domingo, 29 de junio de 2014

“CHAO, MADURO” ¿La canción necesaria?


“Escucha San Nicolás, ya te hemos descubierto,
a mí no me engañas más, puedes tenerlo por cierto”;
Gino González.

Las luchas estudiantiles y de soberanía popular en general de los nuevos tiempos, se demarcan por un énfasis grave en el sentido de criticidad que estimulan muchos factores políticos, especialmente, para los cuales la parte oficial no ha ofrecido, en un empeño terco por mantener al país dividido entre amigos y enemigos –por encima incluso de los diálogos con la MUD-, sino la voluntad de fortalecer la dependencia lacaya respecto a nuestros hermanos cubanos, pero no en la tradicional amplitud que se ha tenido siempre desde nuestra raigambre bolivariana erigida en el Discurso de Angostura por nuestro humilde hombre de dificultades, Simón Bolívar, eterno Libertador, con la que abrimos los brazos no sólo a cubanos, sino a colombianos, peruanos, españoles, italianos, haitianos, norteamericanos, africanos, chinos, y más, sino en un evidente entreguismo de nuestra independencia patria, que pisotea sostenidamente los derechos constitucionales de quienes valoramos la herencia emancipadora, heroica –decimos con Eduardo Blanco-, atesorada por siglos en nuestra alma de combatientes patrios, por el imperio en nuestro suelo de una justicia refinada; nuestra Constitución Nacional, no es el producto de un brainstroming de montoneros y anárquicos, como los que deplora Francisco de Miranda en una de sus quejas más resonantes: “…a ustedes lo que les gusta es el bochinche”; es la responsable minuciosidad de orfebres milenarios, de alquimistas de la historia, que rindiendo tributo a la lógica más elemental, y aun por supuesto dotados de las naturales imperfecciones que nos acompañan, han desarrollado un trabajo esencialmente intelectual, acaso desde que Andrés Bello y su sobresaliente sabiduría, como reseñó Arturo Úslar Pietri, entregó sus esfuerzos, junto a otras figuras de similar relevancia, por continuar en las ciencias, en las artes, y otras disciplinas inmanentes a nuestra dinámica ontológica, la labor de trascender espiritualmente desde la barbarie impositiva, macha, hasta las alturas del Ser reflexivo, ecuánime, progresista, equitativo, que relumbró en Europa luego de la etapa medieval, cuando la Revolución Francesa y su impetuosidad erudita, neo clasicista, laboriosamente macerada desde tiempos inmemoriales, estalló en su vanguardista nivel evolutivo, y parió el nuevo tiempo, el Estado Moderno, al que sabemos, repudian desde sus madrigueras sombrías, los devoradores de sueños, los sátrapas de la irracionalidad, los pescadores de incautos e ingenuos, con arteros manejos de la psicología del Ser desprevenido, para asaltar “dictatoriales” la representatividad que en muchos casos les otorgan ciertas coyunturas sociales; se preparan para dominar, para sostener el poder, pero con fines inconfesables; por eso difunden la literatura goebbeliana, maquiavélica, de Thomas Hobb, entre otros, aprovechando las partes que sirven a la retención del poder por caminos sin ética, y atacan con disimulo mientras es necesario los valores sempiternos que ofrece la ritualidad mística.

Los cubanos de Misión Barrio Adentro, a mi entender, son una bendición; así como los instructores de atletas y fisicoculturistas, entre otros; pero no podemos los venezolanos tolerar las públicas reverencias oficiales a la jerarquía política cubana, en términos de oficialidad; la denunciada injerencia militar de agentes cubanos en nuestras fuerzas armadas.

Es notorio que subliminalmente –en cuanto a quienes no procesan con avispado hábito el acontecer propagandístico- se nos ha querido desde un principio clavar la simbología proselitista cubana desde el abierto slogan “Patria, socialismo o muerte”, las iconografías por doquier de Fidel, el Ché Guevara, etcétera, hasta el persistente corazoncito con la bandera venezolana, pero con una sola estrella; ante lo cual, cualquier oposición que más o menos se proyecte con fuerte intencionalidad transformadora, es enfrentada bajo el esquema de contraofensiva de guerra; en donde la inmaculada categoría proteccionista de Don Estado, asume su carácter profano y justifica cualquier “hollada de suelo constitucional” posible; porque, bueno, “El fin revolucionario mismo justifica los medios”.

Así podemos escuchar ciertas canciones radicales, por ejemplo, ante las deserciones que ya se desatan en el segmento oficialista, que nos recuerdan nuestro discipulado rochelero, por aquello de “macho que se respete y tal”, donde desde su “resuello esnú” aconseja mi amigo en facebook  Gino González -pensador “rojo, rojito” y baluarte quinto republicano de la llamada por ellos “canción necesaria”-, a sus lectores en el Correo del Orinoco: “Que en esta guerra económica los que disparan no son francotiradores escondidos. Están ahí a la vista de todos. Yo no sé por qué no les metemos aunque sea una pedrada. Tipo ‘Economía de guerra’”.
Pero qué más economía de guerra quiere Gino, me pregunto, si toda la política económica impulsada desde el poder en los últimos tiempos, ha sido un joropo tramao de plomo parejo al aparato productivo, donde las empresas privadas han sufrido un colapso lapidario que en importantes casos han producido el cierre de las mismas, y las que quedan funcionando están sufriendo los rigores de un alicate desincentivador que nadie puede ocultar; se filtra de manera estricta la entrega de dólares para la adquisición de productos importados, entre otras cosas, y se crean mecanismos que reducen las posibilidades de obtener ganancias rentables y/o sustentables en un mercado con visos de ambigüedad gramsciana altamente inoperantes; muchas empresas que son objeto de privatización caen automáticamente en un estado de crisis que incrementa junto a otros factores perniciosos la precariedad de nuestra solvencia en diversas áreas, dada la proporción del “huecote” fiscal que presenta la Nación respecto a los vaivenes inherentes a la balanza de pagos; por eso no pueden entenderse sus ganas de caerle a pedradas a quienes ejercen democráticamente derechos constitucionales haciendo oposición, sino como una imagen nada poética,  en la línea de aquel facineroso montonero de la película “Los tres amigos” a quien apodaban “el guapo”, que todo lo resolvía, valga la metáfora con “patadas por el culo” constantes y sonantes como aconseja precisamente el autor de “La nalga de la noche”, “Venezuela es una vaca”, y “El socorro es un pueblito”, despachar al San Nicolás al que detesta porque le gusta “pepsi cola y mayonesa”, como le gustan -a juzgar por uno de sus reconocidos videos, a “Dame pa matala”- las hamburguesas y los perrocalientes.

