sábado, 28 de mayo de 2011

¡MOLLEJA E CUERPO EL ÚLTIMO!



“…que puedo irme mañana mismo de este mundo; las cosas buenas ya contigo las viví…”
Contigo aprendí. Armando Manzanero.

Dice un aforismo: “Todos los días sale un pendejo a la calle y el que lo agarre es de él”;
yo creo que no son ni Carla, ni Roland.
Pablo.

“Maracaibo a dado tanto que debiera de tener carreteras a granel con morocotas de canto”
Ricardo Aguirre. La grey zuliana.

A Luis Cedeño y familia -pero especialmente a Luis- con amistoso afecto.

Advertencia: este texto pudiera herir susceptibilidades. Si usted es proclive a engorilarse por ciertos usos lingüísticos altamente distanciados de las formas clásicas, o por contenidos mente abierta en grado considerable, le recomendamos no leerlo; o por lo menos abordarlo con prudencia.

CUERPO 1

Instinto 1 volcado ya en voluntad para soplar al viento esta crónica cinematográfica, anexa etiqueta cordoneadita sutilmente en el dedo gordo de cualquiera de los pies y ca-te-gó-ri-ca, al posible consumidor: Asúmase la presente como exclamativo homenaje a la mejor película venezolana expuesta al deleite sinfónico de Pablo Fierro –quien suscribe-, después de “Aventurera”, con guión de Cabrujas, brillantes actuaciones de: Verónica Cortés, Flavio Caballero, Toco Goméz, Jorge Canelón; los demás.

CUERPO 2

Digo después de Aventurera, aunque usted tenga referencias más abundantes en relación a mí, por precariedad prolífica de quehacer cinéfilo postmoderno (la idea es extrapolar a la nomenclatura del modernismo positivista) –en términos de filmografía nacional-; peeero: después de Aventurera –nombre impregnado de canto agustinlareano- con un ventajón sobre ésta un rato hiper largo, por no decir ultrawao a esta edad y con bigotes canosos. Sépanlo, éste film “El último cuerpo” que vi no hará más de cuatro horas -entré a las 7 de la noche más o menos-; no estoy jugando, -por favor si no va a tomar en estricta seriedad el exacto espíritu de este “postintroito”; agarre sus ojos y se va (saludos a Ernesto Sábato en El túnel)-, digo que es una vaina de hasta Oscar y todo; y mi aspiración es grande –aunque sospecho desproporcionadamente grande respecto a los productores que no sé porqué les encuentro cierto tufo a gente humilde y humanitaria-, porque se sube no sabe cómo al círculo de espera no de la estatuilla o mención honorífica para mejor película extranjera, sino que, mire no más, está sentada allaaaaaaaaaaaaaáaaaaaa arribooota, en la nube en que anda como a veinte mil metros de altura, creyéndose creyona, en un nivel jerárquico semejante a “La vida es bella” o cualquier otro Dios del Olimpo oscarniano tipo barbarazo; tú sabes, que hasta el queso que había en la mesa también se lo comió a la hora en que el jurado, dado el peliculón, de vainita y apartó uno que otro premiecito -que sé yo: miss fotogenia, película más popular, mejor efecto de sonido, premio consolación por lástima, para los otros participantes- y agenció sin más, para la susodicha –last body- leyes habilitantes de corito y todo en una tarima adyacente a la alfombra roja con Witney Houston y… los cuatro de Jackson será, para que el estribillo se goce libidinoso en el más repulsivo parto semántico del cerebro de Wilfrido, el Vargas, inserto jamás en alguno de sus merengues con guaguancó –agradezco se lea, para una comprensión más holística y eficaz, con afectación gutural -melódica incluida-: “acabó con toooooooooooo”; verga pa chocante, coño.

CUERPO 3

Muchachos, la vi.

CUERPO 4

Esa película es rara; sin cova.

CUERPO 5

De una les digo que no me interesó y por eso quedé flay ante el porqué el que mató mató y porqué tal, que era la novia de cuál “novia entre comillas” -digo si es que se puede llamar novia a un manganzón musculoso, tipo metrosexual y qué se yo- andaba en esos suburbios charqueros del anti corazón; o del corazón corazón bajo unos esquemas cuyos códigos no resultan compatibles en función de mi judeocristiano procesador. Mi novia, esa sí novia con todas las de la ley, se volvió mantequilla con el flaco, a quien no más comenzando vemos vestida y alborotada; pero armado de un carterón, como el Simón de Willy; pero también un pistolón, como el de Juanito Alimaña; y una frialdad más firme que militar militar para dejar patitieso al siguiente en su lista de encargos criminales; mas, claro, nadie es perfecto, ya verán en el cine porqué lo digo. Creo que paradójicamente lo que me desorientó en ese sentido fue algo que constituye en mi opinión un gran acierto por cuanto no concede mayores prerrogativas de monotonizarse, a un film sustentado sin timidez -más bien con maravilla- en lo literario-audible: el veterano manejo del tiempo.

