lunes, 6 de junio de 2011

Mi nuevo ebook gratuito...

¡BOCHINCHE! ¡BOCHINCHE!
O EL ORDEN NOS DEVORARÁ
REFLEXIONES ACERCA DE SEGUROS,
GRACIA DE DIOS Y ANARQUISTAS


Pablo J. Fierro C.


“El Amor todo lo puede”
San Pablo (antes Saulo de Tarso, perseguidor de cristianos).

“Es mejor tener un seguro y no necesitarlo que necesitarlo y no tenerlo”.
Cuña con Gilberto Correa

De Arjona “Si me dices que sí”, “Mentiroso” y “Pingüinos en la cama”.
Pablo.



A Yacoub y su gente batalladora, nobles maestros.




Al amigo Ernesto Mundo.


Cierta formación que he adquirido por mi desempeño laboral en el mundo de las empresas aseguradoras me ofrece una faceta de dicha actividad bastante ilustrativa de lo que podemos entender como “Gracia”, si aplicamos el vocablo al sentido espiritual que demanda la doctrina teológica en función de quienes abrazamos la fe en Jesucristo como nuestro único y suficiente Salvador.


Los contratos que se establecen entre quienes requieren a modo de prevención invertir dinero a fin de tener cobertura en imprevistos donde hay desmedro de bienes o personas, como vía para recuperar la totalidad o gran parte de los mismos o de solventar sin mayores angustias gastos de hospitalización, cirugía, maternidad, etcétera, y la empresa de Seguros que garantiza tal cobertura a cambio de recibir una módica contraprestación monetaria anual (Prima), en relación al monto de la suma con que dicha empresa aseguradora puede responder por los daños sufridos, se denominan Pólizas.


Dicho de otra forma: una empresa aseguradora, de acuerdo a un contrato que en este caso se llama Póliza, se compromete a pagar por el lapso de un año en caso de siniestro –robo, accidente u otros-, en el supuesto de que el bien asegurado sea un automóvil, una suma de digamos doscientos cincuenta mil bolívares habiendo costado el mismo incluso igual cantidad, a cambio de una inversión anual de parte de usted, ostensiblemente inferior denominada Prima. Un auto del año 2006 pudiera asegurarse por doscientos cincuenta mil bolívares con una Prima anual de por ejemplo sesenta mil bolívares. ¿Cómo gana la empresa aseguradora? Ese es otro cantar.


Al vencerse la Póliza, cumplido un año, el cliente tiene la opción de renovarla, con el beneficio de una menor inversión de cara al período anual subsiguiente, ya que no se trata de elaborar una nueva, sino de darle continuidad a la que culmina; lo cual es un agente motivador que por lo general le inclina a optar por la Renovación y no por una Póliza nueva. Pero como no siempre se está en condiciones, sobre todo económicas, para responder al pago de la Renovación el día exacto en que comienza a correr el tiempo del nuevo período, o antes, la empresa aseguradora facilita al cliente una opción de pago de dicha Prima, que permite a aquel, diligenciar recursos en toda la extensión de ese primer mes, y que cubre durante el mismo la presencia de siniestros en función de los bienes asegurados, siempre y cuando, se observen ciertos requisitos dentro de los cuales el más determinante es la precipitación, ante el siniestro, del pago casi inmediato de la deuda; con lo cual se concreta automáticamente la Renovación. El chance de un mes que otorga la empresa de Seguros al cliente para que éste concrete con menos presión el pago inicial de la Renovación de Póliza es lo que se denomina en esta materia Período de gracia.


Así como se dan casos en los que ciertos asegurados presentan dificultades para solventar oportunamente el pago de las renovaciones, hay también quienes, por una u otra razón, lo hacen dentro del tiempo convenido.


Si concatenamos este introito laboral con lo que alude el título de este artículo, veremos que existen paralelismos, coincidencias, puntos de encuentro interesantes entre una cosa y la otra.


Así como el mundo de los Seguros tiene sus leyes que en instancias límites o extremas se dirimen mediante un laudo arbitral, la teoría teológica cristiana también nos indica que nuestro Padre creador, independientemente de la libertad que tenemos para adquirir la Póliza plena de cláusulas o condiciones con cuyo cumplimiento aseguramos la Salvación de nuestra alma, ofrece igualmente un período de Gracia, para los casos en que recibido ya Cristo como nuestro único y suficiente Salvador, y puesta la misma (alma) a su disposición para los propósitos trascendentes a los que somos llamados en este sentido, carezcamos de la fuerza y buena voluntad con las cuales romper definitivamente las ataduras del pecado y ahuyentar el latido cobarde del diablo, con la lanza bendita de amor y fe que nos brindará esperanza, confianza, tranquilidad y alegría en este mundo tan convulsionado; la gracia que nos agenció ante el Padre, Jesucristo, con el sacrificio de su vida, pasión y muerte en la cruz; que no es otra cosa que el contrato o póliza, sellado con sangre ante Dios, para que quienes aceptemos a Jesús como Señor y Salvador, aseguremos nuestra alma contra todo riesgo en los escenarios tantas veces inciertos de la vida, abundante en señuelos seductores para caída y perdición.