Tal exhortación parece responder al hecho de que nuevos sacudones tormentosos inclinan al Titanic revolucionario, hacia el icberg definitivo donde el pueblo venezolano pudiera estarse despidiendo del Presidente, no con las otrora altisonantes maneras de Gino, sino con la breve expresión que utilizamos por lo común cuando nos despedimos de alguien, así como otorgándole al evento una formalidad un tanto ligth: “Chao, Nicolas”; tal cual como pudiera soltarlo por ejemplo Teodoro Petckoff.

El gobierno realiza sus enroques de costumbre y sale Giordani, quien reacciona epistolar describiendo un listado de irregularidades que a su juicio presenta como raya la presente gestión; golpean Contragolpe despidiendo a Vanessa Davis, una de las piezas comunicacionales pro gobierno que aún ofrecía algunas concesiones a la objetividad chavista; Alberto Aranguibel, curruña humorística de los Roberto, es sacado del aire al momento de analizar la carta antes mencionada; José Vicente Rangel, leo en un Noticierodigital de estos días, señala en desentonado mea culpa abusos en los procesos de expropiación ejecutados por la oficialidad; en el artículo del articulista carabobeño Luis Cubillán, me parece entender que la gente de Aporrea también marcó distancia respecto a la tendencia actual del rumbo revolucionario.

Canto en Caripito con mis panas “Aturdido y abrumado” de José Feliciano, y por más que me lo expliquen, hasta con plastilina, no logro asimilar que en el instante pueda existir una canción más necesaria que la que me baña de sabor a vida, frente a una copa de vino, y sardinitas fritas, con casabe.




domingo, 27 de abril de 2014

VIVIR GRACIAS A DIOS
Pablo J. Fierro C.
“Yo pecador me confieso”
Oración católica.

Jesús de Nazaret entregó su vida por nosotros. Vino al mundo hecho hombre para que a través de su vida, pasión y muerte, viviéramos nosotros; ayer, hoy y siempre.

Sin el sacrificio que hizo, muriendo en la cruz en tiempos de Poncio Pilatos, gobernador de Roma, no habría esperanza alguna para quien vive en enfermedad, en desasosiego, en crisis, angustias, en profundas oscuridades. Dios es bueno; Dios cuida de sus hijos; Dios es amor; y por eso tenemos a Jesús, para que tengamos quien nos levante, y nos dé luz, a fin de ya bajo su Gracia, que significa aceptarlo a él, Cristo, como Señor y Salvador, entendamos que esa acción nuestra de refugiarnos en él definitivamente, nos guiará en algún momento, a una vida mejor, más agradable, y sobre todo nos salvará de la muerte, por medio de la resurrección, y nos mostrará su Gloria, luego de ella. De cuerpo corruptible, dicen las epístolas sagradas, pasaremos a tener cuerpo incorruptible.

Se precisa tener paciencia y humildad, entre muchas otras cosas; porque Dios –afirma el pastor evangélico Otoniel Font-, es un Dios de procesos; aunque creo, por mi  parte, que es también un Dios de “abrir y cerrar de ojos”, para hacer milagros; no sólo él –afirman sus enseñanzas-, nosotros también, por medio de nuestra fe; recordemos la tajante forma en que un apóstol, ya investido del Espíritu Santo, curó al instante a un paralítico que le había pedido dinero: “No tengo oro ni plata, pero lo que tengo te doy; levántate y anda”.
La Gracia de Dios se revela como un estado de poderosa unción, en el que entramos a morar bajo la cobertura de él, quien nos creó, y emprendemos un camino de perfeccionamiento, bajo sus alas, de acuerdo a una promesa alentadora: “Quien comenzó en ti la obra, la perfeccionará”. Es decir, desde ese preciso instante en que decimos a Dios que aceptamos el sacrificio de Jesús en la cruz, como evento en que se sella el acto de redención divina para la humanidad, nos entregamos, masa amorfa, a las manos del orfebre que hará de nosotros según la voluntad de él, lo que quiera hacer para cumplir, en uno, sus propósitos; morimos entonces a nosotros para darle a él –Jesús- vida en nosotros; él nos dice: Venid a mí todos los que estén cansados de sus trabajos y cargas, y yo los haré descansar; acepten el yugo que les pongo, y aprendan de mí, que soy paciente y de corazón humilde”. Nos pide también: “Bástate mi Gracia”; como para que no nos angustiemos o afanemos queriendo tener lo que nos pueda dar satisfacciones en este mundo, según lo que nosotros mismos consideramos; lo que nos conviene él lo sabe, y lo lógico es vivir para lo que nos conviene según los propósitos de Dios, y no lo que se adapta a nuestro propio parecer, si se aleja de aspectos relacionados con el Reino de Dios. Bastarle a uno la Gracia de Dios, conformarse con el hecho de que Dios murió por nosotros para que tengamos vida en abundancia, es advertir, que pudimos mantenernos bajo condenación por causa del pecado de Adán y que vivíamos en muerte eterna, y moriríamos irremisiblemente bajo las garras de aquel que “anda como león rugiente buscando a quien devorar”… quizás de nosotros mismos sin él, Dios.

