viernes, 23 de septiembre de 2011

NO HAY LUZ QUE POR BIEN NO VENGA

David, el que liquidó a Goliat, según el relato bíblico, con todo y su carga de humano fue un ser tan virtuoso que Jesucristo tuvo que dedicar momentos exclusivos para explicarle a la gente de su tiempo –tiempo de Jesús- qué él, Jesús era superior a David en jerarquía, dignidad y cualquier otra cualidad; y aún, en los párrafos finales del Apocalipsis, insiste Cristo: “Yo soy la raíz y el linaje de David”; con lo cual, entre otras cosas, quería dejar claro ante su audiencia que quien les estaba prometiendo venir pronto a recompensar su fidelidad –según su obra-, no era ningún “pijupo”*, ninguna bagatela, ningún “saco e’tusa*”; reconociendo también, por añadidura, la importancia del valiente israelita.

Es decir, da ganas de llorar, cuando uno escucha una prédica donde el pastor afirma que la única razón por la que Dios dio la victoria a David en el enfrentamiento donde resultó muerto Goliat, fue el hecho de que David confió en que Dios le ayudaría a obtener dicha victoria; observando, el pastor, sólo la condición de guerreros de los contendientes –porque guerra es guerra-; ignorando ante adultos y niños que de David se decía, además, “Varón conforme al corazón de Dios”, “Sabe tocar, valiente, vigoroso, y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y Jehová está con él”. Mientras Goliat, en un tiempo donde aún no funcionaba la Gracia, derrochaba irreverencia contra Dios; incumpliendo alegremente las leyes establecidas a través de Moisés. (Me cito a mí mismo desde el artículo de mi autoría “Se me perdió la cartera”).

Ante un escenario así, donde un pastor, o charlista, u opinador circunstancial o como quiera llamársele a quien ocupe un domingo un estrado de templo, dándose bomba incluso para remedar voces, estilos, actitudes, de algún otro de sus homólogos, no debería quedar otro camino a quien tenga ojos para ver y oídos para oír, que sentir reforzada la potencia lapidaria de la voz de nuestro Señor y Salvador Jesucristo –Bendito seas mi Señor- cuando asegura: “Todos los que antes de mí vinieron ladrones son y salteadores”. ¿Qué sentido tiene, porque el tal pastor es buena nota, o buena gente, ocultar payasadas semejantes?

Sí, no hay contradicción: en un distorsionador del mensaje de Dios a tal grado, puede haber características por las cuales uno pueda denominarlo “buena gente”; porque dicho reconocimiento lo hacemos desde nuestros parámetros mundanos, según los cuales un tipo que nos sonríe al saludarnos, que nos regala un mercado, o varios, si nos ve en necesidad, coño, seríamos muy desgraciados para tener las agallas de decir que es de lo peorcito; incluso habiendo, dicho personaje, reconocido en su exhortación, que cometió un pecado de cierta consistencia, que pudo incluso afectar a alguno de los presentes, pero no lo aclara, sino que le pide perdón a Dios, desarrolla su palabrerío de unas dos horas, y chao pescao.

“Varón conforme al corazón de Dios”, “Sabe tocar, valiente, vigoroso, y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y Jehová está con él”. Así se ponderaba la calidad humana y espiritual de David, tanto mundana como celestialmente; y sin embargo Jesucristo dice: “Todos los que antes de mí vinieron ladrones son y salteadores” asumiéndose como “la puerta por donde se debe entrar”; pero más aún, con todo y eso, el hijo de Dios hecho hombre decía de sí mismo: “No soy bueno; bueno sólo hay uno: el Padre que está en los cielos”. Bueno, y si Jesucristo, “el alfa y el omega, el principio y el fin, el primero y el último”, “la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana”,“la luz del mundo”, “el buen pastor”, si Jesucristo, digo, dice de sí mismo que no es bueno, ¿qué quedará pa Goliat?

Aquí no se trata de que hay que preservar la belleza y el prestigio del templo o de la congregación, o del grupo de adoración que hemos construido; porque templos puede Cristo derrumbarlos y reconstruirlos en un santiamén; que va; aquí de lo que se trata es de que Jesucristo, según el canto de Zacarías vino a “dar luz a los que viven en la más profunda oscuridad”; y la luz del mundo y la sal de la tierra, no son los que se quedan tranquilos ante una apología, de la bajeza que representa Goliat ante David. Noooooo.

No puede ningún seguidor de Cristo con conocimiento quedarse boquiabierto en la espesa penumbra de un recinto donde quien se supone debe atropellarte a mansalva con lumbre sagrada, esté por el contrario, consciente o inconscientemente, echando más negrura a la tiniebla; porque si tenemos en nuestro poder una lámpara de sabiduría encendida, sabemos que lo menos que debemos hacer es “dejarla debajo de un celemín”; por el contrario, estamos obligados a ponerla bien alta, para que alumbre parejo y los ciegos puedan ver.