CUERPO 6

Suelo bloquearme, cuando ando en actitud de interpretar, frente a esas intríngulis sangrientas que dominan la atmósfera barriobajera del ambiente; pero que asumo y le doy relevancia vital dentro de la intención discursiva anecdótica, como aquello para lo que sirve un sangrero, un policíero, y un malandrerio de esos que pueden cargar mientras realizan cualquier labor cotidiana, incluso altruista, según se vea, un balazo en un costado donde una sola mano tapa el hueco que la llena de púrpura, como quien carga viniendo de la bodeguita de la esquina un paquete de harina pan; por mandato de la vieja, de parto o de crianza; se detiene a joder un rato con los parroquia de la esquina, y les dice, ya enterado de lo básico: -dale, varón, nos vemos en el espejo, voy a casa a morirme un ratico y no me esperen porque no sé si vuelvo; ¡ey, carevómito!, salúdame a Yurlileisy; esa chama es burda e pana… sin cova.

CUERPO 7

Es demasiado calidad que “El último cuerpo” te eche zendo cuento poético de altura, atrapándote increscendo en un lirismo de acuosa esclerótica, que se desprende, marico, mire no más, de los ojos de Heriberto Camargo –William Goite-; su actuación; la del policía calvito pero repulsivo como el que más, quien lleva la carga de miserabilidad más sobresaliente –pienso yo-; la del otro policía, el que se bate a tiros en un supermercado, el tipo con dos mujeres, el francés, la chama disociada, conforman el potente concierto actoral que abrazado con mística al sobrenatural guión elevan last body –así la bautizo in english- a ese climax vergatario que me tiene aquí gozando un bolón entre teclazo y teclazo; na tan buena. Claro, no se enrrollen el chamo con remoquete rocolero y la chamita periodista que bueno pues, pa qué te digo, está lindísima y se yergue como una columna indispensable en la fortaleza expresiva del film; ella, dentro de lo que se le encomendó desde la dirección hizo exactamente lo que tenía que hacer; en ese sentido, tanto la dirección como la chama, merecen un gran aplauso; pero su rol, por cosas del destino no requería una proyección descollante a lo Lara Croft, para no robarse el show; sólo debía fungir, básicamente, para reafirmarnos que el mundo inmaduro o idiotizado puede ser un patuque de perlas intestinales horribles, pero que, vaya, no sólo de mierda vive el hombre; y vercia bro, te juro que me hubiera gustado ver un poquito más de lo que se vio en las escenas medio tensas en las que ella aparece bañándose; uno piensa “coño, qué vaina conmigo; la chama pasando por esa situación tan emotivamente fu, y yo con ganas de que los responsables de la toma, entre quienes la incluyo a ella misma, hubieran sido un poco más generosos en función de los que como yo se deleitan en serenidad, al ver o recordar la presencia de una estrella fugaz suave y cálida, con pezón que se intuye igualmente virtuoso en el suave colchón de los esteticismos añorantes de aquel abrazo; lógico uno está consciente de que lo que ve es ilusión; de ahí el desparpajo.

CUERPO 8

Sí, la piedra angular de esa madre película es el periodista maracucho Heriberto Camargo, que no se mete en más peos porque a veces tiene que escribir, sorber uno que otro trago o hartarse de empanadas; bueno, entiendo que la película se basa en hechos reales y es un homenaje a ese señor a quien llamaban –véanla para saber porqué- el poeta del crimen. Pero, más que él; quien realmente protagoniza esa vaina son los ojos del carajo, marico. Y más que los ojos, párenle bolas, es algo que no se ve en la película -y yo y que queeeéee-; bueno; lo que protagoniza esa película es el mundo interno, los sentimientos, las emociones, el corazón de ese fantasma que deambula ceniciento manipulando un arma, que no le cuadra, a todo lo largo del film; y ojo, no me refiero a su computadora de periodista, sino a un mocho revólver, dígame usted, que sorprendentemente usa con bastante pericia según el compromiso que se le presente. La computadora no; esa le cuadra a la perfección.