Esa resignación que debería darnos alegría, y que impone incluso la vida en gozo, por ser salvos, es sin dudas para quienes creemos, justa y necesaria; porque sabemos que es mejor vivir que morir, o que medio morir, o medio vivir; y Jesús nos promete para algún momento en sus planes, darnos vida; y no poca, sino en abundancia.

“En el mundo tendréis aflicciones” –dice la Palabra de Dios, la Biblia-; y es algo que por más que seamos personas exitosas y tengamos cosas materiales que nos permiten confort, diversión, posibilidades de mil formas, podemos constatar frecuentemente en nuestras propias vidas. Suele haber situaciones que nos recuerdan lo plantados que estamos en el mundo, donde ya está –dijo Jesús- el Reino de Dios, pero “ustedes no lo han visto”. Conformarse con la Gracia de Dios es un aliciente de tipo bifrontal, como dice alguna canción de “Mecano”; porque significa que Dios nos pondrá en el lado de las ovejas, y no de las cabras, a la hora de separar su rebaño, y nos brindará sus poderosas bendiciones por habernos portado bien, “conforme al corazón de Dios”, como el joven David –luego rey de Israel-; pero también sabemos que no vinimos “a ser servidos, sino a servir”; que el camino para llegar a la vida no es ancho, sino estrecho; que nuestra Salvación “no es por obra, sino por fe”, por lo que esperar de inmediato retribución a lo que hagamos bien, es ir en contra de lo que Dios exige, si esa espera involucra el “gloriarse”.

Conformarse con la Gracia de Dios, es advertir que en medio de esa resignación, Dios nos brinda cuando lo decide él, bendiciones importantes, bonitas, agradables, y que nos da la fuerza prometida para resistir en la dura batalla por la felicidad que busca casi que genéticamente nuestro Ser, muchas veces infructuosamente; es decirnos, yo soy el odre y él es el orfebre; Dios me forma según su sabiduría y uno se deja moldear en silencio según nuestra categoría de barro sin opción.

Pero pudiera ser peor. Nuestras vidas en ocasiones, pudieran ir por despeñaderos incluso sin resignación, sin fe, sin esperanzas, y sin oportunidades de estar un rato en paz, por causa de no aceptar ese sacrificio de Redención; de nuestra tozudez para creer que somos dioses de nosotros mismos, y que podemos regir los sucesos de acuerdo a nuestros propios pareceres (como ciertamente pudiéramos estar acostumbrados a hacerlo; mas todo es parte de un sistema donde el cielo permite o evita actuaciones signadas por libre albedrío); en esos momentos está siempre alguien o algo recordándonos, por un lado que “el diablo está como león rugiente buscando a quien devorar”, y por otro –lo más importante-, “Cristo está a la puerta y llama”.

La emboscada del diablo es para tu perdición; Dios no quiere verte sufrir, sino darte con él, la Gloria. Ambos caminos pueden ser tortuosos, pero uno te sumerge en un abismo infernal; mientras el otro, donde sufres menos la andanza, te garantiza un Paraíso; ahí tu tristeza se convertirá en alegría, luego de luchar “el buen combate” que luchó San Pablo apóstol.




sábado, 7 de diciembre de 2013


PAGAR IMPUESTOS ¡QUÉ GOLILLA!
Pablo J. Fierro C.


El orden fiscal se define a partir de diversas variables concatenadas que operan en un escenario de acuerdos preestablecidos por la Constitución y las leyes de la Nación; quiero decir: Estado; comercio; grande, pequeña y mediana industria; artesanos; etcétera.

La dinámica económica, producto de necesidades naturales del proceso socio político contemporáneo en Venezuela, describe una realidad que obliga a los entes involucrados, a sujetarse a las diferentes exigencias que imponen los deberes y derechos con los que se garantiza, como fruto de una optimización increscendo de la evolución civilizatoria, desde el punto de vista de los ideales democráticos, lo que podemos conceptualizar, apoyándonos en una expresión de uso frecuente en los últimos años, como “calidad de vida”.

La polvareda levantada por las recientes políticas de corte económico, que implementó el gobierno nacional en función de lo que consideraron un imperativo ineludible, debido a las cuales se procedió a la intervención de las mega tiendas de productos de diversa categoría como electrodomésticos, maderas, cerámicas, ropa, entre otras, impactando, por un lado al empresario directamente afectado, y a toda la estructura económica nacional –a nivel macro-, y por otro lado a las expectativas de redención social de los sectores con menos posibilidades, de beneficiarse mágicamente, al adquirir productos tradicionalmente costosos, a precio de golilla, de gallina flaca.

Como toda medida de semejante proporción, donde las empresas acusan el retumbe espasmódico del lineamiento empoderado con mano de hierro, al desplomarse en horas el flujo de ganancias cotidianas, de un modo dramático, se incuba y explota con inmediata espontaneidad, la respuesta de facto y comunicacional, por parte de los afectados, con algún estertor de pataleo cuando ya el daño está hecho, y la pólvora encendida del periodismo opositor, conjuntamente con la indignación ciudadana adversa la medida.