Me alegra decir estas cosas, porque estoy convencido de que estoy echando desde mi lámpara un chorro de luz a quienes leen; no me importa si suena pedante; es mi convicción. La fuerza de la verdad tiene vida propia. “El buen árbol se reconoce por sus frutos”; y si mi testimonio es verdadero, si cuando digo, por ejemplo, que afanarse por tener un buen matrimonio, con una bella esposa y unos bellos hijos, y un buen carro, y una buena casa, no es lo primordial para el cristiano, lo digo desde las múltiples taras y torceduras de mi personalidad, no debería importarle a nadie lo que soy, sino lo que digo; porque el árbol en este caso soy yo, pero el fruto es lo que digo. Luego, como al cielo no van sólo las parejas, puesto que Dios no hace acepción de personas; de manera que cualquier infeliz sin novia siquiera, pero que sepa sobrellevar su carga –si lo fuere- piadosamente, no tengo dudas que tendrá en el cielo un lugar de descanso y felicidad. Si Hitler sale de su tumba y dice: “Jesucristo es la luz del mundo”, ¿voy a negar semejante verdad porque lo dice Hitler? Nooooooo.

Y tendría que concluir en ese caso que Hitler es un buen árbol –en el momento en que dice eso- aunque tenga un aspecto de mil demonios y huela a lo mismo; porque “el buen árbol se conoce por sus frutos” y “el árbol bueno no puede dar frutos malos”; y dígame usted -si es cristiano o cristiana- ¿hay fruto más delicioso que este: “Jesucristo es la luz del mundo”?

Como quisiera escribir sobre estas cosas con más dulzura. Sí, lo quisiera; pero no puedo hacerlo porque lo que está en mí es lo que sale de mí. Debo evitar hasta donde ya me sea imposible, ostentar la misma levadura de los fariseos, que son como sepulcros blanqueados: lindos por fuera, pero llenos por dentro de huesos de muertos y pestilencias. La hipocresía en función de aquel “para quien vivimos si vivimos y para quien morimos si morimos” es una vaina abominable, asquerosa.

Dios prefiere, ténganlo por seguro, un gesto de amor en un antro jediondo, desde un gordo con un pantalón puesto sin lavar por décima vez, que una mirada hipócrita en un lente de contacto azul a la hora del te, con platería de oro, en la intimidad de un salón para la ocasión en el palacio de Buckingham.

Un gordo que sepa que el Reino de Dios no es cuestión de comida, ni bebida, ni ropaje, ni contextura, ni nada de eso, sino de amor; pregúntenle a las aves del campo. Que sepa que los apóstoles como San Pablo eran hombres virtuosos, y amorosos maestros del evangelio, y con todo, decía esto a ciertos caballeros que conocía: “Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?” “Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡y ojalá reinaseis para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!” “Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres.” “Nosotros somos insensatos por amor de Cristo, mas vosotros prudentes en Cristo; nosotros débiles, mas vosotros fuertes; vosotros honorables, mas nosotros despreciados.” “Hasta ahora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija.” “Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos, padecemos persecución, y la soportamos.” “nos difaman y rogamos; hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos.” .

Cierta cristiandad actual evalúa la realidad con ojos estrábicos; y, bueno, eso es normal, porque el discernimiento es un don; a veces Dios mismo entenebrece la mente de las personas para que viendo no vean; porque duélale a quien le duela, nuestro Padre administra tanto la luz como la oscuridad.

Y ante estos casos diré tan sólo, para concluir, que “si Dios no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican”. El cemento y los ladrillos; la arena cernida, la lavada, la mezclilla, y todos los materiales con los que trabaja Dios se resumen básicamente en amor, humildad, fe, paciencia, benignidad, templanza, perseverancia, confianza perseverancia, entre otros.

Cualquier piedrita de hipocresía, odio, amargura, rencor, vanidad, vanagloria, y cosas por el estilo son tan sólo unas rayitas más para nosotros, pobres tigres pecadores.

Así que, no hay de otra, hermano, nuestro progreso espiritual hacía la vida, está en el amor: Amémonos los unos a los otros.

Un abrazo.

*Pijupo: Del léxico de Justino -¿Qué es? Pregúntenme.

*Saco e’tusa: Epíteto desmoralizante del juego de Truco.

jueves, 8 de septiembre de 2011

RÉPLICA RETARDADA A PILDORITAS

¿REDOMADO ESCUÁLIDO, INCAUTO Y DEFENSOR A ULTRANZA?

Buscando en Internet un artículo de “Mi red textual” columna que publica el diario EL Venezolano (por cierto debe haber salido hoy jueves 08-09-2011), y que yo escribo, encontré esta “Pildorita”: A PROPÓSITO DEL ARTÍCULO DE PABLO J. FERRER C: “LOS POR AHORA DE OAP” (Aporrea 04-10-2010) (1).