CUERPO 9

El loquito fotógrafo es un gran personaje, y relumbra, brilla en frecuentes oportunidades; sólo que obviamente tiene que como actor alejarse mucho de su ser real, dadas las características del ser alegórico, y en contados casos, cercanos al borde de mayor exigencia, digamos que al tope de la montaña que es lo que representa su rol, el vértigo de actor joven y quizás con una primera incursión en cine –no podría afirmarlo-, se desenfoca; es algo leve; al igual que ciertos devaneos sutiles al comienzo de la película, que tiene un ritmo increscendo, cómo no, pero no justificador de comienzos de secuencias algo infantiloides en términos de dirección; a la manera de cierta primera reunión en la morgue, donde varios policías esperan al protagonista, y se siente que la espera no corresponde al proceso argumental, sino acaso al sonido de la claqueta o al “luces, cámara, acción”; también es algo sutil, pero yo hubiera arrancado con la gente en actitud de espera como tenía que ser, pero con un policía entregándole un sobre a una secretaria; otro viendo la hora, en fin; buscando la naturalidad que sí se logró arrechamente en la estampida de gente hacia el exterior del supermercado cuando comienza la refiega; que dentro de un supermercado y destruyendo artículos alimenticios de consumo masivo sin precaución alguna, en empeño por sobrevivir, uno, y por aniquilar para ser libre, el otro, emite un simbolismo interesante, como muchos otros pasajes del relato, que todavía me tienen caviloso, y por lo cual, tengan por seguro volveré a verla en cuanto pueda; se aceptan invitaciones, je je.

CUERPO ÚLTIMO

Como venezolano, estoy orgulloso de esta película; sus detallitos son nada frente a la magnificencia en aciertos. No es rimbombante en efectos técnicos ni cosa similar, de lo cual no deploro; pero sí es satisfactorio cuando uno ve una película que atrapa al que sabe leerla, más por los detalles de profesionalismo actoral, manejo de cámara y planos; una visión universal del arte que no entiende la exaltación regionalista como una oscura puñalada que niega al resto del mundo (el sountrack, sobre todo al principio, es una nota, suena de pinga); una película que atrapa, decía, más por esas cosas, que por el profuso empleo de digamos bombas que estallan; naves extraterrestres que acaban con ciudades enteras; gorilas que se montan en los rascacielos más altos del primer mundo, y cosas por el estilo; de lo cual, insisto, no deploro, pero el sol, sabemos, no se puede tapar con un dedo; y en “El último cuerpo” brilla candente y caluroso; con calor maracucho. ¡Qué molleja, primo!

jueves, 12 de mayo de 2011



sábado, 7 de mayo de 2011

LUCHA DE HOY

Si la luz lucha con armas oscuras, pervive la tiniebla aguijoneada de luciérnagas… Mas si embiste sólo con sablazos de amor puro, la tiniebla se convierte en manantial, mariposa y estrella radiante de la mañana.

sábado, 30 de abril de 2011

DISCULPAS

Por razones intrascendentes creo que será el lunes cuando pueda volver a indexar -creo que se dice así- el artículo ARMAS DEL ALMA; digo esto sobre todo para mis amigos en Facebook, donde está anunciado tal como vigente. Mil disculpas

martes, 26 de abril de 2011

PARADOJA DEL HOMBRE SERIO Y EL PAYASO

Hace dos o tres años, con motivo de la presencia del Hombre Serio en el país se dio en el palacio de la Prepotencia, el Engreimiento y el Autoritarismo un evento que de manera altisonante atrajo la atención del mundo cultural ¿lo recuerdan? Bien, en cualquier caso no es relevante; ocurre que una de las frases que reseñaron los medios como lo más destacado del discurso del prestigioso visitante desde su alocución en el pedestal de honor, fue la siguiente: “los preceptos cristianos que atacan al Ser supersticioso, cabalístico, creyente en pava, mabita y otros puntales funestos de la anti fe, son basura”.


Pero lo extraordinario no es eso; sino que me cuentan que anoche ya tarde, en una de sus notas curiosas, CNN difundió información en el sentido de que apenas hace un mes fue cuando comenzó a reaccionar, al ofrecer una mirada de pocos amigos a un terapista despótico que apagó con brusquedad el CD que cantaba “Arruyo de Dios” con el timbre vibrátil y apagado de Libertad Lamarque, el payaso al que en aquel evento le comenzó, debido a la celebrada frase, el ataque de risa más largo registrado hasta ahora en los anales del carcajeo, hilaridad compulsiva, festejo del alma o como quieran llamarlo.


