sábado, 30 de abril de 2011
DISCULPAS
martes, 26 de abril de 2011
PARADOJA DEL HOMBRE SERIO Y EL PAYASO
miércoles, 13 de abril de 2011
COSAS A LAS QUÉ NOS LLAMA CRISTO
jueves, 24 de marzo de 2011
Yo también me muero como viví
mas sube por otra parte, el tal es ladrón y robador.
Juan 10:1
Se convalida en Silvio Rodríguez de forma evidente, la sentencia que Afirma: “Dios no hace acepción de personas”; con la cual, entiendo queda establecido que no median características ni requisitos de ningún tipo en relación a la gente, para que el creador derrame sobre ésta, carismas, dádivas y bendiciones de todo tipo.
Silvio Rodríguez, el famoso cantautor cubano es ateo confeso, pero eso no obsta para que se le haya dado a administrar desde el cielo, según creo, un talento de calidad inobjetable; y no es otro que el don con el que deleita musicalmente, aunque no literariamente en todos los casos, desde mi apreciación personal, al mundo.
No literariamente porque aun cuando sus letras tienen el valor precioso de la sinceridad, yo hubiera querido que dicho personaje tan talentoso, estuviera jugando para el equipo de Cristo; sirviendo con su fusil de alma, a la labor de siembra que requiere el mundo para que se acerque más rápido el día en que lobos y corderos podamos morar juntos, sin traumas, de acuerdo a la profecía de Isaías.
No pretendo ni puedo pretender, en este texto juzgar, ni mucho menos condenar al autor e intérprete de temas tan hermosos como La canción del elegido y Te doy una canción, entre otras que se hicieron parte de mí al escucharlas desde niño en las voces de Soledad Bravo, Alfredo Sadel, Pablo Milanés y el mismo Silvio. Las formas agradables de la música, del juego de las tonalidades y los acordes, las cadencias melosas, sutiles o sublimes de las melodías, e incluso alegres o de ritmos pegajosos, pueden engancharlo a uno a canciones con cuyos mensajes ideológicos no tiene o no quiere tener uno nada que ver, como me ocurre también con la canción de Pastor López Golpe con golpe; absolutamente contradictoria de las recetas cristianas de amor y perdón que manda Dios, pero que dan picazón en los pies para que uno se anime a mover el esqueleto y/o los kilos en las pistas de baile de turno, e incluso a tararear letra por letra el “esa es la ley del amor que yo aprendí, que yo aprendí, que yo aprendí”, refiriéndose en dos platos a la ley del talión, enemiga a muerte del Padre nuestro.
La magistral obra de Rodríguez, Cita con Ángeles, da cuenta de un despliegue irónico monumental en el cual se puede entrever la moraleja atea, que presupone un ejército de ángeles de Dios absolutamente inútiles e impedidos de realizar su labor de guardia y custodia de personalidades históricas que murieron en diferentes épocas, bajo el fatalismo de las balas, de los cañones o de curiosas estratagemas suicidas como la del final del World Trade Center. Tan bueno el Arcángel Miguel pero, oh, no pudo evitar que Mark Chapman asesinara a John Lennon cuando éste regresaba del Record Plant Studio a la residencia donde vivía, el lunes 8 de noviembre de 1980.
Si la intención de este pilar del movimiento Nueva Trova surgido en los ochenta, era ofrecer un argumento a la gente desprevenida, como una forma de ganar adeptos para la causa atea al dejar en evidencia que los ángeles, de existir realmente, estaban incapacitados para preservar la parte física humana, el cuerpo, no tomó en cuenta, acaso por ignorancia, que tal aspecto del Ser humano, aunque es importante, no tiene desde el punto de vista de la fe cristiana una relevancia de primer orden. Lo que más interesa a Dios, de acuerdo a lo que se expresa en la fuente de conocimiento que nos lo revela (a él, Dios), la Biblia, es la integridad de nuestra alma; tal como podemos leer en Mateo 18:9: “Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; que mejor te es entrar con un ojo a la vida, que teniendo dos ojos ser echado al quemadero del fuego”.
Y el pasaje más sólido respecto a esto que planteo es el siguiente de Mateo 10,24-33: “No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo. ¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo. A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos”.
Las muertes que Silvio enumera como eventualidades que escaparon de las manos del ejército angélico de Dios, ocurrieron, de acuerdo al párrafo anterior sencillamente porque el creador lo permitió “ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre”.
En su desplante ateo –o cuando menos escéptico- “Yo me muero como viví”, Silvio Rodríguez antepone a una desafiante declaración de lo que pudiera yo mencionar como anti-fe, la frase “allá Dios que será divino”; lo que interpreto como el reflejo de un Ser absolutamente decidido a no cambiar ni un ápice de su personalidad en el sentido que propone el Señor Jesucristo, como vía para alcanzar la salvación.
He ahí una de las grandes diferencias entre un Silvio Rodríguez y Dios; éste, nuestro Padre celestial quien nunca diría: “Allá Silvio si elige su perdición”; no, Dios no quiere que ni una sola de sus ovejas se pierda, por eso siempre está a la puerta y llama. Y a ese llamado del Padre al arrepentimiento, a los que se desbarrancan desenfadadamente al pecado colectivo sólo por no perder su identidad gregaria, Rodríguez lo asume como un convite “a tanta mierda”.
Bueno, yo sí digo, henchido de fe en Jesucristo mi salvador, “Allá Silvio Rodríguez si no cree en Dios”, yo me muero como viví, asido de la túnica del Reino de paz, amor, verdad y tantas otras buenas dádivas que sólo el Reino de Dios puede ofrecer.
viernes, 29 de enero de 2010
LA NUBE EVOLUCIONISTA
“Les aseguro que si no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los cielos. El que se haga pequeño como este niño será el más grande en el Reino de los cielos” Mt 18, 1-4.