Con “Pablo J. Ferrer C.” el señor Saúl Molina Z. autor de una consuetudinaria columna del portal web Aporrea, quiso mencionar “a todas luces” a “Pablo J. Fierro C.”, yo.

Me anima a teclear esta, digamos, réplica –pudiera decirse también “aclaratoria”-, el hecho de que se me alude en dicha “Pildorita” como: “A todas luces redomado escuálido e Incauto” y “Defensor a ultranza de OAP (Oswaldo Álvarez Paz)”.

Digo que esta, digamos, Réplica, pudiera llamarse igual “aclaratoria”, porque dentro de lo que pueda haber de réplica aquí, hay sobre todo cosas que me gustaría aclarar.

Empezando por la tergiversación de “Fierro” con “Ferrer”. Las prácticas de humildad cristiana dan buenos frutos, y a estas alturas del partido, ya no desestabilizan nada en mí este tipo de descuidos por parte de los “duendes de redacción” –así llamados-; una vez, en un torneo de softbol que se desarrolló en los campos de Firestone (Valencia-Venezuela), metí dos jonrones en un juego, uno de los cuales dejó en el terreno al contendor, y el diario “El Carabobeño” dejó reseñada para la posteridad la excelente performance de un tal Pablo “Freddy”. Ahí sí boté piedra, pero era un chamo.

“El artículo del, a todas luces un redomado escuálido de nombre Pablo J. Fierro C, publicado hoy 04 con el título:”Los por ahora de Oswaldo Álvarez Paz” es una muestra de imparcialidad de este medio, o descuido de quienes se ocupan de colocar en la fuente lo que reciben , pienso que lo que operó para dar cabida a esta opinión es lo primero por lo que en uso de mi derecho a opinar lo que pienso, me ocupo de hacer algunas consideraciones sobre lo que dice el, escribidor de marras”.

Nótese en primera instancia, aunque no es lo básico ahora, como el señor Molina alude la imparcialidad de Aporrea casi como un pecado, al punto de que la otra opción sugerida como posible causa de la inserción allí del texto aludido, es el “descuido”. Porque este caballero, desde el primer momento agarró el camino equivocado en su disertación.

En primer lugar no soy un redomado escuálido. “Redomado” tiene muchos significantes pero creo que se utiliza aquí en el sentido de “Disimulado”, y no en la acepción que me atribuye de “escuálido” un alto grado, puesto que mi fervor político no es nada exacerbado; es decir, entiendo que me cataloga “a todas luces” como alguien que es escuálido pero que intenta hacer creer que no lo es, o que trata de que no se sepa.

No. Jamás he escondido mis inclinaciones políticas esenciales cuando me lo preguntan, y en eso está bien clara la gente que me conoce de cerca, de ambos bandos. Nunca he tenido freno en ese campo para decir que voté por Irene Sáez cuando Chávez ganó las elecciones presidenciales, aunque toda mi vida había apoyado en votos presidenciales, en habladeras, en canciones de Alí Primera, a la izquierda, específicamente al Movimiento al Socialismo –hasta debe haber por ahí una foto que me tomé (sin conocerlo) con Teodoro Petckoff en un mitín. Que apoyé a Chávez –para ver qué pasa, ya que 70% lo quiere- en votos y en una que otra conversación, en cada elección que hubo desde que se hizo Presidente hasta el año 2007 -debido a que comencé a discrepar con mayor decisión, en torno a algunas ejecutorias iniciadas con una gran asamblea en el año 2006, si mal no recuerdo, donde el Presidente fundó el partido PSUV y pretendió escindir de la revolución bolivariana a partidos minoritarios de izquierda que no declinaran su existencia para concretar la idea de un partido absoluto-; y continuadas con alguna omisión que hizo en casos donde yo esperaba sentara posición mediática y no lo hizo.

Para nadie es un secreto mi identificación con el Cristianismo, pero desde hace muchos años decidí no catalogarme “cristiano”, porque comprendí que serlo no es “soplar y hacer botellas”, conlleva un compromiso, una responsabilidad y una práctica de ortodoxia, yo diría que perfecta; apenas soy un seguidor, alguien que se ha enrumbado hacia esos rayos de luz porque le generan simpatía, y porque a medida que ha ido viviendo algunas duras experiencias, ha encontrado salidas gratificantes debido básicamente a dicho cuerpo doctrinal. En un artículo me catalogué como Cristista, con lo cual quise dejar claro que soy, más un simpatizante entusiasta de la fe de Jesús, que un paradigma de rectitud cristiana; pero quise dejar sentado igualmente, que incluso políticamente mis decisiones, correctas o no, se definen a partir de esa tendencia espiritual.