Quizá una de los grandes méritos de Jesucristo, en cuanto a esto, radica en su frontal desafío y victoria a la luz de las continuas embestidas con que el pecado intentó agredirlo a lo largo de su estadía en el mundo; épica luminosa que tuvo su mayor esplendor en los pasajes bíblicos donde se narra cómo en las penurias del desierto, enfrentó las ráfagas de tentaciones que a lo largo de cuarenta días y cuarenta noches le descargó Satán, con el objetivo tenaz de provocar que por desgaste el hijo de Dios renegara de sus principios piadosos, altruistas, nobles, e incurriera en infidelidad respecto a quien por “amor del bueno” –como diría un gran compositor mexicano- lo envió desde el mundo espiritual hacia nosotros portando la precisa misión de libertarnos de nuestras bajezas humanas, de nuestra indiferencia hacia las demandas categóricas de obediencia, no a sangre ni carne, sino a los preceptos establecidos en la Ley de Dios; a los que Jesús trató de mantenerse apegado diríase que con obstinación. (Aclaro que no a sangre ni carne porque en el mundo hay muchos engañadores –la misma Biblia lo advierte- y a cualquiera que en nombre de Dios quiera instruirnos, tenemos el libre albedrío de escucharlos o no; pero recordando, si los escuchamos, que debemos “examinarlo todo y retener sólo lo bueno” porque nadie es perfecto –sólo Dios-; y tomando igualmente en cuenta, si no los escuchamos, que pudiéramos estar retrasando nuestro proceso de ascensión a mejores y hasta gloriosas condiciones de vida).


Si establecemos en el mismo esquema metafórico que venimos utilizando, una analogía en la cual el cielo es una empresa aseguradora de almas y nosotros los prospectos clientes o clientes potenciales -para usar un término asociado más bien al área publicitaria pero que dibuja igualmente a las unidades de interrelación comercial disponibles en el mercado, no integrantes aún de dicha empresa pero que reúnen el perfil de apetencia- Jesucristo podría definirse como un ejemplar idóneo; por ostentar lo que en Seguros se conoce como “bajo índice de siniestralidad”, o lo que es lo mismo un historial en cuanto a accidentes, hurtos, robos, enfermedades, y cualquier suceso que le generara perjuicios propios -o ajenos pero indemnizables según responsabilidades a su cargo (pecados)- que se mantuvo limpio desde niño hasta que murió a los treinta y tres años. Este tipo de usuarios del servicio asegurador suele ser el ideal de dichas empresas ya que como dice Gilberto Correa; para un cliente es importante tener un seguro aunque no lo use nunca, porque “es mejor tenerlo y no necesitarlo, que necesitarlo y no tenerlo” pero para la empresa que asume el riesgo de la cobertura ese escenario es sencillamente extraordinario por cuanto recibe un beneficio considerable representado por el monto de la Prima, pero no ejerce en esos casos ninguna función, más allá de una expectativa virtual de cara a las posibilidades de siniestro del usuario en cuestión, que le obligue pérdida alguna en cuanto a tiempo o dinero; por lo cual, incluso, el asegurado con bajo índice de siniestralidad recibe beneficios adicionales de contratación en relación a aquel cuyo historial en este sentido es menos pulcro.


En tiempos de Adán y Eva no existía un glosario de leyes instituidas comunitariamente a fin de moderar o anular la presencia de accidentes, robos, delitos, etcétera -así como hoy existen leyes de tránsito o de cualquier otra índole que delimitan nuestro libre albedrío, destinadas a crear una armonía social más o menos relacionada con aquello de lograr la mayor suma de felicidad posible-Claro, era como absurdo, en un inmenso mundo donde sólo existían dos personas, pensar que con todo el resto de la creación al servicio de dicho par, tal condición de privilegio iba a resultar imposible de ser disfrutada dada la propensión de ellos mismos a sabotearse el vacile el uno al otro.


Por eso se me ocurre en este instante una suspicacia audaz, pero que lógico, no se la cree ni mi alter ego ¿no serán los dueños de las empresas aseguradoras, los corredores de seguros, los agentes de corretaje -esa cofradía de ejecutivos de maletín y paltó- los principales promotores de las propuestas políticas anarquistas, je je?