“Te alabo, Padre, porque escondiste estas cosas a los sabios y a entendidos, y las revelaste a los pequeños” Mt 11, 29.
“Teoría de la evolución: Teoría científica que trata acerca del hecho de la evolución biológica y de los mecanismos que la explican. La teoría de la evolución afirma que las especies se transforman a lo largo de sucesivas generaciones y que, en consecuencia, están emparentadas entre sí al descender de antepasados comunes”. (http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Teor%EDa_de_la_evoluci%F3n)
Cristo, quien abominaba el comportamiento hipócrita de los fariseos –integrantes de una casta religiosa de aquel tiempo- advierte: “Cuídense de la levadura de los fariseos, que dicen una cosa y hacen otra”. Y esta recomendación actualmente mantiene una vigencia indiscutible; sobre todo, por supuesto, para quienes gustan militar en la doctrina cristiana.
Y es que el fariseísmo, como es sabido, es un fenómeno social que muestra con frecuencia su rostro en los más inusitados recodos de nuestra actualidad. Es una práctica que en muchos casos se ejecuta inconscientemente –y hasta sin mala intención- y en otros se despliega con pleno conocimiento de causa, con malicia engañosa, hacia fines inconfesables.
El cristiano, de acuerdo a la advertencia de su líder máximo, debe estar “ojo avisor”, pilas, mosca, con quienes evidencien en su conducta la presencia de esa costumbre anómala. Y también, muy especialmente, si son ellos mismos quienes la ostentan. Porque el fariseísmo es un factor semiológico de gran peso a la hora de hacer un balance acerca de la credibilidad de una persona; debido a que dicho factor comulga con la mentira, y la persona mentirosa no es confiable; pudiera tener en momentos claves cartas bajo la manga “que nos hagan caer de la nube en que andemos como a veinte mil metros de altura”, como dice la canción.
La disyuntiva que plantean las diversas teorías acerca del origen del hombre, por ejemplo, suelen ser caldo de cultivo para probar la verticalidad de las personas en cuanto a la coherencia de tres variables determinantes en función de su integridad moral: pensamiento, palabra y acción, puntales dialécticas de lo que comenzamos a conocer no hace mucho como “Programación Neurolingüística”.
Porque tales teorías, generalmente contrapuestas, desafían nuestra posición ideológica al ubicarnos en la necesidad de definirnos, sin posibilidad de ambigüedades, a la luz de los postulados de la fe y también de los postulados de la ciencia.
Frente a los epígrafes cristianos que presiden este escrito, el creyente debería aceptar la Teoría Creacionista sin ambages; según esta, dijo Dios:
“Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza;…”. “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. Génesis 1: 26-27
“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”. Génesis 2:7
“Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre”. Génesis 2: 21-22
En mi opinión el cristiano que no crea en esta teoría difícilmente crea que Cristo nació por obra y gracia del Espíritu Santo; que en cosa de segundos curó a los ciegos con sólo un poco de barro; que Moisés abrió el mar en dos con sólo un golpe de vara; que Lázaro resucitó al nada más oír la voz de Jesús decir: “levántate y anda”; que los muros de Jericó se desplomaron por efecto del canto de una multitud; que sus enfermedades y problemas pueden solucionarse sin el uso de medicinas y operaciones –con tan sólo la intermediación de la fe- como fue el caso de los paralíticos, ciegos, mujeres con flujo de sangre, etc., a quienes Cristo dijo: “tu fe te ha salvado”.-; que el hijo de Dios caminó sobre las aguas y dio órdenes a las tormentas, las cuales le obedecieron…
Es cierto que el papa Juan Pablo Segundo en su momento dio un espaldarazo a la Teoría Evolucionista; no como propuesta que anula la Creacionista, sino bajo la óptica que se enuncia en el siguiente párrafo tomado de un artículo que recomiendo leer en Internet: “El Papa, tras reconocer los argumentos significativamente válidos del evolucionismo, señala insistentemente que se trata de una teoría, y delimita el valor epistemológico de toda teoría: una interpretación (no un hecho) homogénea de numerosos datos, que permite relacionarlos entre sí y darles una explicación. Toda teoría debe verificarse con nuevos datos y, en caso necesario, reformarse para ser mejor adaptada a la realidad. Además, en el caso del evolucionismo, a los datos procedentes de la observación se añaden ciertas nociones filosóficas, pretendiendo integrarlas en un conjunto unitario con la parte más científica (cfr. n. 4)". (http://www.conoze.com/doc.php?doc=727).
A mi modo de ver, un cristiano, católico, evangélico -u otros-, puede dudar de cualquier teoría relacionada con el origen de la vida, mas no de la Teoría Creacionista, debido a que la misma es fundamento de su propia ideología; una fe de semejantes características es un adefesio, un fenómeno de circo –como un perro con patas de jirafa-, un pájaro con las alas rotas… Para volar alto en el cielo del amor la fe en Cristo debe tener sus alas bien puestas.
No estoy señalando a nadie como fariseo, pero sí recordando el precepto cristiano que conmina a cuidarnos de la levadura de aquellos, ya que causa suspicacia el hecho de manifestar de boca una creencia, una doctrina, una filosofía, pero en la práctica o en las mismas palabras evidenciar contradicción; como en el caso de los que dicen, por ejemplo: “yo soy ateo, gracias a Dios”; “te juro por mis veinte haciendas, mis miles de cabezas de ganado, mis quintas en Miami, mi consorcio internacional, mis caballos en el hipódromo, mi blackberry, mis aviones y mis yates que soy pobre”; “Creo en Dios, lo malo es que no existe”; y así sucesivamente…