Cuando escribí lo que escribí sobre el caso de OAP (1), lo hice desde la conciencia democrática que inculcó en mí mi padre terrenal desde que empecé a tener, como él solía decir, “uso de razón” –medianamente-; Papá, un adeco de aquella generación primigenia adeca, fue quien me inculcó los primeros principios sobre democracia, libertad, los deberes y derechos del ciudadano, las perversiones del despotismo, las crueldades de las dictaduras, y sobre todo el respeto a las leyes, aun cuando se tengan puntos de disidencia.

Me enseñó que todo ciudadano, incluidos los borrachos, drogadictos, homosexuales, etc., tiene derecho a un “debido proceso” cuando es acusado de algún delito; y eso fue lo que defendí en mi artículo, y defenderé a ultranza –siempre que tenga convicción y fuerza espiritual para ello, y me lo permitan las leyes, y me lo permita, incluso, el despotismo –si lo hubiere-, no a Oswaldo Álvarez Paz; porque ante una coyuntura como ésta tengo la predisposición de inclinarme a desenvolverme de acuerdo a lo que manda Cristo: “Si te piden que lleves una carga, una cuadra, llévala dos; si te quitan tu camisa, dales también tu capa; y si te dan en la mejilla izquierda, pon la derecha”-.

Escuálido viene de escualo (tiburón), he oído; y en la forma que se ha utilizado en Venezuela, políticamente, representa –o representó (no sé)- para el Presidente y algunos de sus seguidores, al sector poblacional que le hace oposición al actual gobierno o régimen, en razón a una pretendida precariedad numérica. Déjeme decirle Sr. Molina, que hay luces que no le iluminaron bien: no soy un redomado escuálido, ni mucho menos un escuálido declarado.

Si hago oposición al gobierno o no, lo dejo a criterio de los demás, porque como dijo mi maestro: “Yo nunca hablé en secreto”. Lo que le pido es que no me meta en el mismo saco con un conglomerado político estigmatizado por el Presidente, de esa manera (escuálido), porque yo soy un ciudadano venezolano al cual ampara la Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, con un amplio articulado de derechos y deberes que me otorgan beneficios bajo los cuales nadie puede irrespetarme, especialmente en público, confiriéndome una característica peyorativa como la que usted utilizó.

“Incauto” puede que en algún área de mi vida lo sea o lo haya sido; pero apostaría fuerte a locha que en el caso que usted menciona no. Vea lo que usted dice:

“Las citas bíblicas del reo a. quien yo si pude ver, empinando el codo, por más de dos horas, previo a, y durante una de las tantas corridas de toros a las que es asiduo seguidor OAP, en las Ferias de San Sebastian, pues coincidí casualmente a su lado y pude observar su deterioro conductual a medida que la ingesta etílica aumentaba, están de más, pues es muy común que quien cae en desgracia por un delito cometido, apele a la biblia y trate de impresionar, con citas como las que hace, a incautos que los hay, uno de ellos , a todas luces el Sr. Pablo”.

Entiendo que me llama así porque según me dejé impresionar por OAP al hacer él, uso de unas citas bíblicas como una forma de lograr el mencionado efecto “impresionar” a fin de beneficiarse de algún modo, de cara a la opinión pública, en la desgracia en que, dice usted, él había caído.

No.

Él sabrá si cayó o se sintió caer en desgracia o no. En relación a las citas bíblicas le digo que la Palabra de Dios habla por sí sola; y que se trataba de citas textuales, entrecomilladas y verosímiles en cuanto a su legitimidad. Oswaldo Álvarez Paz, desde su trinchera opositora había hecho unas declaraciones sólidas, estando aún preso, y yo señalé el detalle como un evento de, digamos, fortaleza espiritual, en un marco político donde otros personajes, en situaciones análogas, habían optado por irse del país. Y en ese sentido me preguntaba si esa condición evidenciada por OAP a través de los medios, no desmentida ni cuestionada por nadie –como hecho real-, tendría algo que ver con que él, como lo sugería su apelación a la Biblia y haber pertenecido a un partido “socialcristiano”, mostrara inclinación a la fe cristiana; es decir mi discurso no estaba orientado a negar, por impresionado, los cargos que le asignaban sus captores. ¿Sabe qué? si OAP había cometido algún delito, él mismo se lo habría buscado, y para no profundizar: no era mi problema; en todo caso lo que me preocupaba era que ante el “presunto” delito, no se siguieran, como mucha gente incluso autorizada en Derecho advertía, los procesos legales pertinentes; porque eso sí es de mi incumbencia, y de todo ciudadano venezolano.

Mire, amigo, Molina (le digo amigo con afecto en la manera fresca de ser de nosotros los venezolanos, pero puede omitirlo si prefiere), acerca de Oswaldo Álvarez Paz y ese caso concreto, hice un par de caricaturas y el artículo que generó su inquietud, y me olvidé; No soy abogado; soy un venezolano que hace uso, mientras se le permita, de sus derechos constitucionales, y que me complazco en poder expresar mis pareceres a través de la escritura. La Palabra de Dios dice: “No resistáis al mal”, y es un precepto al que como todos los preceptos de mi fe, trato entre altibajos de sujetarme. Ni a mí mismo me defiendo “a ultranza”, como usted señala; porque si tuviere la convicción de que debo afanarme –como alude “a ultranza”- en defenderme o defender a otros, mi fe en Jesucristo sería vana.