Pablo Fierro

miércoles, 13 de abril de 2011

COSAS A LAS QUÉ NOS LLAMA CRISTO

A: amar a Dios por sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos; a ser humildes; a ser mansos como palomas y astutos como serpientes; a esforzarnos y ser valientes; a ser pacientes; a perdonar; a amar; a tener gozo y contentamiento; a entrar en su lugar de reposo; a ir a él los que estemos cansados de nuestros trabajos y cargas porque él nos hará descansar; a no pagar mal con mal; a vencer con el bien el mal; a no ser hipócritas; a vencer con la fe el temor; a no juzgar; a ser amigo de Dios y no del mundo; a estar unido a él; a comer el pan de vida (leer la Biblia) y tener fe (tomar de su sangre) para permanecer unido a él; a dejar que los niños vayan a él; a tener una fe capaz de mover montañas; a no dudar del poder de Dios; a esperar confiado el momento de la cosecha de nuestra buena siembra; a sembrar la semilla de su palabra, sin interés luego en regarla, o recoger la cosecha; a predicar su palabra, porque la mies es mucha y los obreros son pocos; a alejarnos del pecado; a no buscar lo nuestro; a no ser avaro, ni jactancioso, ni glotón, ni egoísta, ni grosero; a tener esperanza, poder, aguante; a no temer a los que matan el cuerpo, sino a los que matan el espíritu; a ayudarlo a sanar no a los que están sanos, sino a los que están enfermos, porque esa es su misión en el mundo; a no creer que los caminos de Dios son anchos, sino angostos y difíciles –muy pocos, dice, los encuentran- a no preocuparnos por lo que vamos a comer, ni vestir, porque Dios, que es nuestro Padre y nos ama, y no nos daría una culebra cuando le pedimos un pan, está pendiente de nosotros, y si a las aves que no hilan, ni tejen él las viste con los colores y plumajes más hermosos que no hará por nosotros; a buscar PRIMERO el Reino de Dios y su justicia, porque lo demás vendrá, entonces, por añadidura; a no resistir el mal; a dejar que las cosas viejas pasen, y abrir los ojos a un nuevo amanecer con la mente centrada en lo que nos aleje de los que nos dañó, lo que nos dolió, lo que nos decepcionó; a estar siempre unido a él en oración, en adoración, en la ayuda al prójimo, en la visita al enfermo, al preso, al hambriento, al sediento; a ser perfectos como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto; a ser luz del mundo y sal de la tierra; a ser imitadores de él –por tanto a no aceptar honores que vengan de los hombres-; a reír con los que ríen, llorar con los que lloran; a ser luz del mundo y sal de la tierra porque la sal que deja de estar salada no sirve sino para que la boten a la calle; a levantar y no esconder nuestra luz cristiana, para que alumbre al máximo; a gritar desde las azoteas de las casas lo que él nos dice en secreto; a no creernos buenos, porque ni siquiera él mismo se catalogó a sí mismo como bueno –bueno sólo es el Padre que está en los cielos (dijo)-; a aceptarlo a él como nuestro Señor y Salvador para gozar de la gracia de Dios; a orarle al Padre con el Padre nuestro; a no hacer acepción de personas; a gozarse más por una oveja extraviada que vuelve al redil, que por las que ya están seguras dentro de éste; a saber que somos salvos por fe y no por obra, para que el que tiene obras no se crea mejor que el que no tiene –para que nadie se gloríe-, pero a estar conscientes de que la fe sin obras es muerta. A entender que su Reino no es de este mundo, pero también que su Reino ya está activo entre nosotros; a luchar incansablemente por el galardón que Dios preparó para nosotros desde el principio de los tiempos; a creer que lo que es imposible para el hombre, es posible para Dios. A entender que si no perdonamos a los demás, tampoco él nos perdonará a nosotros, porque no sería justo; a saber que tenemos que ser como niños; y mucho más…………………………………. Dios nos bendiga.

jueves, 24 de marzo de 2011

Yo también me muero como viví

...O el ateísmo de Silvio Rodríguez
De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el corral de las ovejas,
mas sube por otra parte, el tal es ladrón y robador.
Juan 10:1


Se convalida en Silvio Rodríguez de forma evidente, la sentencia que Afirma: “Dios no hace acepción de personas”; con la cual, entiendo queda establecido que no median características ni requisitos de ningún tipo en relación a la gente, para que el creador derrame sobre ésta, carismas, dádivas y bendiciones de todo tipo.

Silvio Rodríguez, el famoso cantautor cubano es ateo confeso, pero eso no obsta para que se le haya dado a administrar desde el cielo, según creo, un talento de calidad inobjetable; y no es otro que el don con el que deleita musicalmente, aunque no literariamente en todos los casos, desde mi apreciación personal, al mundo.