Porque con todo el respeto democrático que pueda yo ostentar hacia quienes añoran, desde sus carros, celulares, laptops, televisores, taladros, habitaciones, zapatos, relojes, pelo cortado en barbería, anteojos para la presbicia, suero espasmódico, desodorante, sancocho de plato y cuchara, aireacondicionado, guardería, título universitario, cocuy de penca, crema dental, chinchorro, misionero, tántrico, viagra, Remingtong, HP, ciudad, sintaxis, conjugaciones, imprentas, viajes a Newyol, Rusia, Cuba, Francia, Alemania, Suecia –en los aviones mejor confeccionados- Ludovicos Silva, Carlos Marx, Diccionarios, hemerotecas, zafras, guitarras, baterías, culosepuya, Albert Einstein, Alís Primera -redonditos, discoidales, giratorios a altas revoluciones-, precios del petróleo, Pedevesas, acuerdos salariales, papás Estados, vanguardias, casas ecológicas, semáforos y dale… quienes añoran, digo, desde esas cosas, un mundo gobernado por nadie, o mejor dicho, gobernado por cada “quien” al que le dé la real gana; un mundo anárquico; me parece que se armaría un cojeculo tan impresionante dado el punto de partida que somos -no ya veinte aborígenes de bien confeccionadas lanzas, con cacique y chamán- que habría que habilitar algún satélite tipo Luna u otro planeta, donde seguir aperturando entidades bancarias a fin de que la gente de Seguros, en razón al previsible y abrupto aumento de los valores en las estadísticas de siniestralidad, pudiera seguir disponiendo de espacios adecuados a la magnificencia de sus respectivas boloñas -de biyuyos, quiero decir-.


Quién puede imaginarse, además, a cualquier líder anarquista exhortando a su gremio en estos términos: “Muchachos que convivimos en esta patria de Bolívar, es absolutamente imperativo, categórico, extremadamente vital, que nos OR-GA-NI-CE-MOS para la lucha por nuestros objetivos más entrañables; porque sino, este puto orden, este entramado sistémico tan recontracomoñodesumadre, ténganlo por seguro –y no me refiero a seguros de pólizas y primas- sino a seguro seguro –como decía la cuña de desodorante de la bolita- esta ladillosa burocracia, con leyes hasta para limpiarse el culo… nos devorará. No, señor, por favor; emulemos ya a nuestro insigne patriota de melena blanca y alborotada al que llamaban Francisco de Miranda: ¡BOCHINCHE! ¡BOCHINCHE!”; y al final de la asamblea: “Bueno, por favor se les pide a los miembros de las brigadas de limpieza que se encarguen de dejar chulito este recinto para que esté en óptimas condiciones en la reunión de mañana… o si no dejen esa mierda así, arréchese quien se arreche”.


Seguros Reino de Dios, llamémoslo así, nos da un período de gracia para que nosotros entendamos la inconveniencia de pecar –infringir las leyes de Dios-, de cara, tanto a nuestras posibilidades de vivir en paz, como a la potestad absoluta del creador, de dejarnos sufrir cualquiera de los grados de dolor a los que podemos acceder por cosas de la vida, si persistimos, por más que se nos advierta, en hacer lo indebido; sobre todo si estamos persuadidos ya de lo permitido y lo no permitido; dice la palabra: “Dios es lento para la ira y pronto para la misericordia”; pero también, dicen los eruditos del libro sagrado, que allí se revela: “es grande y terrible”.


Debemos entender que la anarquía no es de Dios; porque Dios no va a establecer unas leyes para que nadie las cumpla. Ni que fuera güebón. “Ninguna casa, dijo Jesús, puede estar dividida contra sí misma”.


De acuerdo a las enseñanzas cristianas, opino, la anarquía es una etapa primitiva indeseable del acontecer histórico humano.


Dice San Pablo, palabras más palabras menos –porque no tengo internet ni Biblia a la mano-:


“Cuando no había ley, había perjuicios pero no había pecado –es decir, digo yo, reinaba la anarquía porque nada sustentaba con penalización el mandato de no robar, no matar, no tal o cuál cosa; imagínense los productores de seguros, el siniestro parejo, qué manguangua-; luego vino la ley a través de Moisés –sigue San Pablo- y como el pecado era, digamos, una intracultura demasiado arraigada en la gente -digo yo-, con la ley –sigue San Pablo- abundó el pecado; es decir –digo yo-, al igual que hoy, hay ley pero no le paran bola, en muchos casos ni siquiera los mismos que hacen la ley (o sea: los propios fariseos). Es aquí donde como tercera pata de mesa –con todo respeto, adoración y agradecimiento a mi Señor Jesucristo- viene el asunto de la Gracia.


Donde abundó el pecado, concluye San Pablo, sobreabundó la Gracia; entiéndase: así como el pecado abundó cuando surgió la ley, digamos que adquiriendo preponderancia sobre ésta, igualmente la Gracia, por el amor que tiene Dios por nosotros pecadores, vino a taparle la boca a las consecuencias de pecar, prácticamente haciendo borrón y cuenta nueva a partir del instante en que Dios ofreció a su hijo unigénito como cordero redentor; mejor dicho, a partir de la escena en que Jesús, al lado de dos ladrones muere crucificado, por salvarnos. ¿Cuánto le debes a Dios? pregunta la Gracia a cualquier pecador. “Bueno, amiga, esta semana le robé unos panes a los viejitos de la plaza Bolívar, escupí a cuatro transeúntes desde el último piso de la torre Camoruco y le pinté con Otrovagomas y el espíritu de Aquiles Nazoa unos bigotes tipo Dalí a la Monalisa en el museo de la ubre”; ella responde sin titubeos: no le debes nada, Cristo paga; móntate en este camión y no peques más.