Así que ni redomado escuálido, ni incauto impresionado por OAP, ni defensor a ultranza, Sr. Saúl Molina Z.

(1) http://www.aporrea.org/oposicion/a98266.html

(2) http://www.analitica.com/va/politica/opinion/7042251.asp

martes, 30 de agosto de 2011

Mi red textual

Desde hace ya tres semanas se publica cada jueves en el diario El Venezolano la columna "Mi red textual" de este Pablo. Les dejo a continuación las dos primeras entregas...



Mi red textual

Pablo J. Fierro C.

EL PERRO Y SU CIRCUNSTANCIA

Al equipo humano y lectores de “El Venezolano”;
en especial a Carlos Yusti, con agradecimiento.

U

no de los perros salta a la cama y el otro se queda abajo igual con inquietud por celebrar conmigo el nuevo día, pero esperando de mí el impulso necesario para abordar la gabarra gloriosa de mis gratas dormiduras.

Ambos son poodle, y el que sube autónomo es Mole. De sus negrísimas, brillantes y neonatas orejas, correligionarias airosas de la irreverencia y la extravagancia más desafiantes ante un resto de pelambre iluminado de blancura, ya sólo van quedando riachuelos timoratos arrastrando en penosa diáspora maletas, bolsos y otros equipajes, acaso con vacío, cosas inútiles o inservibles, si por alguna razón tuvieren conciencia de que su mejor destino, imposible, es volver, retornar a los días de leche materna. Hilos en fuga lastimosa, no tendrían otra ambición, otra utopía, que la más tierna infancia, como dicen. Aunque pudiera acotarse –aseverando- que Mole todavía es cachorro y es tan sólo la plataforma vibrante, entusiasta, vital, donde se desarrolla tal aislado drama de soles tardurientos, aridez apesadumbrada, cuadro de César Rengifo, pasos desesperanzados hacia un mudo horizonte.

El otro, más bien principesco, blanco total, además, es el padre de Mole: Faraón. Cuando repartieron la “Iniciativa” él como que estaba comprando kerosén. Señalémoslo como un refinado patriarca de generosa esperma y pasión, con doce hijos y quién sabe cuántos nietos, biznietos, etcétera, que sólo ofrece exaltación de loco al sonar las correas del paseo, las veces que sus amos conservamos aún, por las tardes, vigor de andanzas callejeras, necesidad de brisas frescas de boulevard, o simplemente heroísmo solidario; porque no se trata de cualquier cosa, si hablamos de un módico apartamento para two more lonley people in de world; se trata casi siempre de la tapa del frasco en situación de hastío, el alma de la fiesta abrumado de cuatroparedes y Molemachoalfa, expresando en estoica permanencia de negros ojos convocantes, el urgente reclamo de una luz para prevenir estallidos endógenos, que indica el alto nivel del obstinómetro.

Estos “hoy” me voy a la calle casi todo el día y llego a verlos de nuevo es en la noche; después de perros de intemperie trajeados de afilada hostilidad. La realidad callejera perruna, desde belfos rugientes e indolentes, o desde lastimosa miseria, sumerge generalmente en una noción seca de la existencia.

Pasitrotero un crica cruza calle con secciones empozadas y aceras cuarteadas. Revela el delgaducho evidencias de al menos semanas sin un buen rato; divisa en la bruma una figura que al ganar claridad expresa: recogelatas septuagenario. El perro cambia de acera; el hombre y su saco al hombro avanzan indiferentes.

Observo y medito casi a través de la humedad abrillantada que adorna de post lluvia el pedregoso negror del asfalto.

Los perros callejeros, supongo, no le tienen miedo a nada. Mole y Faraón, en su cautividad segura, tal vez han aprendido a esperar.

“Tal vez” –pienso- “la vida no pierde tiempo”.

BALADA EN DERROTA

D

esperté hoy, y serían más o menos las cuatro y media de la mañana. Como me viene ocurriendo desde hace ya unos meses, mi mente recogió de la bruma onírica en escape un conjunto de palabras bien orquestadas a las que interpreto como referencia de lo que las más altas potestades internas asociadas a mi ser, esperan procese y utilice el resto del día a fin de regular mi equilibrio psicosomático, y cualquier otra variable ontológica si la hubiere, o de prevenir traumas en el mismo orden.