Es un tipo de suceso que obliga la atención general del venezolano responsable con su país, porque lo que está en juego frente al mismo,no es algo aislado que afecte a un sector determinado, como por ejemplo la salud, la educación, la niñez, u otro; se juega con las bases fundamentales de la plataforma que sustenta integralmente cada faceta de los constructos de producción, supervivencia, diversión, y más, que en general nos capacitan para engranarnos con los mecanismos internacionales de comercialización e interrelación general, gracias a los que, de acuerdo a nuestros recursos naturales renovables y no renovables, a nuestras posibilidades de insertarnos en el intercambio de importación y exportaciones, podemos detentar una posición digna que nos permita como es deseable, mantener nuestra calidad de factor independiente y solvente.

El quiebre de nuestro aparato productivo –con razón o sin razón-, que pudiera ser una consecuencia a corto, mediano o largo plazo (como también pudiera no serlo), constituye una espada de Damócles que se acentúa como riesgo en esta coyuntura ya menguante de largas colas para hacerse de un 24 pulgadas de alta definición con blu ray y otras delicias, una cocina, un horno microondas y pasar diciembre full pantuflas en asiento nuevo, mullido y reclinable ¿es malo? diría Luís Silva: “A quién no le va a gustar?”

Porque no es la primera vez en nuestro proceso histórico que tenemos un hueco fiscal respetable, que hay escasez, que hay devaluaciones, especulación, y tal; pero también han sido de carácter fluctuante los momentos en que en el gráfico representativo de los vaivenes de nuestra economía, se han registrado picos favorables como para que se incremente la compra de Hummers, rolex, harina pan, café, trajes de marca, carros, colchones, y todas aquellas cosas que nos gusta tener porque nos hacen sentir bien; es decir, desde el prócer independentista José Antonio Páez para acá, la economía de nuestro país ha tenido altas y bajas por las que estrenamos ropa y hacemos hallacas en diciembre, o no, y aun así, en tiempos ya de revolución siglo XXI y tal, incluso ahorita, cuando la sensación de breve roce con la ergonómica tecla del dual core de costumbre, oscila vertiginosamente en las yemas de mis dedos a cada ráfaga entrecortada de inspiración, nuestros valores de solidaridad integracionista, cargan trasatlánticos generosos, con petróleo, para que en Cuba, en África (afectuosos saludos, Mandela), en Haití, tenga la gente que en dignidad depende -de nosotros, de Argentina, de México, de Estados Unidos, de Rusia, de China-, el pan de cada día.

En mi opinión, como pueblo bolivariano auténtico, sin exclusiones panfletarias, con esta embestida de alta investidura, de corte impositivo –o con la venia de usted, señora Carta Magna (some people say)-  nos estamos jugando a Rosalinda; a voluntad por un lado, y en contra de nosotros mismos por otro (no olvidemos que “al látigo de la revolución le hace falta el látigo de la contra”).

Echando el resto, pudiera pensarse, como una determinación ya de que “O inventamos o erramos” –Robinson dixit-; por la vía de acercarnos a los anhelos de Samán en cuanto a aquello de que los precios deben estar determinados por el costo, y no por oferta y demanda; por vía de que el debido proceso no es tan importante porque “el Estado soy yo” –Don Luis XIV-; porque más vale salto al vacío desconocido que leyes de la economía por recordar, el comandante supremo de los chavistas lo dijo: “la economía es demasiado importante como para dejársela sólo a los economistas”; porque “ser rico es malo”, y tal.

Uno dice, okey, la medida afecta a los pudientes pero me favorece a mí porque de otra forma no puedo poner puertas a mi casa de los pies a la cabeza “uayo, uayooo”… (es mi caso; marcaron en mi brazo izquierdo el número “75”, pero entré como de noventa, dado que los agentes del orden estuvieron pendientes de que las cosas marcharan como debían marchar); pero, ojo, repito, con aquella coyuntural ola de rebajas milagrosas, pudiéramos estar concurriendo a un futuro donde lo que tal vez quede como herencia para sustentarnos como pueblo, sea el sistema económico comunista puro y simple; es decir, el capitalismo de Estado; un régimen donde las relaciones de compra-venta domésticas brillarían por su ausencia; es decir, adiós bodeguita de la esquina; adiós voy a comerme par de perros con refresco para mí y la tierna; adiós me voy a Orlando, a Miami Beach, a Perú, y tal con dinero de mi propio peculio; y sobre todo, adiós Carta Magna, y bienvenido sea el triunfo ¿definitivo? en Venezuela de los representantes de la lucha de clases marxista-leninista: bienvenido “papá Estado”, rectores supremos y sacrosantos desde la autoridad incuestionable empoderada.

La pregunta es la siguiente: ¿Puede cimentarse satisfactoriamente Venezuela en un mercado internacional de manera sólida, firme, experimentando con fórmulas que de alguna manera otros países han intentado implementar sin tener éxito, y que en donde se ha mantenido, la contradicción ideológica ofrece flancos para la crítica sardónica por todos lados? es decir, un ni chicha ni limonada insustancial. Porque capitalismo de Estado significa capital en manos exclusivamente del Estado; empresas, industrias, todo, bajo la propiedad y el manejo único del Estado. Un capitalismo de Estado donde tú tengas una bodega, una fábrica, un kiosko de periódicos, una venta de cerveza artesanal, cualquier cosa donde ganes dinero y manejes un capital, es capitalismo de Mercado puro y simple; o sea neoliberalismo mesmo; más nada; ¿o es que tú vas a montar un negocio para tener pérdidas, y si tu refresco tiene chispitas de colores que explotan al saborearlo no lo vas a poner en el periódico como una ventaja competitiva?; “Zapatos ‘Wilvi Pinki’ con suelas de acero inoxidable, como ninguno, pero cómpraselos a Juancito el de la esquina donde se la pasa un gordito en la puerta porque pobrecito él (Juancito, no el gordito)”.