Es obvio que cuando el Mesías dice esas mismas palabras a María Magdalena, las cuales la salvaron de morir bajo una lluvia de piedras -según la ley mandaba en esos casos- por parte de un grupo de pobladores tan pecadores como ella, pero que no habían sopesado este simpático detallito, él entiende que la categoría de mujer pecadora, determinada por quienes querían agenciarle el tránsito directo al más allá, “sin pasar por go ni cobrar doscientos”, no se esfumaría en el acto, al sólo mencionar dicha frase (vete y no peques más).


Los seres humanos solemos tener tantas máculas en nuestra personalidad, a Dios vista, que muchas de ellas por desconocimiento de los textos sagrados, son totalmente ajenas a nuestro acervo cognoscitivo; por eso no luce adecuado considerar ni por un segundo que a la Magdalena se le estaban creando falsas expectativas desde la boca de Cristo, al resonar el juego de palabras en cuestión, en el sentido de hacerle creer que tenía que hacer de tripas corazón, inmediatamente, para borrar de su Ser toda pizca de mal hábito, señalado como pecado por la Biblia, sí, pero con gran énfasis por las jerarquías religiosas del momento, que según se cuenta no perdonaban una a los demás, pero con las suyas propias se hacían, fariseos, de la vista gorda; cosa que a Cristo asqueaba.


Al decir éste a dicha mujer “vete y no peques más”, le estaba remarcando la necesidad imperiosa de que abandonara, aquí sí, en el acto, la actividad de prostitución por la que la habían condenado; ya que Jesús había logrado absolverla en ese momento, gracias a que por cuestiones fortuitas o predestinación él se encontraba allí; pero no siempre iba a ser así; de hecho no estaba lejano el día en que regresaría al Padre, como dijo; luego, si María Magdalena reincidía en su pecado, podía concretarse con verdugos distintos, y sin él para apoyarla, esta vez sí, su pétrea lapidación. Pero aun cuando ella lograse destajar abruptamente de su disipado vivir el específico acto contaminante, no por eso iba a dejar de pecar o de ser una pecadora, porque como escuché decir acertadamente al pastor evangélico Otoniel Font durante una prédica colgada en youtube y extraída de su programa en la televisora ENLACE: Dios es un Dios de procesos; y es con la gente que logra entender esto, con quien nuestro buen pastor, nuestra luz, nuestro orfebre prodigioso entabla pactos o compromisos mutuos mediante los cuales el Espíritu Santo comienza en los que lo aceptan, el trabajo purificador; de aquí el precepto: “el que comenzó en ti la obra, la perfeccionará”. Sin dudas cualquier persona, luego del “no peques más” que antecede todo periodo de gracia cristiana, debe iniciar un proceso de depuración que puede ser más o menos largo según la situación particular de cada discípulo.


De igual modo en que sacó la pata del barro a la mencionada mujer, Dios, en su etapa lenta de misericordia, se condolió de nuestra “torpeza anti ley para evitar siniestros” (matamos, robamos, somos adulteros, mencionamos su santo nombre en vano, fornicamos, no amamos al prójimo como a nosotros mismos, juzgamos, condenamos, no nos sometemos a toda ley, en fin…) y decidió enviarnos a Jesús de Nazaret, su corredor de seguros de postín, a fin de que repartiera pólizas GRATIS a todo el que quisiera aprender de él, “que es manso y de corazón humilde y cuya carga y yugo son ligeros”; pólizas para la paz espiritual, para el gozo, para las bendiciones, para las buenas dádivas, para el amor, en medio de la tormenta, y más; aprovechémosle.


Hay que aprovechar, hermanos, porque la Gracia de Dios es inconmensurable, pero las leyes del pecado no son nada virtuosas en términos de consentideras; la paciencia del Padre tiene un límite; sino pregúntenle a los arrasados por el diluvio en tiempos de Noe, a los habitantes de Sodoma y Gomorra, y a los lamentos trágicos y oscuros que susurran en la noche como un arrebatón de terror en alaridos desgarrados, los muertos vivientes del hades.


Dios es bueno y perdona. “El que está unido a Cristo nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas”. Por más grande que sea la cabeza de ti mismo enemigo vencido que tengas que arrastrar por las planicies del rojo campo de batalla -donde quede abatida tu espada de gladiador inevitable del paganismo-, hasta que la sientas desvanecerse a grado lento y puedas erigirte liviano y formidable para que el viento poderoso se haga uno con tu pecho de hierro y valentía; por más que el llanto presagioso de metrallazos tuyos antiguos, por parte de sombras de camisones negros con arrugas de polvo enterrando muertos sus muertos, de cactus-desierto y de fuego, dedicando su eternidad a cruces ciegas, sordas y mudas de granito, intenten desvelarte desde las voces falsas aquí y ahora; por más que hijo pródigo de bendita recepción desandes el pasillo hacia tu alcoba principesca en gozosa bienvenida paternal, mientras crujen a tu lado los dientes del profundo odio en teclazos escatológicos, vergonzosos y enigmatizados; por más que rompan, paradigmas de bolsa, o de pendejo, los manuscritos sagrados donde la exquisita sabiduría milenaria intenta apartar con Amor el grasiento, pichacoso, pegajoso, putrefacto y maloliente temor encapsulado como huésped de pinga en bomba sanguínea, mientras se muere sin paz, a muerte lenta…