“La crucifixión de Cristo es al mismo tiempo su glorificación”. En esos extravíos medio inconscientes en los que se desprende uno del sueño y comienza a caer a la vigilia, no suele haber una aguda certeza de lo que centellea como percepción, pero al detenernos la realidad -sólido muro ante el abismo-, parece activarse al mismo tiempo un mecanismo intuitivo sobre el cual se anulan las incertidumbres respecto a lo semántico captado; una unción energética vertiginosa te envuelve completo dándote la seguridad necesaria.

Cautivo de dicha experiencia inicias tu rito de levantarte, y una ruta de discernimiento que apunta a la utilidad que pudiera brindar la “revelación”.

En el caso de la frase que nos ocupa, todavía no sé la vía que tomará con mi vida en hechos concretos; sólo puedo testimoniar en relación a lo que en el plano mental, y ahora tangible de cara a un teclado y un monitor de computadora, ha ido desplegándose a partir de ella; aspectos que he ido tratando de transmitir a ustedes a medida que escribo.

Este texto me va resultando, sin que haya sido mi pretensión original, un tanto metafísico –hubiera querido algo más light-; nace y se desarrolla a partir de un regodeo ineludido en la dialéctica del triunfo y la derrota; pero haciendo marcado énfasis en lo adverso, y considerando “triunfo” tan sólo como un recostadero insignificante, anclado incluso en una sub dimensión etérica nada más que sobreentendida, y hasta ignorada; pero que está ahí por ser inmanente al espectro holístico donde habita lo relevante para mí. Y es que pareciera que he llegado a un punto en el que el aire que respiro no es ya un compuesto químico de óxigeno, nitrógeno y argón, como canta Mecano, sino un incómodo clima de metas inalcanzadas, de proyectos a medio camino, de complicados escenarios de arribo que, para darse, requerirían de una sucesión de acciones cuya clasificación general no quiero desglosar ahora, pero que definen en suma un envión de osadía gigantesco desde un riesgo solitario.

El eje psicológico que domina mis pensamientos y acciones en el Story Board de esta mañana es la derrota. Digamos que se trata de una condición inducida, porque tampoco es que me sienta tan enteramente en la lona y con el número diez palpitando en la boca del réferi, no; la cuestión es que persuadido de que la impresión mental que originó todo, señalada entre comillas a inicios del segundo párrafo, pudiere venir de una instancia superior de mi ser simple, no sé si deba asumirla como una invitación sabia a declinar mis sueños más intensos, para que al mismo tiempo, como Cristo, mi Yo se glorifique.

Ignoro poseer fe para tanto; tienta ante lo anhelado dudar si al final, obviar mi gran lucha, redundará en vacío como pertrecho doliente, sin oír nunca más -evoco un tema de Rafael- “el marcial pasodoble” que lo invita a uno “a luchar y a vencer con honor”.

sábado, 18 de junio de 2011

LA CULTURA MATARILE: OTRA VAINA LOCA INFATIGABLE

“En donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres”.
Jesucristo.


“Patria, Socialismo o muerte”.
Slogan cubano.

En los primeros años de la performance revolucionaria quinta republicana, más de la mitad el país se entusiasmó, demostrado sobre todo en votos, con aquel movimiento casi virginal que insurgía dando aires de refrescamiento al abatido rostro del pueblo venezolano, altamente defraudado por la derivación hedonista -o golpe de timón “cuánto hay pa eso”- que forzaba la gerentela puntofijista en las postrimerías de aquellos sueños lúcidos germinados con pasión juvenil en las boinas azules aureoladas sobre las cabezas de “la generación del veintiocho”.


Los “hombres nuevos” que encarnaban el remozado mesianismo, vea usted, irrumpían por ahora rechazando con una labia ligth de novio pueblerino la cultura matarile que tiene entre sus expresiones más sobresalientes, la que con grafismos toscos, pero negros, de pintura labial sobre servilleta al estilo del Sí de Lusinchi, vociferaba un adeco entalcado y rectilíneo, de jurásica estirpe, en el Congreso de la República de Venezuela del año 1992: ¡Muerte a los golpistas!


Esa característica condenatoria que atribuyo a la presunción, o detentación cierta de relativo poderío, posee antecedentes tan remotos que nos trasladan casi al momento en que Dios utilizó con autoridad su verbo creador para insuflar vida al primer hombre (Adán). Y digo casi, porque fue tan sólo poco tiempo después cuando viéndose amparado por una solemne quijada de burro encontrada en el camino, el contrariado Caín, como muchacho con juguete nuevo, descargó todo el peso de su inframundo brutal sobre la fatalidad de su hermano Abel quien desde entonces no pudo, dijera el Gabo, vivir para contarla.


