas, sociológicas, políticas, y más, que nos permite proyectar estadísticamente, y a ratos observar coincidencias entre causa y efecto; pero hasta ahora, sin que podamos recostarnos a determinismos que le eviten malas experiencias de currículo, a los expertos más avezados.

Saltan así por todas partes situaciones inesperadas, como cuando algunas inocentes “ganas de avanzar”, por desiertos o campos de guerra, donde se suponía que fuerzas enemigas osarían ollar insolentemente con su intrusa planta, suelos ajenos –tipo bachaquero, la bruja a la que cierta facción nacional le tiene puesto el ojo, como para no apuntar donde la reacción contraria puede ser mil o más veces inconveniente para mí, francotiradorcito-.

Y este tipo de complejidades se dilucida a nuestros ojos, porque los “mass media” nacionales –y por supuesto, regionales-, en un viraje que se argumenta como más “equilibrado” por mayor presencia pro gobierno en cada uno –casi- de los medios nuestros, ofrecen hoy mayor volumen de opinión controversial que, bienvenida sea, nos despejan indubitablemente desde el punto de vista de específicos intelectuales de contención, la madeja de por dónde vienen los tiros, respecto al desastre en que devenimos, ahora que nos sabemos desabastecidos; dolarizados; bachaqueados; con los precios petroleros pidiendo pista; las empresas públicas improductivas; las privadas sin recursos, pero guapeando; y más…

Nos enteramos que la idea –según cierto flanco-, es emparentar el sistema de gobierno preferido por Bolívar (y nosotros bolivarianos –ya oposición, ya gobierno-), no con liberalismo, capitalismo, u otros, sino con la punta de lanza esgrimida con éxito –ahora lo vemos- por quienes asumieron en los albores de nuestras dos recientes repúblicas, el ideario de Marx y otros teóricos anticapitalistas, como sus catecismos cotidianos, para espantar el ogro que nos compra más, nos presta dinero, nos refinancia, y nos paga mejor: el imperialismo norteamericano; nos referimos a la llamada “lucha de clases”, que escudada en sumediano prestigio –especialmente ahora que tiene respaldo empoderado para ir contra lo que se le antoje, “constitucional”-, busca reivindicar su sino genésico, su atávica “mala estrella”, atentando contra todo lo que tuvo mejor suerte histórica que ella, y que le ofrece lógica resistencia, porque en su egocéntrica ceguera, lo demás no importa nada; razón por la cual surgen entre otras cosas, rumores de que los jóvenes de 19 y 20 los “mejores notas”, serán relegados a un plano de subestimación, frente a los que hay que darles el cupo porque sí.

No parto de que la lucha de clases tenga o no sus razones, pero una parcialidad que logre sus objetivos embistiendo ilegalmente contra la Constitución Nacional, debe ser rechazada por mí, bolivariano, demócrata y cristiano, especialmente cuando se me quiera vender, como algo a lo que se deba apoyar o al menos respetar.

Los neo inquisidores economicistas, que asocian “lucha de clases” con democracia, ofrecen sin dudas una tentación medieval en sus discursos antiparadigmáticos que por coherencia filosófica debemos deslastrar de cuajo de nosotros.

Basta ver las fotos de los fusilados del parto revolucionario en la cuna del antiimperialismo latinoamericano –ahora dando pasos progresistas hacia la búsqueda robinsoniana de algún “Eppur si muove” con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas Cuba-Estados Unidos-, para extraer una muestra acerca de cuán democráticos han sido los métodos con los que se elige dejar en el camino la contraparte en pugna, en esa coyuntura emblemática de la lucha de clases; atizada por cierto -la lucha-, por estos delirantes decimonónicos, que no saludan con entusiasmo, el acercamiento Castro-Obama, sino que permanecen anclados a las pretéritas posturas belicistas, desde donde extienden argumentos pro ruptura, o anti acercamiento, en el sempiterno acto de no darle -como pedía Lennon y su generación-, un chance a la paz. Castro-Obama, juntos en pro de sensatos acuerdos diplomáticos, nos hablan de futuro, de borrón y cuenta nueva, para avanzar; es un ideal que no a todo interés genera simpatía.

Capitalismo, Liberalismo, no son estrictamente “Democracia”, como proyecciones del cuerpo semántico de aquellos, pero una vez que constituyeron hegemonía determinante en países que obtuvieron de la modernidad sus ideales políticos, establecidos de acuerdo a iconos inherentes a dicho sistema de gobierno, como la Carta Magna, el Congreso, el Libre Mercado, y más, es una aventura demasiado traída por los pelos, no asociarlos a procesos donde la palabra Libertad, adquiere una dimensión preponderante; lo que me induce a redactar con interés, una opinión, con la cual entrar en el juego, dejando claro lo que pensamos; pero no extenderemos etiquetas descalificadoras (para anular lo que me adversa), a esa osadía que requerimos estudiar, estimo, más profundamente; también por el brainstorming nacional que vemos necesario asumir ante la importancia que representa nuestra realidad económica.