Pero aun a expensas de que este “invento” de emanaciones robinsonianas nos lleve al despeñadero no añorado, el que no aprovechó las recientes golillas para comprar cocina, baldosas, neveras, licuadoras, y más, se perdió de obtener legalmente, a bajísimo precio, productos que de no haber mediado la susodicha intervención del gobierno, seguramente muchos de los que sí las aprovechamos no hubiéramos podido hacerlo.

Sin lástimas y sin culpas, porque negarse a comprar legalmente lo que ofreció la industria y el comercio mediante el atajo político-económico aludido, levantando banderas o estandartes de orgullo patrio o similares, en razón a pretendidas posiciones de verticalidad ética, de cara al evidente drama económico capitalista “mondo y lirondo” que se proyecta, no tiene como valor moral ningún asidero; pensar que una turba de muchachos y muchachas reguetoneros, rockeros, guaperós, y similares como los que se agolparon en Macuto –Big Low Center- para zumbarse una de rebajas burda de finas, pueden ostentar, observando incluso los propios hechos, un criterio lo suficientemente maduro como para analizar la problemática económica que vivimos, es infantil, con todo respeto.

¿Iba cualquiera a esperar que subieran los precios, para comprar, en las mismas tiendas que vendieron golilla, y sentir, oye, qué va, yo soy clase aparte; con interventores de esa categoría ni a misa?

Ajá. O sea, que tú no pagas impuestos ¿acaso en tu empresa no tienes archivos físicos y virtuales donde llevas un inventario ordenadito de facturas, bauches, notas de entrega, órdenes de compras y más con los que le rindes cuenta al mismo gobierno que “le echó el vainón” a este, al otro, por lo cual un conglomerado con deberes y derechos igual que tú acudió legalmente a comprar sus estrenos “ta barato”?

¿Lo ves? ¿El gobierno es ilegítimo para mí por comprar en Epa en estos días, mas no para ti que hasta tienes contadores a tu servicio con prestaciones, utilidades y bonos vacacionales para pagarle a Maduro?

¿Qué culpa puedes endilgarle a los trabajadores del Mar de la cerámica, Daka o Mercantil Zamira por prestarse a asesorar, facturar, embalar y despachar a los que aprovechamos las golillas de fin de año?

Ponte que sea una clínica que tiene cobertura en tu póliza…

¿Lo ves?







martes, 8 de octubre de 2013




¿CHÁVEZ VIVE?
LA DUDA SIGUE

Pablo J. Fierro C.

“Recordábamos esa lección del magistral filósofo español, por cierto, hace algunos días, cuando la imagen de un fantasma llamado Catilina nos asaltó la memoria al verlo y escucharlo en la realidad virtual que nos envuelve a través de los “mass media”. ¡Catilina is come back!”


“Toma mi mano, viejo amigo, y date un chance”; así estremeció muchas conciencias relacionadas con asuntos de corte social –aquello de vicios que esclavizan-, un hijo de Luis Enrique Mejía Godoy, baluarte ideológico y melódico de la revolución sandinista, en los años setenta, para fortalecer la resistencia contra Anastasio Sumoza, quien cayó finalmente, para dar paso a Borges, el comandante “Cero”, Violeta Chamorro, -entre otros líderes-, y el pueblo nicaragüense, quienes hasta hoy mantienen la permanencia política que les inspiró con pasión aquel hombre, Augusto César Sandino, y el persistente empeño libertario, según sus particulares ideales, del FSLN (Fuerza Sandinista de Liberación Nacional), bastión armado que dejó su fe en el rojinegro de la sangre y la muerte, en muchas trincheras de Monimbó, Masaya, Estelí, León, entre otras poblaciones. (“Nunca podremos escribir en nuestra historia tanta muerte, de los que ayer se fueron como vos y no volvieron, pero ha crecido en los caminos y en todos los pueblos, el rojinegro canto de los guerrilleros”. Ayer se Fue. L.E.M.G.).

Luis Enrique, el hijo, refrescó con su juvenil incursión en el mundo musical, y su propuesta renovadora, la herencia de luchas fratricidas, lastimosas, que dejó en acordes y notas de ilusión por sus sueños y los del pueblo por quien cantó, aquel que le dio la vida: “Toma mi mano, viejo amigo, y date un chance; dale la espalda a ese infierno delirante”.

Me pregunto ahora por qué tomé éste camino, para hablar de la presunta grabación que recorre la noticia, en la que pudiere sonar contra todo intersticio de razón, o de conformación lógica de alguna afirmación enmarcada dentro de nuestros esquemas sociológicos, la voz del finado comandante Hugo Rafael Chávez Frías; ex presidente de la República Bolivariana de Venezuela –ocho estrellas, caballo recto, y posiblemente, Bolívar nació en Capaya-.

Al principio se lanzó el dardo para la duda, como algo insignificante, y de mi andar cotidiano, no he recogido después mayores datos que me ayuden a profundizar en la elaboración de un criterio al respecto, más acendrado. “Puede que sí, puede que no”, piensa uno; se han visto cosas.