Porque a la luz de nuestra vigente realidad, sabemos, las leyes exoneran de culpabilidad, en algunos casos muy específicos como por ejemplo la defensa propia, a quienes incurren en homicidio; y existen incluso, dentro del mismo campo legal, fronteras difusas del mismo hecho, donde se adosa la categoría de “culposo”, y en donde ya comienza a funcionar con peso condenatorio la acción judicial correspondiente según lo determinen las particularidades de cada caso. Pero hay aniquilamientos letales que verdaderamente dan nausea por ociosos; ningún hecho delictivo puede justificarse más allá de las posibilidades de atenuación que ofrece la misma ley; pero baste revisar el listado de víctimas por manos criminales desglosado por Silvio Rodríguez en su “Cita con ángeles”, y agregue usted unas cuantas más, para salir corriendo al baño con la mano en la boca y seguidamente, ya ante el desaguadero adecuado, descargar una vomitada de pronóstico.


La realidad de la muerte del hombre por el hombre es el pan de cada día en el mundo; cómo no pensar que en este instante en que escribo deben estar cayendo racimos de bombas, disparos, puñales, etcétera, sobre la vida, convirtiendo en vacío lo que antes fue sístole y diástole sorbiendo alientos aunque con mínima esperanza; vercia, mano, la muerte no es bonita pero sorprende el número de gente a la que le gusta.


Cada segundo de aire, cielo, sol, color, manantial, niñez, sonrisa, vida que transcurre, hay miles y miles de personas prolongando la indignidad cainita, exaltando en hechos la muerte o hablando de ella –no es fácil evadirlo-; la cultura matarile es impenitente, trabaja las veinticuatro horas del día, no descansa.


He estado pensando en estas cosas porque las bien llamadas redes sociales, concretamente los corrillos del Facebook han enredado mi atención en el presente, debido a comentarios sueltos de digamos “las voces de los hilos”, donde en los dimes y diretes de costumbre, y yo diría que benditos en este “proceso revolucionario” –luego de la execración luctuosa de programas de participación popular al estilo de “La lámpara de Diógenes”- nunca falta un émulo de Morales Bello, pero ahora de tendencia “revo” conminando a matar cualquier vaina; hace poco le tocó al acartonamiento; sí, desde un post dominado por participación de gente emparentada, creo, con la ultraizquierda, se proponía entrarle con saña lapidaria a esa vacua entelequia –dígame usted, dijera mi tía Carmen-. El asunto es que cuando estas respetables personas, que gracias a Dios tienen la posibilidad de expresarse –con alma, corazón y vida- por dichos medios, atacan en esos términos a una cosa tan “asisimilí” -así nombra un primo mío lo insustancioso- uno no puede evitar algún gesto de contrariedad, persuadido de que son tales colectivos, los que suelen evidenciar mayor sensibilidad de piel en los momentos en que se pisa algún cayo recrecido de la llamada “exclusión”. Con razón dijo alguna vez Roberto Hernández Montoya quejándose de los sempiternos Torquemadas, en vigilia permanente por su imposibilidad de vivir sin alguna bruja que cazar: “el ser humano es incorregible” (Fumadores y gordos, temblad).


Chico, el acartonamiento es un formalismo conductual, un modo de vida inofensivo, que por “equis” o por “ye” alguna gente asume porque le gusta; algo etereo que no agrede al cuerpo, que no da hambre, ni dolor, que no saca sangre; es un carajo que cuando se va a acostar, en vez de decir: “coño, voy a tirarme en el chinchorro pa que se me pase esta pea”, dice: “¡Cáspitas! procedo a extenderme sobre los brazos de Morfeo en el guilindajo cóncavo de palma de moriche, con el propósito expedito de diligenciar la execración de los efectos de haber libado profusamente”. Dime una cosa: ¿en qué te afecta a ti esa vaina? ¿Te has puesto a determinar de quién carajo se va a cagar uno de la risa si matas esa vaina –el “acartonamiento” como tal-? ¡XD!.


Cultores del matarilerilerón mesmo por otro lado, también tienen el temita contra los que como yo, carecemos de prejuicio a la hora de poner en nuestros labios frases célebres, aforismos, argumentos, exégesis, etcétera, vinculados a nuestra heredad hispana; ¡bermon, qué chichón! Este hecho lo podemos denominar “Síndrome Ultrafastidioso Contra Usuarios Latinoamericanos del Producto Intelectual de Procedencia Europea” (Síndrome SUCULPIPE).


Bueno, panita, mi hogar primigenio me educó sin prejuicios en este sentido; yo soy caripiteño a mucha honra; pero ¿debe este privilegio hermoso, negarme de por vida el libre albedrío para incorporar a mi jerga personal lo que yo quiera en términos de dialecto, doctrina, cultura, etcétera, a fin de incrementar mi acervo cognoscitivo de cara a mis necesidades de comunicación? ¿Por qué, pues?; una cosa es que se combata absurdamente lo nuestro virtuoso, como en alguna medida lo es el equipo de futbol “la vinotinto”, por aupar con balurdería frente a ellos al equipo español –y sin embargo tienen derecho-, y otra cosa es que yo deba ocupar mi tiempo en desmontar en mí toda la estructura de expresión lingüística “que nos llegó desde el pasado” en un mundo al que como dice igualmente Ramón Mendoza en su fresca paridura “Esta palabra que sueño”: “he venido para vivir, no tengo otra misión”.