La Democracia, a modo de panacea, propugna el Libre Mercado, y algunos defensores de la lucha de clases, piensan que debe buscarse otros caminos, porque a sus ojos, dicho esquema no se ha implementado con éxito en ninguna parte (ponen ejemplos: Pinochet).

Nos enfrentamos entonces a una especie de contra mito, negado a resolver un avance a lo que se supone ideal, porque reales factores de poder, impiden, según la tesis, que particularmente en Venezuela pueda obtenerse a corto plazo el objetivo; haciendo alusión, entre otras cosas a la existencia de monopolios.

Pero cuando se invoca o se trata de desmoronar desde el discurso, las convicciones generales de la tradición democrática de cara a la estructura sistémica que la cimienta, tanto en la teoría como en la praxis, considerando a lo que a su vez otorga cimientos a esta contraparte garrapateada en el delirio, anti constitucional, autónomo, anárquico, impositivo, y más, como lo ha sido por antonomasia la lucha de clases -sin que ello implique que de tal coyuntural concepto no pueda haber surgido alguna importante reforma bajo un perfil ético positivo), constatamos lo inútil que resulta intentar convencernos a nosotros mismos, de dejar gravitando en el silencio lo que la renacentista "razón" nos pide -por no retrotraernos al peso oscurantista- dejar sentado en letras.

Inventar o errar, dijo Rodríguez, y de allí se erige lo nuevo que ofrecerá la innovación redentora; pero hasta ahora la dialéctica Libertad-opresión, no nos permite ver, a partir del valor ético negativo (E. Gómez), el panorama explorable en seguridad; se impone como recurso espiritual estratégico la elemental prudencia, antes de ejecutar medidas que frenen de platanazo la dinámica productiva que nos está dando mediana sustentabilidad por medio del trabajo, incluso a riesgo de pérdida que realiza el sector privado; a la espera de que los adalides de la lucha de clases, hoy gobierno, impulsen con determinación, la productividad de las muchas empresas que administran, sin que hasta ahora le podamos ver, como debe ser, el queso a la tostada.

miércoles, 8 de abril de 2015

La ruda inercia


Pablo J. Fierro C.

Me mantuve largo rato, considerando la idea de retornar; desde mediodía hasta casi la llegada del atardecer. Luego concluí que había estado desandando un camino inútil; otras veces me pasó, y ahora tropezaba con la misma piedra; "¿retornar?", lo siento... no. 

Ya le había planteado al ambiente grisáceo, el desafío de soportarme, él, a la intemperie;

Sería cerca de las seis y media -la hora en que la última de las gaviotas se dispara hasta la nube más lejana-; en ese momento lo vi claro: lo que debo hacer, sin ningún tipo de vacilación es regresar; tomar de nuevo el camino pedregoso que me trajo hasta el instante a enfrentarme con la roca de acero por la que detuve el paso; ya hace más de un año estoy aquí, estancado en un punto poco atractivo para quienes han soñado libertades en los colores más luminosos del infinito... 

Si regresara, quizás encontraría refritos para el consuelo, tratándose de mí y mi atrofiada capacidad para ofrendar rituales a la desmemoria... 

Sí -afirmé tendiendo la mirada a la planicie marchita bajo mis huellas muertas-.

Más tarde llegó la noche, y me distraje atizando una fogata que encendí sólo para pasar el tiempo; luego la llené de tierra; gocé sin proponérmelo, viéndola oscurecer bajo el mojado alud de mi absurdo sin sentido... 

Desperté con ganas de tomarme el café que había dejado al lado de la cama, en el piso, ayer... 

Eran las siete de la mañana -por lo que me había confesado el fiel reloj; centinela de altura en alguna pared donde discurre-... ...y observé la realidad incierta que se abalanzó sobre mí, apenas la conciencia se asomó en la cuenca vertiginosa de lo que llegaba con la luz... 

Que broma -me dije-; ni retorno ni regreso; de nuevo anclado aquí... 

No lo digo por subestimarme, o hacerme la víctima; cada idea que me acompañe en adelante, en medio de mis divagaciones sin destino, mi obtusa introspección poblada de propósitos para dar el salto en el vacío que significa cambiar de escenario, conlleva la convicción, de que nadie en mi situación encontraría más alternativa, que imitar mi conducta casi que exactamente en todo; lo digo sencillamente porque me conozco; al final, ténganlo por seguro lo que tendré que hacer, por encima del tiempo perdido, ayer y ahora, será volver... A estas alturas no creo que valgan más burdas estratagemas para la ruda inercia.

"Volver"... resonó en mis adentros... era masticar sin querer algo amargo... 

Volver... volver... -Di un primer paso contra el futuro- ...Volver -insistí; rumiando-... Añoré un sacudón de brisa...

Volver...

...Se lleva tu pegajoso sudor aplastado contra un fogaje indolente.
 
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