¡Afronta ya, si no lo has hecho tu compromiso moral contigo mismo y con tu creador! ¡Zambúllete en el grueso libro de tu Salvación por Cristo! ¡Arremete a dentelladas fehacientes el engullimiento del verbo celestial de luz, que no te ata ¡no! te convierte en guerrero del cuatribolismo y la humildad para enterrar bien jondo el mundo viejo que vomita estertores de aconteceres ya obsoletos y sin ti!


Firma a ciegas, sin principios malditos que te convoquen a oscuranas desmaravilladas, la mano que se te tiende póliza para que empieces a entender el oxígeno, la pradera fresca bajo un caballo hermoso –elije tú el color- que montas al lado de perfume, menta, sonrisa, claridad, mujer, suavidad, heroísmo, guerrera, fantasía, también a caballo, de regreso de la sangrienta contienda medieval. Trote descanso ya envuelto en cielo luminoso por el sendero silvestre hacia adelante, donde pudiera al azar salirte al paso un duende barrendero que te saluda sincero con la pureza en sus labios de cualquier texto bíblico edificante; o un hada diminuta de breves trapos blancos y alas escarchadas te ofrece una copa de néctar para trastocar en alivio de hierbabuena el ya desvaído sofoco de tiempos olvidables.


Desde alguna cumbre luminosa con aves y alegría, desde donde puedas ver el mejor porvenir imaginable sin exclusión, retirándote a solas –con o sin testigos; tú eliges- rézale a Yavhé, el que es, en nombre de Jesucristo, que perdone tus pecados, y exprésale el propósito de entregar tu cuerpo como templo al Espíritu Santo para que éste comience en ti la obra de transformación necesaria para que seas digno hijo del que nos ama.


De ahí palante, no le pares a público de galería, porque son ellos los que están procurándose con dinero su entrada, para verte en pantalla gigante, cuando San Pedro abre las puertas que son Cristo -por donde se debe entrar-, y accedes al banquete de los justos.


Un abrazo.

sábado, 28 de mayo de 2011

¡MOLLEJA E CUERPO EL ÚLTIMO!



“…que puedo irme mañana mismo de este mundo; las cosas buenas ya contigo las viví…”
Contigo aprendí. Armando Manzanero.

Dice un aforismo: “Todos los días sale un pendejo a la calle y el que lo agarre es de él”;
yo creo que no son ni Carla, ni Roland.
Pablo.

“Maracaibo a dado tanto que debiera de tener carreteras a granel con morocotas de canto”
Ricardo Aguirre. La grey zuliana.

A Luis Cedeño y familia -pero especialmente a Luis- con amistoso afecto.

Advertencia: este texto pudiera herir susceptibilidades. Si usted es proclive a engorilarse por ciertos usos lingüísticos altamente distanciados de las formas clásicas, o por contenidos mente abierta en grado considerable, le recomendamos no leerlo; o por lo menos abordarlo con prudencia.

CUERPO 1

Instinto 1 volcado ya en voluntad para soplar al viento esta crónica cinematográfica, anexa etiqueta cordoneadita sutilmente en el dedo gordo de cualquiera de los pies y ca-te-gó-ri-ca, al posible consumidor: Asúmase la presente como exclamativo homenaje a la mejor película venezolana expuesta al deleite sinfónico de Pablo Fierro –quien suscribe-, después de “Aventurera”, con guión de Cabrujas, brillantes actuaciones de: Verónica Cortés, Flavio Caballero, Toco Goméz, Jorge Canelón; los demás.