Siempre me pareció nice, y quizás, lo reconozco, no fue por ninguna vocación altruista que me incliné desde niño por la actividad intelectual, sino en gran parte por cierta admiración al estilacho sofisticado que emanaba de las expresiones afrancesadas, a las que soñaba con emplear como escritor en uso de exquisito dominio: “Conversando un día con Pessoa en un citadino café de Casanay surgió la idea de publicar este poemario…” (Sopotocientos poemas de amor y un mísero relato) o en observación a John Lennon: “Standing in the dock at Southamton, tryin’ to get to Holland or France…” (John and Yoko ballad. The Beatles). No hay que olvidarlo –Ramón Mendoza dixit-, “los poetas son seres comunes y corrientes que a veces se la quieren dar de una vainita” (Sopotocientos …) (y sin embargo prefirió denominar “El canto del Piapoco” a su mejor cuento, en vez de “Mi delirio sobre el Támesis”, “París, el estrés y mis ensueños” o títulos por el estilo; como dijo Cucho Berbín -y yo lo apoyo- en generosa concesión a la soltura propia –de Ramón-: “Allá él”).

Mira, a finales de los años noventa, en otra de mis empresas editorialistas, publicaba un folleto de cuatro páginas (1/2 pliego doblado en dos), en glasé, a un color, al que denominé “Léelo” y que llevaba este slogan: “Un medio para incentivar el Optimismo y el Esparcimiento”; allí inserté, en la edición Nº 2 un artículo mío titulado “Alma animal”, donde enfocaba la visión de A. C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada acerca de lo que en términos literales sugiere dicho título; es decir la existencia del alma en la especie animal.


Prabhupada, en su libro “La ciencia de la autorrealización”, hablaba de la Analogía como un recurso de la Lógica que permite llegar a conclusiones a partir del encuentro de muchos puntos similares.


Él planteaba, esgrimiendo argumentos como prueba científica para su propósito mencionado antes: “El animal come y Usted come; el animal duerme y Usted duerme; el animal tiene relaciones sexuales y Usted tiene relaciones sexuales; el animal se defiende y Usted se defiende”, “¿Cómo puede decir que Usted tiene alma pero los animales no?”.


Yo le digo lo mismo a quienes practican esta especie de reduccionismo cultural: hermanos, más allá de cuestiones de forma que incluso entran en el campo de la subjetividad, todos los seres humanos somos iguales; la Analogía nos hermana a europeos, asiáticos, norteamericanos, suramericanos, y oceánicos, por encima de fronteras, razas, costumbres, y cualquier otra mariquera.


¿Es insoportable que sectores de esas comunidades foráneas sean excluyentes y discriminatorios hacia el latinoamericano? sí, lo es; ¿pero por qué tendría yo que dejar de citar a algún intelectual español, por ejemplo, si confecciona una expresión ajustada a algo que quiero transmitir y que me nace utilizar como apoyo para un discurso? o ¿por qué debo aprisionar en mi boca un canto de la inspiración de Charles Aznavour, Alejandro Sanz, Pepino Di Caprio, o cualquier otro de ellos? ¿Porque algunos europeos mala conducta me llaman “sudaca”? ¿Es que acaso si me entro a piña con un maracucho tendría que dejar de comer mojito en coco, o hacerle la cruz a las canciones del “puma” y Lila Morillo?


Díganme si no es una vaina loca de la cultura matarile lo criticado por mí al video de “Dame pa matala”; pregúntenle al San Nicolás de Gino González si él está contento con toda una sociedad “en honda” de panitas rasta, waperó, emos y tal y qué sé yo, que se encayapan contra un sifrinito “ay, fo” quien por cuidadoso de su organismo es execrado de la risa y la alegría hasta que no pisotea su propia dignidad y tiene que venir con el rabo entre las piernas a jartarse de perrocaliente en complacencia servil al Furer colectivismo que allí se dibuja; o lo que es lo mismo a participar sin alma en el festín cabilla de la comida chatarra: “pepsicola, mayonesa, Micky Mouse y pato Donald”, exponiéndose fuera de trinchera a que como al gordo barba blanca que sale en diciembre, cantado por Gino, le den “una patá por el culo que lo regrese a su casa” sin pasar por go ni cobrar doscientos.


Tales rasgos de “bella tolerancia revo” me llevan a valorar con más ahínco una de las propuestas filosóficas con mayor peso de sensatez que por encima de cualquier consigna panfletaria de los desafiantes tiempos que corren, ha manifestado el talento venezolano en los últimos cuarenta años: “Hay gente que cree que está en algo, y no está en nada; tú debes estar en algo; sé tú mismo” (¡Sigue adelante, Trino Mora!).
 
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