La política de un país donde hay huecos fiscales respetables, balanzas de pago nada prometedoras, alzas de precios rompebolsillo, escasez de productos hasta para añorar Patria en resignada impotencia compensatoria; uno que otro Paseo Cabriales brillando para una comunidad que ha sufrido, amado y esperado, como San Blas, en Valencia-Venezuela, pero que incluso ante la pulcritud asombrosa de un puente Morillo rescatado de sus cenizas, nos punza siempre la necesidad de esperar más de quienes administran los recursos, acaso por ser nosotros discípulos nostálgicos de un pretérito slogan para seguir aguantando callados, difundido ad cansancium por no recuerdo ya que dependencia oficial cuartorepublicana –actualízate, Perucho-: “Falta mucho por hacer…”.

Quiero decir, que “el que está picao de culebra cuando ve bejuco, brinca”, y que si son necesarias las cortinas, es porque seguramente hace calor, pero entra polvo.

No hace falta, frente a lo que me recuerda de nuevo el más reciente artículo de la columnista Carolina Jaimez Branger, quien alude también al referido caso del “Chávez no se fue”, excusarme por acuñar aquí, la alternativa del pote de humo como única vía para entender por qué hemos de volver a la reiterativa costumbre criolla, de ser folclóricos, de no dejar quieto al espectro mediático con los sucesivos sobresaltos por nuestra capacidad de inventiva; por qué no dejar que Miranda y su “Bochinche, bochinche, a ustedes lo que les gusta es el bochinche”, descansen en paz per sécula seculorum; diría con su desfachatez campechana y risueña, otro Perucho –el Conde-, otrora consuetudinario en nuestra TV rochelera: “parecen loooocos”.

El poder es creativo, o la dinámica de los sucesos que le atañen en cuanto a la necesidad de mantenerse en el tope de la popularidad a fin de perpetuarse, lo obliga al menos a inventar o errar, por eso suele requerir asesoría de expertos en ciencias políticas, marketing, psicólogos, otros, para que su proyección mediática, a la par de todo cuanto en medidas vinculadas a las necesidades sociales, favorezca la persistencia de los niveles de aceptación y simpatía que las figuras de investidura, visibles, en función de las grandes audiencias, garantice la sintonía de rigor; pa’tras espantan.

El poder nuestro, además, de cada día, quedó –evoquemos al cumanés glorioso de la palabra, Andrés Eloy- “como capilla sin santo”, desde que la sucesión de hechos que apartaron al nieto de Maisanta de la primera magistratura, por enfermedad, desembocó finalmente en una imagen grave, pesarosa, del actual Presidente nuestro, comunicando a la nación el viaje esotérico póstumo del líder supremo del PSUV, y de todo aquel que quiera asumirlo como tal; bueno, y en un país que pronto derivó hacia políticas económicas y de otra índole, que aún no ofrecen un inventario satisfactorio como el que esperamos, para sentir que ya florecen las amapolas de lo que nos devuelve identidad cívica.

A veces me imagino a Chávez en moto –tal vez una Harley-, paseando con una melena de esas que pudieran imitar la presencia excéntrica del “chino cano”, protagonista de un caso del pasado puntofijista que fue al cine en la mirada de Chalbaud, e identificado en el anaquel de películas made in Venezuela como “Cangrejo”.

Porque así era Chávez, según contó muchas veces, un tanto impredecible (“yo salgo por la puerta de atrás de Palacio –podía narrar entre sus jocosas alocuciones-, y ahí agarro una moto de fulano de tal, y me voy a pasear por esas calles”); sino que lo digan los personeros del último gobierno de CAP, y éste mismo, quienes probaron de esa amarga medicina, la noche en que los puntales del “Juramento del Samán de Güere”, amanecieron de golpe con un grupo activo de militares insurgentes aguándoles el guarapo en diferentes puntos del país, que "lamentablemente por entonces, tuvieron que conformarse con deponer las armas y ayudar a que la sangre no llegara al río.

Quién podía pensar que pocos días después del golpe de abril de 2002, veríamos a Chávez regresar triunfante en la eufórica noche de los helicópteros, luego de un periplo de excesivas tensiones y hechos dolorosos, para devolverle la sonrisa a un pueblo que sin dudas encontró en él un complemento a sus estructuras psicosomáticas, y que ya, en algunos focos, imponderables, podían estar cerrando la santamaría, que en su corazón permitía la comunicación con la recurrente consigna de lucha, que entre otras, como aquella de “Chávez los tiene locos”, tenían cuando menos una fuerte potencialidad para lograr disociaciones en ciertos centros impacientes: “Uh, ah, Chávez no se va”.

Estos “centros impacientes”, estimo, estarán pegados de todos los santos oposicionistas, ante la posibilidad extravagante (por aventurar un término que defina la locura que en verdad pudiera significar una cadena oficial con el Presidente Maduro a la cabeza, anunciando que “Estimados compatriotas, el pueblo venezolano está de fiesta; es un honor para mí tener la oportunidad de comunicarles, que luego de una serie de investigaciones con el uso de tecnología digital de vanguardia, logramos determinar que la grabación según la cual el comandante Supremo está vivo, es absolutamente confiable”)… posibilidad extravagante, decía, como para reflexionar sobre lo que, afirma José Ortega y Gasett, citado por José Joaquín Burgos en su columna del sábado: “los fantasmas de la historia había que sepultarlos definitivamente para que jamás regresaran. Los pueblos que no entienden ni hacen esto se verán condenados a revivir siempre el pasado y sufrir las experiencias y visiones grotescas de sus errores y de la presencia de esos fantasmas”.