CUERPO 2

Digo después de Aventurera, aunque usted tenga referencias más abundantes en relación a mí, por precariedad prolífica de quehacer cinéfilo postmoderno (la idea es extrapolar a la nomenclatura del modernismo positivista) –en términos de filmografía nacional-; peeero: después de Aventurera –nombre impregnado de canto agustinlareano- con un ventajón sobre ésta un rato hiper largo, por no decir ultrawao a esta edad y con bigotes canosos. Sépanlo, éste film “El último cuerpo” que vi no hará más de cuatro horas -entré a las 7 de la noche más o menos-; no estoy jugando, -por favor si no va a tomar en estricta seriedad el exacto espíritu de este “postintroito”; agarre sus ojos y se va (saludos a Ernesto Sábato en El túnel)-, digo que es una vaina de hasta Oscar y todo; y mi aspiración es grande –aunque sospecho desproporcionadamente grande respecto a los productores que no sé porqué les encuentro cierto tufo a gente humilde y humanitaria-, porque se sube no sabe cómo al círculo de espera no de la estatuilla o mención honorífica para mejor película extranjera, sino que, mire no más, está sentada allaaaaaaaaaaaaaáaaaaaa arribooota, en la nube en que anda como a veinte mil metros de altura, creyéndose creyona, en un nivel jerárquico semejante a “La vida es bella” o cualquier otro Dios del Olimpo oscarniano tipo barbarazo; tú sabes, que hasta el queso que había en la mesa también se lo comió a la hora en que el jurado, dado el peliculón, de vainita y apartó uno que otro premiecito -que sé yo: miss fotogenia, película más popular, mejor efecto de sonido, premio consolación por lástima, para los otros participantes- y agenció sin más, para la susodicha –last body- leyes habilitantes de corito y todo en una tarima adyacente a la alfombra roja con Witney Houston y… los cuatro de Jackson será, para que el estribillo se goce libidinoso en el más repulsivo parto semántico del cerebro de Wilfrido, el Vargas, inserto jamás en alguno de sus merengues con guaguancó –agradezco se lea, para una comprensión más holística y eficaz, con afectación gutural -melódica incluida-: “acabó con toooooooooooo”; verga pa chocante, coño.

CUERPO 3

Muchachos, la vi.

CUERPO 4

Esa película es rara; sin cova.

CUERPO 5

De una les digo que no me interesó y por eso quedé flay ante el porqué el que mató mató y porqué tal, que era la novia de cuál “novia entre comillas” -digo si es que se puede llamar novia a un manganzón musculoso, tipo metrosexual y qué se yo- andaba en esos suburbios charqueros del anti corazón; o del corazón corazón bajo unos esquemas cuyos códigos no resultan compatibles en función de mi judeocristiano procesador. Mi novia, esa sí novia con todas las de la ley, se volvió mantequilla con el flaco, a quien no más comenzando vemos vestida y alborotada; pero armado de un carterón, como el Simón de Willy; pero también un pistolón, como el de Juanito Alimaña; y una frialdad más firme que militar militar para dejar patitieso al siguiente en su lista de encargos criminales; mas, claro, nadie es perfecto, ya verán en el cine porqué lo digo. Creo que paradójicamente lo que me desorientó en ese sentido fue algo que constituye en mi opinión un gran acierto por cuanto no concede mayores prerrogativas de monotonizarse, a un film sustentado sin timidez -más bien con maravilla- en lo literario-audible: el veterano manejo del tiempo.

CUERPO 6

Suelo bloquearme, cuando ando en actitud de interpretar, frente a esas intríngulis sangrientas que dominan la atmósfera barriobajera del ambiente; pero que asumo y le doy relevancia vital dentro de la intención discursiva anecdótica, como aquello para lo que sirve un sangrero, un policíero, y un malandrerio de esos que pueden cargar mientras realizan cualquier labor cotidiana, incluso altruista, según se vea, un balazo en un costado donde una sola mano tapa el hueco que la llena de púrpura, como quien carga viniendo de la bodeguita de la esquina un paquete de harina pan; por mandato de la vieja, de parto o de crianza; se detiene a joder un rato con los parroquia de la esquina, y les dice, ya enterado de lo básico: -dale, varón, nos vemos en el espejo, voy a casa a morirme un ratico y no me esperen porque no sé si vuelvo; ¡ey, carevómito!, salúdame a Yurlileisy; esa chama es burda e pana… sin cova.

CUERPO 7

Es demasiado calidad que “El último cuerpo” te eche zendo cuento poético de altura, atrapándote increscendo en un lirismo de acuosa esclerótica, que se desprende, marico, mire no más, de los ojos de Heriberto Camargo –William Goite-; su actuación; la del policía calvito pero repulsivo como el que más, quien lleva la carga de miserabilidad más sobresaliente –pienso yo-; la del otro policía, el que se bate a tiros en un supermercado, el tipo con dos mujeres, el francés, la chama disociada, conforman el potente concierto actoral que abrazado con mística al sobrenatural guión elevan last body –así la bautizo in english- a ese climax vergatario que me tiene aquí gozando un bolón entre teclazo y teclazo; na tan buena. Claro, no se enrrollen el chamo con remoquete rocolero y la chamita periodista que bueno pues, pa qué te digo, está lindísima y se yergue como una columna indispensable en la fortaleza expresiva del film; ella, dentro de lo que se le encomendó desde la dirección hizo exactamente lo que tenía que hacer; en ese sentido, tanto la dirección como la chama, merecen un gran aplauso; pero su rol, por cosas del destino no requería una proyección descollante a lo Lara Croft, para no robarse el show; sólo debía fungir, básicamente, para reafirmarnos que el mundo inmaduro o idiotizado puede ser un patuque de perlas intestinales horribles, pero que, vaya, no sólo de mierda vive el hombre; y vercia bro, te juro que me hubiera gustado ver un poquito más de lo que se vio en las escenas medio tensas en las que ella aparece bañándose; uno piensa “coño, qué vaina conmigo; la chama pasando por esa situación tan emotivamente fu, y yo con ganas de que los responsables de la toma, entre quienes la incluyo a ella misma, hubieran sido un poco más generosos en función de los que como yo se deleitan en serenidad, al ver o recordar la presencia de una estrella fugaz suave y cálida, con pezón que se intuye igualmente virtuoso en el suave colchón de los esteticismos añorantes de aquel abrazo; lógico uno está consciente de que lo que ve es ilusión; de ahí el desparpajo.