No literariamente porque aun cuando sus letras tienen el valor precioso de la sinceridad, yo hubiera querido que dicho personaje tan talentoso, estuviera jugando para el equipo de Cristo; sirviendo con su fusil de alma, a la labor de siembra que requiere el mundo para que se acerque más rápido el día en que lobos y corderos podamos morar juntos, sin traumas, de acuerdo a la profecía de Isaías.

No pretendo ni puedo pretender, en este texto juzgar, ni mucho menos condenar al autor e intérprete de temas tan hermosos como La canción del elegido y Te doy una canción, entre otras que se hicieron parte de mí al escucharlas desde niño en las voces de Soledad Bravo, Alfredo Sadel, Pablo Milanés y el mismo Silvio. Las formas agradables de la música, del juego de las tonalidades y los acordes, las cadencias melosas, sutiles o sublimes de las melodías, e incluso alegres o de ritmos pegajosos, pueden engancharlo a uno a canciones con cuyos mensajes ideológicos no tiene o no quiere tener uno nada que ver, como me ocurre también con la canción de Pastor López Golpe con golpe; absolutamente contradictoria de las recetas cristianas de amor y perdón que manda Dios, pero que dan picazón en los pies para que uno se anime a mover el esqueleto y/o los kilos en las pistas de baile de turno, e incluso a tararear letra por letra el “esa es la ley del amor que yo aprendí, que yo aprendí, que yo aprendí”, refiriéndose en dos platos a la ley del talión, enemiga a muerte del Padre nuestro.

La magistral obra de Rodríguez, Cita con Ángeles, da cuenta de un despliegue irónico monumental en el cual se puede entrever la moraleja atea, que presupone un ejército de ángeles de Dios absolutamente inútiles e impedidos de realizar su labor de guardia y custodia de personalidades históricas que murieron en diferentes épocas, bajo el fatalismo de las balas, de los cañones o de curiosas estratagemas suicidas como la del final del World Trade Center. Tan bueno el Arcángel Miguel pero, oh, no pudo evitar que Mark Chapman asesinara a John Lennon cuando éste regresaba del Record Plant Studio a la residencia donde vivía, el lunes 8 de noviembre de 1980.

Si la intención de este pilar del movimiento Nueva Trova surgido en los ochenta, era ofrecer un argumento a la gente desprevenida, como una forma de ganar adeptos para la causa atea al dejar en evidencia que los ángeles, de existir realmente, estaban incapacitados para preservar la parte física humana, el cuerpo, no tomó en cuenta, acaso por ignorancia, que tal aspecto del Ser humano, aunque es importante, no tiene desde el punto de vista de la fe cristiana una relevancia de primer orden. Lo que más interesa a Dios, de acuerdo a lo que se expresa en la fuente de conocimiento que nos lo revela (a él, Dios), la Biblia, es la integridad de nuestra alma; tal como podemos leer en Mateo 18:9: “Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; que mejor te es entrar con un ojo a la vida, que teniendo dos ojos ser echado al quemadero del fuego”.

Y el pasaje más sólido respecto a esto que planteo es el siguiente de Mateo 10,24-33: “No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo. ¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo. A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos”.

Las muertes que Silvio enumera como eventualidades que escaparon de las manos del ejército angélico de Dios, ocurrieron, de acuerdo al párrafo anterior sencillamente porque el creador lo permitió “ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre”.

En su desplante ateo –o cuando menos escéptico- “Yo me muero como viví”, Silvio Rodríguez antepone a una desafiante declaración de lo que pudiera yo mencionar como anti-fe, la frase “allá Dios que será divino”; lo que interpreto como el reflejo de un Ser absolutamente decidido a no cambiar ni un ápice de su personalidad en el sentido que propone el Señor Jesucristo, como vía para alcanzar la salvación.

He ahí una de las grandes diferencias entre un Silvio Rodríguez y Dios; éste, nuestro Padre celestial quien nunca diría: “Allá Silvio si elige su perdición”; no, Dios no quiere que ni una sola de sus ovejas se pierda, por eso siempre está a la puerta y llama. Y a ese llamado del Padre al arrepentimiento, a los que se desbarrancan desenfadadamente al pecado colectivo sólo por no perder su identidad gregaria, Rodríguez lo asume como un convite “a tanta mierda”.

Bueno, yo sí digo, henchido de fe en Jesucristo mi salvador, “Allá Silvio Rodríguez si no cree en Dios”, yo me muero como viví, asido de la túnica del Reino de paz, amor, verdad y tantas otras buenas dádivas que sólo el Reino de Dios puede ofrecer.
 
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