Por supuesto que el regreso, vivo, del ex presidente Hugo Rafael Chávez Frías, constituiría en honor a la decencia y la moral, lejos de un motivo para pensar en sepultar nada, haciendo referencia a la expresión del filósofo, una ocasión para, por el contrario, limpiarnos de impurezas mundanas, hacer acto de contrición, propósito de enmienda, y cualquier requisito que nos acerque a la santidad, y acudir entonces a misa dominical para que Dios nos agarre confesados.

Jode Andrés Eloy (el ilustre cumanés, en una de sus rimas): “Cómo has cambiado Catalina, la que amaba ya no existe”, en alusión a las correrías de Miranda por la Rusia monárquica; bueno, estamos en tiempos impredecibles, como siempre; de Catilinas que resucitan (Burgos), y el “fantasma” de Chávez “que se muere por volver” –órale, cuate-…

Quien quita y vuelvan también las catalinas en su balcón sus nidos a colgar…

“En Dios confiamos”.









sábado, 28 de septiembre de 2013



HOLA, SOLEDAD


Pablo J. Fierro C.

“Soledad yo soy tu amigo; ven y vamos a charlar”.
“Hola Soledad” cantada por Rolando la Serie.

Desde hace años, me topo en Notitarde, con un espacio para la lectura al que administra con consistentes dotes para desarrollar ideas, análisis, opiniones, y todo el conjunto de variables necesariaspara escribir artículos, alguien que si mal no recuerdo, es periodista.

Digo que escribe bien; excelente uso de la gramática y un vuelo poético particular.

A Soledad Morillo de Belloso, no la conozco sino, así; sus letras y pensamiento, antes más o menos comprometidos con el quehacer político, y ahora, un tanto más filosófica; pero siempre brindando en cada entrega, la manifestación de que cuando nuestra mirada recorre en vertical las estructuras ideográficas que su intelecto recurrentemente aporta al debate cotidiano, hurgamos en las inquietudes ciudadanas de una mujer perspicaz, avisada;aventajadamente preparada desde el punto de vista técnico -sin dejar de observar lo académico, y/o espiritual; y/o ideológico-y sobre todo, portadora de una apreciable cultura democrática; nos habla desde su tinta, de alguien a quien el tiempo pretérito dirigió con mano paternal, por senderos lumínicos donde los corpúsculos mayoritarios revelaban acendrados valores para forjar libertad, justicia, mayor suma de felicidad posible, razón, etcétera…En ella, sin dudas, están Rousseau, Bolívar, Martí, la generación del veintiocho… Gallegos, Andrés Eloy Blanco…

En “Santo remedio”, su dominical más reciente, aborda el tema religioso; una de mis más apreciadas obsesiones.

Soy escéptico para todo, menos para la creencia en Dios; creo hasta ahora, que es la única manera de ganarme el cielo. Uno debe torear, frente a los cachos del “mundo”, insinuaciones que aluden categorías de “fanático”; asunto que por sí solo, incomoda bastante.

Soledad Morillo, se reconoce a sí misma, en estas áreas del conocimiento, como una católica no de esas “ortodoxas”, sino por el contrario, “de poca persignación”; es decir, pudiera pensar uno, también un tanto perspicaz, de esas y esos para quienes su “sí”, no siempre pudiera ser “sí” y su “no” no siempre pudiera ser “no”; esto lo entienden rápido, sobre todo quienes tienen “ojos para ver y oídos para oír”, pero indica en definitiva que Dios no nos quiere tibios, nos quiere “ortodoxos”; entendemos la ortodoxia como el “apego a los principios”.

Hablar de un católico “de poca persignación”, es hacer referencia a aspectos formales que en verdad no tienen mayor importancia, porque en términos “ortodoxos”, “el árbol se conoce por sus frutos”; o sea que si no me persigno, pero cumplo con mis deberes de fe, no hay problema; pero hablar de un católico “no de esos ortodoxos”; es sencillamente estar en la presencia de alguien que pudiera pasarle al prójimo en necesidad urgente o no, por un lado, y hacerse, como decimos los orientales, “el de Río Caribe”; o sea, recordemos al Padre José María Rivolta, el que “cumple y miente” –explicando él la palabra “cumplimiento”-; no digo que Soledad –permítaseme la comunicación informal-, “cumpla y mienta” a ultranza, o que pudiera hacerlo eventualmente-; lo dicen sus propias palabras.

Mi balance acerca de “Santo remedio”, para no extenderme mucho, es que en líneas generales, ofrece elementos para considerar que en general, edifica; y eso, en mi opinión, es lo más importante; reconociendo ella con sinceridad que se le aplaude,su forma de asumir la religiosidad;ofrece al público una amable exhortación a sintonizarse, en definitiva, con los más elevados valores de formación civilizatoria; tanto desde el punto de vista del judaísmo, como del cristianismo. Pecado o delito, lo importante es vivir en armonía con el prójimo y con las autoridades.

Pero, disiento un poco de la forma en que, con un pie adentro y otro afuera de “la verdad”, se manejan displicentemente, esos asuntos, sin duda sacrosantos, para quienes valoramos un mundo sin anarquía, asociando el hecho de la fe, con la nomenclatura publicitaria, mercadotécnica, dada la intencionalidad estratégica-comercial del campo profesional mencionado: “Allí se quedaban hasta el fin del mundo y cuando todos resucitáramos –porque esa es la gran promesa básica*- pues los bebitos se nos unían y todos felices como perdices-“.