CUERPO 8

Sí, la piedra angular de esa madre película es el periodista maracucho Heriberto Camargo, que no se mete en más peos porque a veces tiene que escribir, sorber uno que otro trago o hartarse de empanadas; bueno, entiendo que la película se basa en hechos reales y es un homenaje a ese señor a quien llamaban –véanla para saber porqué- el poeta del crimen. Pero, más que él; quien realmente protagoniza esa vaina son los ojos del carajo, marico. Y más que los ojos, párenle bolas, es algo que no se ve en la película -y yo y que queeeéee-; bueno; lo que protagoniza esa película es el mundo interno, los sentimientos, las emociones, el corazón de ese fantasma que deambula ceniciento manipulando un arma, que no le cuadra, a todo lo largo del film; y ojo, no me refiero a su computadora de periodista, sino a un mocho revólver, dígame usted, que sorprendentemente usa con bastante pericia según el compromiso que se le presente. La computadora no; esa le cuadra a la perfección.

CUERPO 9

El loquito fotógrafo es un gran personaje, y relumbra, brilla en frecuentes oportunidades; sólo que obviamente tiene que como actor alejarse mucho de su ser real, dadas las características del ser alegórico, y en contados casos, cercanos al borde de mayor exigencia, digamos que al tope de la montaña que es lo que representa su rol, el vértigo de actor joven y quizás con una primera incursión en cine –no podría afirmarlo-, se desenfoca; es algo leve; al igual que ciertos devaneos sutiles al comienzo de la película, que tiene un ritmo increscendo, cómo no, pero no justificador de comienzos de secuencias algo infantiloides en términos de dirección; a la manera de cierta primera reunión en la morgue, donde varios policías esperan al protagonista, y se siente que la espera no corresponde al proceso argumental, sino acaso al sonido de la claqueta o al “luces, cámara, acción”; también es algo sutil, pero yo hubiera arrancado con la gente en actitud de espera como tenía que ser, pero con un policía entregándole un sobre a una secretaria; otro viendo la hora, en fin; buscando la naturalidad que sí se logró arrechamente en la estampida de gente hacia el exterior del supermercado cuando comienza la refiega; que dentro de un supermercado y destruyendo artículos alimenticios de consumo masivo sin precaución alguna, en empeño por sobrevivir, uno, y por aniquilar para ser libre, el otro, emite un simbolismo interesante, como muchos otros pasajes del relato, que todavía me tienen caviloso, y por lo cual, tengan por seguro volveré a verla en cuanto pueda; se aceptan invitaciones, je je.

CUERPO ÚLTIMO

Como venezolano, estoy orgulloso de esta película; sus detallitos son nada frente a la magnificencia en aciertos. No es rimbombante en efectos técnicos ni cosa similar, de lo cual no deploro; pero sí es satisfactorio cuando uno ve una película que atrapa al que sabe leerla, más por los detalles de profesionalismo actoral, manejo de cámara y planos; una visión universal del arte que no entiende la exaltación regionalista como una oscura puñalada que niega al resto del mundo (el sountrack, sobre todo al principio, es una nota, suena de pinga); una película que atrapa, decía, más por esas cosas, que por el profuso empleo de digamos bombas que estallan; naves extraterrestres que acaban con ciudades enteras; gorilas que se montan en los rascacielos más altos del primer mundo, y cosas por el estilo; de lo cual, insisto, no deploro, pero el sol, sabemos, no se puede tapar con un dedo; y en “El último cuerpo” brilla candente y caluroso; con calor maracucho. ¡Qué molleja, primo!

jueves, 12 de mayo de 2011



sábado, 7 de mayo de 2011

LUCHA DE HOY

Si la luz lucha con armas oscuras, pervive la tiniebla aguijoneada de luciérnagas… Mas si embiste sólo con sablazos de amor puro, la tiniebla se convierte en manantial, mariposa y estrella radiante de la mañana.

sábado, 30 de abril de 2011

DISCULPAS

Por razones intrascendentes creo que será el lunes cuando pueda volver a indexar -creo que se dice así- el artículo ARMAS DEL ALMA; digo esto sobre todo para mis amigos en Facebook, donde está anunciado tal como vigente. Mil disculpas

martes, 26 de abril de 2011

PARADOJA DEL HOMBRE SERIO Y EL PAYASO

Hace dos o tres años, con motivo de la presencia del Hombre Serio en el país se dio en el palacio de la Prepotencia, el Engreimiento y el Autoritarismo un evento que de manera altisonante atrajo la atención del mundo cultural ¿lo recuerdan? Bien, en cualquier caso no es relevante; ocurre que una de las frases que reseñaron los medios como lo más destacado del discurso del prestigioso visitante desde su alocución en el pedestal de honor, fue la siguiente: “los preceptos cristianos que atacan al Ser supersticioso, cabalístico, creyente en pava, mabita y otros puntales funestos de la anti fe, son basura”.


Pero lo extraordinario no es eso; sino que me cuentan que anoche ya tarde, en una de sus notas curiosas, CNN difundió información en el sentido de que apenas hace un mes fue cuando comenzó a reaccionar, al ofrecer una mirada de pocos amigos a un terapista despótico que apagó con brusquedad el CD que cantaba “Arruyo de Dios” con el timbre vibrátil y apagado de Libertad Lamarque, el payaso al que en aquel evento le comenzó, debido a la celebrada frase, el ataque de risa más largo registrado hasta ahora en los anales del carcajeo, hilaridad compulsiva, festejo del alma o como quieran llamarlo.


Pablo Fierro

miércoles, 13 de abril de 2011

COSAS A LAS QUÉ NOS LLAMA CRISTO

A: amar a Dios por sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos; a ser humildes; a ser mansos como palomas y astutos como serpientes; a esforzarnos y ser valientes; a ser pacientes; a perdonar; a amar; a tener gozo y contentamiento; a entrar en su lugar de reposo; a ir a él los que estemos cansados de nuestros trabajos y cargas porque él nos hará descansar; a no pagar mal con mal; a vencer con el bien el mal; a no ser hipócritas; a vencer con la fe el temor; a no juzgar; a ser amigo de Dios y no del mundo; a estar unido a él; a comer el pan de vida (leer la Biblia) y tener fe (tomar de su sangre) para permanecer unido a él; a dejar que los niños vayan a él; a tener una fe capaz de mover montañas; a no dudar del poder de Dios; a esperar confiado el momento de la cosecha de nuestra buena siembra; a sembrar la semilla de su palabra, sin interés luego en regarla, o recoger la cosecha; a predicar su palabra, porque la mies es mucha y los obreros son pocos; a alejarnos del pecado; a no buscar lo nuestro; a no ser avaro, ni jactancioso, ni glotón, ni egoísta, ni grosero; a tener esperanza, poder, aguante; a no temer a los que matan el cuerpo, sino a los que matan el espíritu; a ayudarlo a sanar no a los que están sanos, sino a los que están enfermos, porque esa es su misión en el mundo; a no creer que los caminos de Dios son anchos, sino angostos y difíciles –muy pocos, dice, los encuentran- a no preocuparnos por lo que vamos a comer, ni vestir, porque Dios, que es nuestro Padre y nos ama, y no nos daría una culebra cuando le pedimos un pan, está pendiente de nosotros, y si a las aves que no hilan, ni tejen él las viste con los colores y plumajes más hermosos que no hará por nosotros; a buscar PRIMERO el Reino de Dios y su justicia, porque lo demás vendrá, entonces, por añadidura; a no resistir el mal; a dejar que las cosas viejas pasen, y abrir los ojos a un nuevo amanecer con la mente centrada en lo que nos aleje de los que nos dañó, lo que nos dolió, lo que nos decepcionó; a estar siempre unido a él en oración, en adoración, en la ayuda al prójimo, en la visita al enfermo, al preso, al hambriento, al sediento; a ser perfectos como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto; a ser luz del mundo y sal de la tierra; a ser imitadores de él –por tanto a no aceptar honores que vengan de los hombres-; a reír con los que ríen, llorar con los que lloran; a ser luz del mundo y sal de la tierra porque la sal que deja de estar salada no sirve sino para que la boten a la calle; a levantar y no esconder nuestra luz cristiana, para que alumbre al máximo; a gritar desde las azoteas de las casas lo que él nos dice en secreto; a no creernos buenos, porque ni siquiera él mismo se catalogó a sí mismo como bueno –bueno sólo es el Padre que está en los cielos (dijo)-; a aceptarlo a él como nuestro Señor y Salvador para gozar de la gracia de Dios; a orarle al Padre con el Padre nuestro; a no hacer acepción de personas; a gozarse más por una oveja extraviada que vuelve al redil, que por las que ya están seguras dentro de éste; a saber que somos salvos por fe y no por obra, para que el que tiene obras no se crea mejor que el que no tiene –para que nadie se gloríe-, pero a estar conscientes de que la fe sin obras es muerta. A entender que su Reino no es de este mundo, pero también que su Reino ya está activo entre nosotros; a luchar incansablemente por el galardón que Dios preparó para nosotros desde el principio de los tiempos; a creer que lo que es imposible para el hombre, es posible para Dios. A entender que si no perdonamos a los demás, tampoco él nos perdonará a nosotros, porque no sería justo; a saber que tenemos que ser como niños; y mucho más…………………………………. Dios nos bendiga.
 
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