Claro que no se le puede pedir peras al olmo; cada quien se desenvuelve desde su propio nivel de conciencia, y eso tiene que ser así en un mundo donde “el silencio es enemigo de la democracia” (SMB); gracias a Dios no estamos obligados, en democracia, a callar, “aun cuando seamos culpables”, dijera Bolívar.

Soledad, dice, o así entendemos, que sólo hay un cristianismo: el católico.

Creo que está equivocada.

Mi afecto, y mis saludos.

*Subrayado nuestro.








miércoles, 4 de septiembre de 2013



Aproximación tardía 
a la posibilidad de que Wladimir Zabaleta entienda un cuadro mío

Pablo J. Fierro C.

Vi por última vez al artista plástico valenciano que acaba de marcharse rodeado de peces y meninas, Wladimir Zabaleta, ejecutando deconstrucciones en pequeño formato, de la mano del dibujo y objetos "fáciles" -creo que vale-, y ofreciendo a una copada sala de los espacios del Diario "El Carabobeño", un sereno discurso acerca de algunos aspectos que le gustó comentar.

Mucho tiempo antes, tuvo en mis manos un cuadro mío, escogido entre otros dos, creo, al que esta vez gustó adquirir dejándome una frase que sentí algo desconcertante: "No sé qué quisiste hacer aquí, pero me gusta" -algo así.

Para la época, hurgaba yo, quizás contrariamente, en "constructos" abstractos. Me complacía en estructurar masas cromáticas de cierta difusa homogeneidad, aplicando trazos lo más sueltos posibles, en contextos de bases plásticas de tendencia casual, que en conjunto dejaran satisfacción a mis propias expectativas, pero que se ajustaran todo lo que pudieran, a códigos de composición y de armonía de color, más o menos universales.

Quise en esa obra hacer más o menos eso, señor del arte, Wladimir Zabaleta.

Dije "desconcertante", porque no esperaba que alguien de su talla, acaso por humildad, confesara sin reparos ignorar los búsquedas de alguien como yo, que aquel día, esperaba encontrarme un poco, en sus palabras.

Hoy, con la simpatía que puede sentir un hombre que ha pintado con algún considerable nivel de pasión, hacia quien brindó constancia y logros en concreto que por sí mismos son una escuela, sin necesidad de hablar; bueno, le doy las gracias por su colorido impactante. Yo, lo siento grande.

En el restaurante "Perecito", ya a no mucho de que otra cosa lo sustituyera, acabaría yo de engullir un bisteck encebollado, y me apenó ver al maestro Braulio Salazar y señora ante la posibilidad de tener que esperar por que alguna mesa se desocupara para disfrutar del almuerzo. Apuré los restos de un refresco y los llamé; y ellos agradeciéndome el gesto, se sentaron.

Son detalles que me agrada recordar; gente que hace cosas extraordinarias y haber podido conocerlos, y no sólo eso, sino además tener algún tipo de grata y amable interconección.

A la ya anciana pareja, les ofrecí una mesa; a Wladimir Zabaleta le extiendo esta aproximación tardía a la posibilidad de entender un cuadro mío.

miércoles, 21 de agosto de 2013

HACKER
Pablo J. Fierro C.

Por Ironman me enteré que ya está en desuso el término "hacker" para mencionar al caudal de programadores y técnicos cibernéticos que eventualmente han desestabilizado con intrusiones inescrupulosas, cuando menos, la cotidianidad de ciertos usuarios a los que aquellos gustan hacerles pasar un mal rato llenándoles por ejemplo el Facebook, el blog, o la página web, entre otros, de comentarios que las víctimas por sí mismas jamás escribirían; o que pudieran escribirlas pero no necesariamente sin darse cuenta.

Bien, Alemis no sabía al momento de querer señalarlos hace unos días, cuál podía ser la palabra sustituta, pero no se preocupó mucho por eso.

...Y llamó demostrando un entusiasmo nada discreto a su amiga Lanisa, para comunicarle que un desgraciado, o una perra -así dijo-, le había "hackeado" su facebook y lo había llenado de posts con las impertinencias más extraordinarias que alguien pudiera imaginar.

"Pero ¿cómo, dónde, qué es eso?" -indagaba Lanisa convertida en acertijo.

"Conéctate para que veas esta vaina" -animaba Alemis.

"Tonto" -replicó la futura protagonista de la película "Nuevas alboradas"- ¿olvidas que siempre quise que se cumpliera tu sueño de entrar al libro Guinnes?.

"Claro que no, estup... ¡¿Quéeeeeeeeee?!...

La cámara se alejó del rostro de Lanisa a quien se vio breve segundos muy excitada, esperando el obligado comentario del tipo, quien de verdad no lo podía creer; en pantalla dividida se les vio a los dos, él abrevando las expectativas inmediatas de la linda mujer, y ella toda risa, en franelilla y pantaletas, sola al lado de la computadora, en su habitación.

"Ahora te toca cumplir a ti; entra por la ventana".

Por una carretera muy limpia rodeada de hermosos parajes un Mercedes Benz de última generación disfrutó al desplazarse el sonido de la naturaleza llena de trinos.

En las oficinas de producción del libro Guinnes, un ejecutivo colgaba el teléfono y decía de inmediato a un jefe regordete con la corbata desanudada entre las solapas del flux gris, que finalmente un... ¿"hacker"?... -preguntó contagiado del mismo síndrome Ironman-, "...sí, un hacker llenó de cosas agradables el espacio virtual de cierto usuario de Internet".

"Bien -dijo el jefe, que engullía un sandwich- "¿y qué hay publicable?".
 
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